Desde muy joven descubrí que quería trabajar en publicidad.
No fue una decisión que todos entendieran. Para mi papá era prácticamente impensable que su hija entrara a ese medio. La publicidad era un mundo que él no imaginaba para mí.
Pero yo sí lo imaginaba. Y, más que imaginarlo, lo deseaba profundamente.
Cuando tenía casi 18 años tuve la oportunidad de entrar a McCann. Recuerdo la emoción que sentía. Para mí, estar dentro de una agencia de publicidad era como haber entrado al lugar donde quería construir mi vida profesional. Y esa emoción se convirtió en pasión.
Mientras algunas personas evitaban las tareas que les daban flojera, yo las aceptaba. Si había algo que nadie quería hacer, yo estaba dispuesta a hacerlo. No porque me gustara trabajar más que a los demás, sino porque entendía que cada tarea era una oportunidad para aprender. Así aprendí muchísimo sobre producción junto a un grande: Pancho Reyes.
Hoy entiendo que muchas veces el aprendizaje más valioso se encuentra precisamente en aquello que otros consideran aburrido, difícil o poco importante.
Después entré a Arouesty & Asociados. Ahí tuve la fortuna de aprender de Carlos Arouesty, uno de los grandes creativos de México. Y algo que había aprendido en producción comenzó a darme una ventaja.
Muchas de las cosas que otras personas dentro de la agencia no sabían hacer, yo ya las había aprendido. La experiencia que había acumulado haciendo aquello que otros preferían evitar me permitió asumir responsabilidades cada vez mayores.
Pero también había algo más: no tenía miedo de equivocarme. Si no sabía cómo hacer algo, preguntaba. Y si todavía no entendía, volvía a preguntar. Y si era necesario, preguntaba una tercera vez. No me preocupaba que alguien pensara que no sabía. Me preocupaba no aprender. Esa diferencia cambió mi vida.
Para cuando tenía 22 años ya era directora de cuentas y manejaba cuentas que teníamos en conjunto con una agencia de Nueva York.
Cuando hoy miro hacia atrás, me doy cuenta de que crecí profesionalmente a una velocidad que difícilmente muchas personas logran. Pero no fue magia. No fue suerte. Fue pasión convertida en hechos. Fue aceptar los trabajos que otros rechazaban. Fue llegar con la disposición de aprender. Fue atreverse a preguntar. Fue equivocarme y volver a intentarlo. Fue aprovechar cada oportunidad como si fuera una clase.
Con los años comprendí que muchas personas dicen que tienen pasión por lo que hacen. Pero la pasión verdadera se reconoce fácilmente. Se nota en lo que estás dispuesta a hacer cuando nadie te obliga. Se nota en las tareas que aceptas cuando otros buscan evitarlas. Se nota en las horas que dedicas a aprender algo que todavía no dominas. Se nota en la manera en que enfrentas los obstáculos.
Porque decir que algo te apasiona es fácil. Lo difícil es demostrarlo todos los días.
En el liderazgo sucede exactamente lo mismo. Una persona puede decir que quiere crecer, pero la pregunta es: ¿qué está dispuesta a aprender? Puede decir que quiere una oportunidad, pero: ¿qué está haciendo para estar preparada cuando llegue? Puede decir que quiere dirigir, pero: ¿está dispuesta a asumir responsabilidades cuando las cosas se complican?
La pasión no es solamente emoción. La pasión es disciplina. Es curiosidad. Es esfuerzo. Es perseverancia. Es la decisión de seguir aprendiendo incluso cuando nadie está aplaudiendo.
Y por eso hoy estoy convencida de que el amor, la pasión y el liderazgo tienen algo en común: los tres se demuestran con hechos.
No basta decir que amas lo que haces. Hazlo.
No basta decir que tienes pasión. Demúestrala.
No basta decir que eres líder. Compórtate como una.
Porque al final, las palabras pueden inspirar durante un momento. Pero son los hechos los que construyen una trayectoria. Y son las trayectorias las que construyen una reputación.
Pregúntate:
¿Qué digo que me apasiona y qué estoy haciendo realmente para demostrarlo? Y después haz algo concreto. Aprende algo nuevo. Acepta una tarea que normalmente evitarías.
Pregunta lo que no sabes. Da un paso hacia aquello que dices querer.
Porque la pasión que no se convierte en acción es solamente un deseo.
Y una líder no se define por lo que dice que hará. Se define por lo que hace.
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