CUIDAR NO DEBE SIGNIFICAR RENUNCIAR

31111031066?profile=RESIZE_710xAyer participé en el evento "Sin cuidados no hay economía", en el Senado de la República, como experta en comunicación y marketing y fundadora de Retos Femeninos, convocado por la Dra. Gwendolyne Negrete, Presidenta de Mujeres Jefas de Familia, A.C.. donde compartí en la mesa "La qrquitectura económica de la igualdad", moderado por la Editora en jefe MIT Sloan Management Review México, Nayeli Meza Orozco, y queridas y admiradas amigas: Claudia Calvin, fundadora de Mujeres construyendo e Yvette Mucharraz y Cano, Directora del CIMAD IPADE. Buscamos que lo compartido tenga eco y pueda impulsar al Senado de la República para que considere este tema, vital para el liderazgo femenino y la economía de .nuestro país.

Un país que obliga a sus mujeres a elegir entre cuidar o progresar está renunciando, en los hechos, a una parte enorme de su talento, su productividad y su capacidad de innovación. Cada vez que una mujer deja de estudiar, rechaza un empleo o frena su desarrollo profesional para asumir sola las responsabilidades de cuidado, no sólo se limita su crecimiento individual, se debilita también el potencial económico del país. Porque cuando millones de mujeres no pueden participar plenamente en la educación, el trabajo y el liderazgo, la economía pierde fuerza, diversidad de pensamiento y competitividad. En cambio, cuando los cuidados se comparten, las mujeres pueden aportar todo su talento, y entonces el país no sólo crece más rápido, sino que crece mejor.

En México, miles de niñas y jóvenes abandonan sus estudios cada año para cuidar a alguien en su familia. No abandonan por falta de capacidad,,, abandonan por falta de opciones. Como el caso de Julieta, una joven que estaba a punto de terminar la universidad. Era brillante, comprometida y con un futuro prometedor. Pero su madre enfermó y en su casa no había recursos para pagar cuidados, ni una red que la apoyara. Y tomó la decisión que NO debería de existir: dejar la universidad para cuidar. No porque quisiera renunciar a sus sueños, sino porque el sistema asumió que era su responsabilidad. Hoy cuida todos los días… pero su futuro quedó en pausa. Como el de miles de mujeres en este país.

Miles de mujeres renuncian a oportunidades laborales. Miles más frenan su desarrollo profesional. Porque las mujeres dedican más del doble de horas que los hombres al cuidado y ese tiempo no es neutro: es tiempo que no pueden usar para trabajar y crecer.

No porque no tengan talento. No porque no tengan aspiraciones. Sino porque alguien tiene que cuidar. Cuidar a un hijo. Cuidar a un adulto mayor. Cuidar a una persona enferma. Cuidar a un familiar con discapacidad. Y casi siempre… ese alguien es una mujer.

Lo hacen sin reconocimiento, sin compensación económica y muchas veces renunciando a su propio futuro. Y la que tiene que trabajar y cuidar pone en riesgo su salud física y mental, por esa doble jornada que la drena cada día.

Hoy sabemos que la economía de los cuidados sostiene silenciosamente a nuestra sociedad. Sin ese trabajo invisible, muchas familias simplemente no podrían funcionar.

Lo injusto es que el sistema descansa desproporcionadamente sobre los hombros de las mujeres. Y esa realidad tiene consecuencias profundas. Significa menos mujeres estudiando. Menos mujeres emprendiendo. Menos mujeres en posiciones de liderazgo. Menos mujeres participando plenamente en la economía.

Y cuando las mujeres no pueden participar plenamente en la economía, el país crece menos. Esto no es sólo un tema social. No es sólo un tema de justicia. Es una necesidad que requiere la atención pública y de la sociedad en general. Detrás de cada cifra hay una historia. Y detrás de cada historia, un sueño en pausa.  Cuidar no debe significar renunciar.

Las mujeres sostienen los cuidados y es momento de que el país las sostenga a ellas.

Es muy importante crear una campaña de concientización sobre los cuidados. Durante generaciones hemos asumido que cuidar es una responsabilidad natural de las mujeres.

Pero los cuidados no son un destino femenino. Los cuidados son una responsabilidad social. Necesitamos empezar a cambiar esa conversación. Necesitamos visibilizar el enorme valor económico y social del trabajo de cuidados.

Necesitamos promover una cultura donde los cuidados se compartan: en las familias, en las comunidades, en las instituciones y también en las políticas públicas.

Porque si no transformamos la mentalidad, ninguna política será suficiente. Las campañas de concientización tienen un enorme poder para transformar realidades. Han cambiado la forma en que vemos el tabaco, la seguridad vial, el machismo, la violencia y muchos otros temas que antes parecían inevitables.

Hoy necesitamos una campaña que haga visible lo invisible. Una campaña que nos recuerde que cuidar no debe significar renunciar a los sueños. Una campaña que ayude a construir una sociedad donde el cuidado sea compartido y donde las mujeres no tengan que pagar con su autonomía el amor que entregan a sus familias.

Y cuando millones de mujeres pueden estudiar, trabajar, emprender y liderar, toda la sociedad avanza. No podemos seguir construyendo el progreso del país sobre el sacrificio silencioso de las mujeres.

No podemos seguir normalizando que una niña abandone sus estudios porque alguien necesita cuidado.

No podemos seguir aceptando que el futuro de tantas mujeres quede en pausa. México necesita el talento, la inteligencia y la energía de todas sus mujeres. Porque cuando una mujer tiene autonomía, su familia progresa. Cuando muchas mujeres progresan, la economía crece.

Y cuando una sociedad aprende a cuidar mejor, también aprende a prosperar mejor.

Hoy la pregunta no es si debemos atender este tema.

La pregunta es mucho más profunda. ¿Podemos seguir permitiendo que millones de mujeres sacrifiquen su futuro para sostener, solas, el sistema de cuidados del país? Estoy convencida de que la respuesta es no. Porque un país que cuida a quienes cuidan, es un país que construye un futuro más justo, más fuerte y más próspero para todos.

Debemos de centrarnos en una frase que “agarre calle”. En los noventas hice la campaña “Que no te vean la cara de What” para una escuela de idiomas y la frase llegó para quedarse. Así debemos trabajar una frase que entre en el corazón y la mente de la ciudadanía y el gobierno, porque CUIDAR NO DEBE SIGNIFICAR RENUNCIAR.

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