Pensando en qué es lo que más satisfacción me deja en la vida, estoy convencida de que ayudar a otras personas a encontrar su mejor versión es lo principal. Compartir lo que a mí me ha servido en el camino no pretende ser una regla fija, pero si logra acortar el proceso de alguien más, la meta está cumplida.
Siempre he creído que con una actitud positiva se logran muchas más cosas que instalándonos en la queja o en el pesimismo. Durante años, al leer historias de mujeres y profesionales admirables que cambiaron el rumbo de su vida para dedicarse a lo que amaban, solía pensar: “Qué increíble, pero claro, están en el entorno ideal donde todo se les facilita”. Hasta que un día entendí que no es el lugar donde estás ni la gente que te rodea: eres tú quien decide si insistes o te rindes.
El camino nunca es en línea recta. Hay tropiezos, momentos de duda y giros inesperados. Pero cuando tienes un sueño, lo ordenas con paciencia y te comprometes con disciplina, las cosas empiezan a suceder.
La niña que no sabía de imposibles
Cuando era pequeña, convocaron a audiciones para formar el coro del colegio. Mi primer impulso fue de pura emoción; jamás pasó por mi mente preguntarme si cantaba bien o si era entonada (hoy, con toda sinceridad, jamás haría una audición de canto).
Fui a la prueba y, por supuesto, lo hice fatal. No me seleccionaron. Pero como en mi mente infantil la palabra "rechazo" no existía, toqué la puerta del salón de música todos los días en el recreo para preguntarle a la maestra si ya había un lugar para mí. Insistí tanto que un día me dijo: “Está bien, pasa”.
Esa insistencia me abrió la puerta. No porque de pronto afinara de maravilla, sino porque mi determinación fue más grande que la negativa inicial.
El peligro de la zona de confort en la vida adulta
Con los años y la madurez, nos volvemos hiperconscientes de nuestras fallas. Empezamos a dudar, nos da pena el qué dirán y, muchas veces, nosotras mismas nos cerramos las puertas antes de que alguien más lo haga.
Nos instalamos en la zona de confort: un lugar seguro donde nada duele, pero donde tampoco nada nuevo florece. Nos convencemos de que “así estamos bien” o de que “ya es muy tarde para empezar”.
Hoy quiero invitarte a hacer una pausa y reflexionar con honestidad:
- ¿Estás cómoda en tu rutina o estás desarrollando todo el potencial que llevas dentro?
- ¿Qué proyectos o sueños dejaste guardados por miedo a equivocarte?
- Si una puerta se cerró en el pasado, ¿te aseguraste de buscar otras formas de tocarla?
Cuando una puerta se cierra, no significa que el camino terminó; significa que hay que ajustar la estrategia, sacudirse el polvo y volver a intentar con una sonrisa. Cambia el “es muy difícil” por el “voy a descubrir cómo lograrlo”. Cree en tu valor, contagia tu energía y atrévete a dar ese paso que vienes postergando.
¿Qué puerta vas a volver a tocar esta semana?
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