EL MIEDO A ENFRENTARSE A LA REALIDAD QUE NO SE QUIERE VER

31092139678?profile=RESIZE_710xCuándo Quieres Ayuda… Pero No Tanto

Hay momentos en los que dices que quieres ayuda, pero en el fondo no estás listo para recibirla.

Sabes que algo no está bien.
Sabes qué necesitas orientación.

 Sabes que solo no estás pudiendo.

Pero escuchar lo que incomoda desestabiliza. Y la estabilidad, aunque sea frágil, da una sensación de control.

Recibir ayuda implica algo que asusta: reconocer que tú también participas en el problema.
Y eso toca el ego, la identidad, la narrativa que te has contado durante años.

Entonces la mente hace lo suyo: fabrica salidas elegantes para no entrar al fondo.

Se ve así:

  • Hablar solo con personas que validan tu versión.
  • Negar que eres parte del conflicto.
  • Cambiar de terapeuta porque “no conecta”.
  • Buscar defectos en quien intenta ayudarte: no está preparado, no entiende, no es suficientemente empático.
  • Asegurar que la incompatibilidad de personalidad impide cualquier avance.
  • Hacer citas, llegar tarde, cancelar por “imprevistos”.
  •  Pedir ayuda… pero pelear con todo lo que escuchas.
  • No tengo dinero para ir a terapia.
  • Repetir: “No me entiende”.

Nada de esto es casualidad. Es defensa.

La Raíz Del Miedo

Cuando pedimos ayuda pero no la recibimos, estamos frente a un conflicto interno profundo.

Miedo a cambiar: Vergüenza - soy malo, yo falle, etc..

Miedo a aceptar fallas propias:  Ansiedad y vergüenza de sentirse defectuoso.

Miedo a cambiar: Duelo, hacer el luto por la versión pasada de uno mismo y la comodidad de lo familiar.

 Miedo a dejar de ser la víctima, el incomprendido, el que siempre tiene la razón: Desamparo y miedo a asumir responsabilidad total de la propia vida sin la protección de la narrativa de víctima.

Aceptar la realidad y ver la verdad implica soltar algo que nos sostiene: una historia que te protege, una justificación que te calma, una versión de ti que te da coherencia. 

¿Qué parte de mí tendría que soltar para poder escuchar lo que me duele?

El Costo De La Evasión

Evadir da alivio inmediato.
Pero a largo plazo cobra intereses.

La paz que creías proteger empieza a deteriorarse.

 El conflicto no desaparece: se desplaza.
Contamina relaciones, trabajo, decisiones y salud emocional.

No recibir ayuda también es una decisión.
Es elegir que el problema permanezca.

El miedo se disfraza de crítica, de superioridad moral, de desconfianza.

 “Los demás están mal.” “Yo ya lo he intentado todo.”

La resistencia siempre apunta hacia afuera.
La transformación siempre empieza hacia adentro.

Hasta que no estés dispuesto a soltar las defensas y dejar de proteger la historia que te cuentas, no podrás ver las posibilidades que se abren cuando asumes tu parte.

Mientras sigas defendiendo tu versión, seguirás limitando tu crecimiento.

La pregunta no es si quieres ayuda. La pregunta es si estás dispuesto a soltar la historia que te protege pero te estanca y no te deja sanar.

Porque mientras la sigas defendiendo, no estás buscando sanar. Estás buscando tener razón.

Y tener razón nunca ha sido lo mismo que crecer.

Afirmación Personal

Hoy decido soltar mis defensas y mi resistencia. Tengo el valor de escuchar y la disposición de comprender lo que cargo y me lastima.Reconozco que no necesito cambiarlo todo de inmediato, pero sé que al escuchar con honestidad ya estoy dando el primer paso.Elijo construir una nueva narrativa que me fortalezca y me permita dejar de tropezar con las mismas piedras que sigo colocando. Con miedo, con incomodidad y con verdad, me dejo ayudar.
Me dejo ayudar porque crecer duele, pero estancarme duele más.

Ingrediente De La Semana: Da Un Paso Hacia Adelante

Dar un paso hacia adelante es decidir dejar de proteger lo que te duele.

Es asumir tu parte, soltar la narrativa que te limita y reconstruirte desde lo que sí te fortalece.

No es negar el pasado.
Es dejar de usarlo como excusa para no cambiar.

Avanzar no borra lo que pasó.
Pero transforma la persona que eliges ser a partir de hoy.

Aplicación Práctica

Atrévete a escuchar a quien realmente quiere ayudarte, sin interrumpir, sin justificarte, sin defenderte.

Ve a esa cita que has estado posponiendo.
Llega a tiempo.
Quédate hasta el final.

Deja de repetir que “todo está bien” cuando sabes que no lo está.

Hazte una pregunta incómoda:
¿Qué me duele realmente y por qué me cuesta tanto admitirlo?

No necesitas resolverlo todo hoy.
Pero sí necesitas dejar de huir.

Ese es el primer paso hacia adelante.

“La ayuda no te cambia la vida.
La decisión de dejar de defender tu historia, sí".

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