¿Poner límites? Si me cuesta trabajo cuidarme…

El problema no siempre es decir "no". A veces es haber aprendido a decirles "sí" a todos, menos a uno mismo.

Hay personas que pasan años preguntándose por qué les cuesta tanto poner límites.

La respuesta casi nunca está en la falta de carácter.

Generalmente está en la forma en que aprendieron a relacionarse con los demás.

Porque quien tiene dificultad para poner límites rara vez empieza diciendo que sí cuando quiere decir que no.

Empieza mucho antes.

Empieza cuando se acostumbra a entender antes de expresar lo que siente.

A justificar antes de reconocer que algo le duele.

A cuidar antes de preguntarse si también está siendo cuidado.

Con el tiempo, esa forma de relacionarse deja de sentirse extraña y se convierte en una costumbre.

Una costumbre que hace creer que amar es aguantar.

Que comprender significa justificar.

Y que cuidar de uno mismo es una forma de egoísmo.

El problema nunca fue no saber poner límites.

El problema fue haber aprendido que el amor se demostraba soportando más de lo que hacía bien.

Por eso poner límites no consiste en alejarse de las personas, pelear o demostrar fortaleza.

Tampoco significa levantar la voz o convertirse en alguien frío para que los demás entiendan el mensaje.

Un límite sano nace mucho antes de pronunciar una palabra.

Nace cuando una persona entiende que cuidar su paz también es su responsabilidad.

El primer impulso casi nunca es poner un límite.

Primero se intenta entender.

Después justificar.

Después ayudar.

Después reparar.

Después esperar.

Y cuando finalmente aparece la idea de poner un límite, muchas veces ya pasaron meses, o incluso años, dejando de lado las propias necesidades.

Ese es el verdadero problema.

No se trata únicamente de aprender a decir "no".

Se trata de dejar de decirse:

"Todavía puedo aguantar un poco más."

Porque cada vez que una persona ignora lo que siente para conservar una relación, una parte de sí misma queda en segundo lugar.

Y eso también tiene consecuencias.

Llega un momento en que ya no sabe si el cansancio que siente viene de la relación o de todo lo que ha tenido que callar para sostenerla.

Tal vez por eso la pregunta más importante no sea:

¿Cómo aprendo a poner límites?

Sino:

¿En qué momento dejé de asumir la responsabilidad de cuidarme?

Porque un límite no existe para cambiar al otro.

Existe para que una persona deje de perderse a sí misma.

 

Ingrediente de la semana

Autocuidado

El autocuidado no empieza cuando tienes tiempo para descansar, viajar o consentirte.

Empieza cuando dejas de ignorar aquello que sientes para evitar un conflicto.

Cuando reconoces que tus emociones necesitan ser escuchadas y entendemos que cuidar de ti no es abandonar a los demás.

Es dejar de abandonarte a ti.

Aprender a cuidarte no siempre significa hacer más por ti.

Muchas veces significa dejar de hacer aquello que constantemente te lastima.

También significa aprender a distinguir entre comprender a los demás y justificar aquello que pone en riesgo tu paz.

El primer límite que una persona necesita aprender a poner no siempre es hacia los demás.

Con frecuencia es hacia el hábito de olvidarse de sí misma.

 

Afirmación de la semana

Hoy escucho con honestidad lo que siento y dejo de justificar aquello que me lastima. Asumo la responsabilidad de cuidar mi paz con la misma dedicación con la que durante tanto tiempo he cuidado a los demás. Tengo el valor de actuar con claridad, respetar mis límites y construir relaciones donde exista respeto, reciprocidad y confianza.

 

Frase de la semana

Los límites no empiezan cuando dices "no". Empiezan cuando decides dejar de abandonarte.

© Becky Krinsky | Recetas para la Vida

 

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