El sobrepeso y la obesidad, además de causar afectación a la salud física, también se presenta en el ámbito emocional, por lo que su atención debe ser integral
La obesidad y el sobrepeso son dos problemas de salud graves que registran crecimiento considerable en México y el mundo. Los malos hábitos alimenticios y el sedentarismo influyen de manera considerable para que la persona presente alguno de estos padecimientos.
Cada vez es más común observar a niñas, niños y adolescentes tener un peso mayor al que deberían. El uso prolongado de aparatos electrónicos es también uno de los componentes que ocasiona permanecer por más tiempo sentado, ingerir alimentos y además no hacer ejercicio.
La emergencia sanitaria obligó a miles de personas a efectuar el llamado home office, por lo que ahora el número de horas frente a la computadora es considerable.
El sobrepeso y la obesidad, además de causar afectación a la salud física, también se presenta en el ámbito emocional, por lo que su atención debe ser integral. No obstante, siempre será mejor prevenir.
¿Todo lo que se dice es cierto?
En la actualidad existen mitos y diversas opiniones en torno a cómo llevar una alimentación balanceada, a fin de evitar el sobrepeso y la obesidad; sin embargo, no todo lo que se dice en revistas o páginas on line es verdad.
Según información de la Secretaría de Salud, se pensaba que ingerir alimentos entre comidas contribuía a aumentar de peso, pero se comprobó que ayuda a mantenerlo de manera adecuada, siempre y cuando la alimentación sea nutritiva, variada y balanceada; de esta manera el metabolismo se activa, la regulación de glucosa en la sangre y es un aporte de nutrientes y energía.
También se considera que el uso de laxantes y diuréticos ayuda a adelgazar, pero promueven la producción y secreción de orina, así como evacuación de heces; por lo que en ambos casos hay pérdida de líquidos, lo que causa deshidratación, mas no pérdida de masa corporal o grasa.
Hay quienes consideran que saltarse las comidas o hacer ayunos prolongados ayudará a bajar de peso; no obstante, cuanto más tiempo transcurra entre una comida y otra el riesgo de aumentar de peso es mayor porque el cuerpo agota la energía proveniente del azúcar, por ejemplo, y consume grasa; esa reserva se debe cubrir nuevamente. Por lo que la sensación de hambre hará que se coma en mayor cantidad y rápido.
Además, se creyó que mientras más sobrepeso u obesidad tenía una persona, tendría el mismo estado de ánimo que alguien sin estos padecimientos; sin embargo, se ha visto cierta relación entre el peso aumentado con trastornos alimenticios, ansiedad y trastornos de la personalidad.
El papel que juega la psicología
“La relación entre las emociones y la sobreingesta tiene que ver con que las personas la asimilan como una estrategia para regular sus afectos, tanto positivos como negativos; alguien que se siente triste puede recurrir a la sobreingesta para disminuir la tristeza o cuando hay que celebrar algo se hace a través de una comida que a veces no siempre está bien balanceada”, asevera José Alfredo Contreras Valdez, profesor de la Facultad de Psicología (FP) de la UNAM.
Además, si la persona, después de tener un “atracón de comida” desarrolla pensamientos disfuncionales, es altamente probable que se deba trabajar en reformar el pensamiento, porque ayuda a disminuir la intensidad de pensamientos no funcionales y a desarrollar otros más adaptados a la realidad que vive.
“La obesidad y el sobrepeso difieren de los trastornos alimentarios, como bulimia y anorexia; en tanto que las primeras son condiciones físicas cuyo origen es multifactorial, mientras que en las segundas la afección central es psicológico; es decir, comportamental. Ambos problemas pueden ser tratados a partir de la psicología para ayudar a la gente a salir más rápido de su problema”, agrega.
Un aspecto fundamental que sugiere es evitar la comida como premio o castigo, ya que el vínculo entre emociones y alimento se hace desde casa en edades tempranas y se esfuerza constantemente en la sociedad; inclusive no incurrir en burlas, comentarios peyorativos o colocar apodos a las personas con sobrepeso u obesidad, ya que no se sabe de qué manera o a qué grado llegan a afectarles.
“Lo que hallamos en estudios con niños con sobrepeso u obesidad es que existe una insatisfacción corporal; sabemos que, desde edades tempranas, no están a gusto con la condición que presentan, pero a esa edad aún no les afecta significativamente en lo emocional, lo que no quiere decir que no exista un estigma con apodos o rechazo por su condición”, argumenta Contreras.
Y agrega: Ya en la adolescencia inicial comienza a observarse un vínculo fuerte entre el sobrepeso y la obesidad con las emociones, que incrementa también por la misma insatisfacción corporal. Por lo que la infancia es un buen momento para hacer visible este tipo de prácticas en la sociedad y retirarlas, pues afecta a una persona conforme pasa el tiempo.
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