LA PRESENCIA ACTIVA DE UN PADRE TRANSFORMA VIDAS

31179033075?profile=RESIZE_710xVivimos en una época en la que hablamos de igualdad, pero la realidad dentro de muchos hogares sigue siendo muy distinta. Mientras millones de mujeres estudian, trabajan, emprenden y buscan crecer profesionalmente, siguen cargando con la mayor parte de las tareas domésticas y de cuidado de hijos, adultos mayores y familiares.

La pregunta es inevitable: ¿cómo lograr que los hombres asuman realmente su responsabilidad dentro de la familia?

Y la respuesta comienza por entender algo fundamental: los cuidados no son una ayuda, son una responsabilidad compartida.

Durante décadas se educó a las mujeres para cuidar y a los hombres para proveer. Sin embargo, la realidad actual exige un nuevo modelo familiar donde ambos participen en la generación de ingresos, pero también en la construcción del bienestar del hogar.

Los datos son contundentes. De acuerdo con el INEGI, el trabajo doméstico y de cuidados no remunerado representa casi el 24% del Producto Interno Bruto de México. Es decir, si todas esas actividades se pagaran, tendrían un valor económico cercano a los 8 billones de pesos al año. Además, las mujeres aportan más del 70% de ese trabajo no remunerado.  

Pensemos por un momento en lo que esto significa.

Millones de mujeres trabajan dos jornadas: una remunerada y otra invisible. Llegan de la oficina para continuar con la limpieza, la alimentación, las tareas escolares, las citas médicas y el cuidado emocional de la familia.

Mientras tanto, muchos hombres siguen considerando que participar en estas actividades es una ayuda ocasional y no una obligación cotidiana.

Pero cuando los hombres se involucran activamente en los cuidados, los beneficios son enormes.

Los hijos desarrollan una visión más equilibrada de las relaciones. Las parejas reducen tensiones y conflictos. Las mujeres tienen mayores oportunidades para estudiar, emprender, ocupar puestos de liderazgo y generar ingresos.

Y lo más interesante es que también gana el país.

Diversos estudios señalan que una mayor integración económica de las mujeres podría incrementar significativamente el Producto Interno Bruto de México. El Instituto Mexicano para la Competitividad estima que cerrar las brechas de participación económica femenina podría elevar el PIB hasta en un 15%.  

Imaginemos por un momento el impacto.

Más mujeres trabajando y emprendiendo.
Más ingresos para las familias.
Más consumo.
Más innovación.
Más crecimiento económico.

Pero para que eso ocurra, alguien tiene que compartir las responsabilidades que hoy recaen principalmente sobre ellas.

La corresponsabilidad no consiste en “ayudarle a la esposa”. Consiste en reconocer que el hogar es un proyecto común.

Un hombre corresponsable participa en la educación de sus hijos, conoce sus necesidades, organiza actividades, prepara alimentos, acompaña procesos escolares y cuida a los adultos mayores cuando es necesario.

No lo hace para recibir reconocimiento.
Lo hace porque entiende que la familia es una construcción colectiva.

Y aquí hay un punto clave: el cambio no ocurrirá únicamente mediante leyes o políticas públicas.

Comienza en casa. Cuando los padres enseñan a sus hijos varones a tender su cama, preparar alimentos, limpiar sus espacios y cuidar a otros, están formando hombres capaces de construir relaciones más equilibradas.

Cuando las madres dejan de asumir que todo les corresponde, también abren espacio para una distribución más justa.

Y cuando las parejas conversan sobre responsabilidades, horarios y expectativas, dejan de vivir bajo modelos heredados y comienzan a construir acuerdos conscientes.

La gran transformación que México necesita no está solamente en las empresas, en los gobiernos o en las escuelas.

Está en millones de hogares donde todavía se piensa que cuidar es una tarea femenina.

Porque cuando un hombre comparte los cuidados, no solamente libera tiempo para una mujer.

Libera talento. Libera oportunidades. Libera liderazgo.

Y cuando las mujeres pueden desarrollar plenamente su potencial, gana la familia, gana la comunidad y gana todo un país.

Tal vez la verdadera pregunta ya no sea si los hombres deben involucrarse más.

La pregunta es cuánto talento, cuánto bienestar y cuánto crecimiento económico estamos perdiendo mientras seguimos creyendo que los cuidados son responsabilidad exclusiva de las mujeres.

Y antes de concluir, quiero aprovechar que este mes celebramos el Día del Padre para reconocer a todos esos hombres que ya están construyendo una nueva forma de ejercer la paternidad.

Hombres que entienden que cuidar no los hace menos fuertes, sino más humanos.

Padres que acompañan las tareas escolares, que escuchan, que abrazan, que están presentes en los momentos importantes y también en los cotidianos.

Porque la presencia activa de un padre transforma vidas.

Diversos estudios han demostrado que los hijos que crecen con padres involucrados desarrollan mayor autoestima, tienen mejores habilidades sociales, un mejor desempeño académico y presentan menor riesgo de involucrarse en conductas de riesgo como las adicciones o la violencia.

Pero además, estos hombres están dejando una huella profunda en la siguiente generación. Están enseñando a sus hijos que el amor también se demuestra cuidando. Están enseñando a sus hijas que merecen relaciones basadas en el respeto, la colaboración y la igualdad.

Ellos son parte de una nueva masculinidad: una masculinidad que no mide su valor por cuánto domina, sino por cuánto aporta; que no se construye desde el poder, sino desde la corresponsabilidad.

Por eso, en este mes del Padre, nuestro reconocimiento para quienes han decidido involucrarse, compartir responsabilidades y convertirse en verdaderos compañeros de vida y de familia.

Porque cuando un hombre participa en los cuidados, no pierde libertad ni autoridad.

Gana una familia más unida. Gana una relación más sólida. Gana hijos más seguros y felices.

Y juntos, hombres y mujeres, construimos un México más fuerte, más justo y con mayores oportunidades para todos.

¡Feliz Día del Padre a todos aquellos hombres que han hecho del cuidado, la presencia y el amor una forma de liderazgo!

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