RICARDO GONZÁLEZ ESCOBAR

MARZO 13, 2026

En los grandes relatos del deporte, del éxito empresarial o de la vida familiar, con frecuencia los protagonistas visibles acaparan la atención: el atleta que sube al podio, el líder que da la conferencia o la figura pública que recibe los aplausos. Sin embargo, existe un conjunto de personas que sostienen el valor real de esas experiencias desde un lugar discretamente anónimo. Este fenómeno se hace palpable en la historia de Jordan Cowan, ex patinador artístico y en días pasados colaboró como  camarógrafo de Olympic Broadcasting Services (OBS) durante los Juegos Olímpicos de Invierno Milano-Cortina 2026. 

Cowan no es un narrador desde la tribuna ni un comentarista en cabina. Su misión ha sido pionera en la historia olímpica del patinaje artístico, lo que realiza es patinar sobre el hielo con un equipo de cámara que él mismo ha diseñado, utilizando un gimbal estabilizado que le permite captar momentos íntimos, emociones crudas de triunfo y fracaso justo en el momento en que se esta llevando a cabo la competencia y obviamente atrapa las reacciones después de cada programa. Este enfoque revela expresiones humanas que tradicionalmente quedaban fuera de la narrativa televisiva convencional. 

Al verlo deslizarse con su cámara, a menudo de espaldas a la acción para grabar la salida de los competidores inmediatamente después de sus ejecuciones, queda claro que su trabajo no es un simple complemento técnico: es una narrativa en sí misma. Cowan dice que su función es permitir al público “sentir las emociones y vivencias de los atletas”, porque esos segundos que siguen al momento de máximo esfuerzo contienen historias de resiliencia y humanidad que de otro modo hubieran permanecido invisibles. 

Esta experiencia olímpica evidenciada por Cowan invita a reflexionar: ¿cuántos individuos dentro de una familia o emprendimiento ejecutan labores fundamentales sin recibir reconocimiento público? En estos ámbitos, existen mujeres cuyo aporte es esencial para la operación y los resultados, pero su trabajo pocas veces es visible para aquellos que conviven en sus propios negocios o empleos. En el entorno familiar, roles como el cuidado, la organización y la estabilidad emocional suelen recaer en aquellas mujeres que tal vez no buscan protagonismo público, aun cuando su impacto es profundo.

La labor de Cowan nos enseña que la visibilidad no siempre es sinónimo de valor, y que reconocer la contribución de quienes operan en el trasfondo es un acto de justicia y de inteligencia colectiva. El deporte, las familias, los emprendimientos y la vida cotidiana funcionan gracias a un engranaje de esfuerzos, muchos de los cuales permanecen lejos de los reflectores.

Por eso es necesario, más allá de celebrar los logros evidentes, valorar a quienes desde un lugar poco visible a los ojos de los demás, sostienen las historias que contamos, las empresas que operamos y las familias que construimos. Así, la historia completa cobra sentido.

Y mi propósito con este mensaje es agradecerles a todas aquellas, que están al frente de los hogares, a las que llevan la carga de las familias, emprendedoras y profesionistas, deseo reconocerles y honrarles por todo su esfuerzo y labor constante, en todos los ámbitos de su vida, apreciamos su contribución, gracias.

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