EL LIDERAZGO TIENE LÍMITE

31216017064?profile=RESIZE_710xPoner límites también es una forma de liderar y de proteger tu marca personal

Durante mucho tiempo nos hicieron creer que una buena líder era aquella que podía con todo. La que siempre estaba disponible. La que resolvía los problemas de los demás. La que decía que sí. La que nunca se quejaba. La que trabajaba más horas. La que soportaba más presión. La que encontraba una solución incluso cuando ya no podía más.

Y muchas mujeres aprendimos a liderar así. Hasta que descubrimos algo fundamental: liderar no significa aguantarlo todo. El liderazgo tiene límites.

Y saber ponerlos no nos hace menos generosas, menos comprometidas ni menos empáticas. Al contrario: nos convierte en mujeres capaces de reconocer nuestro valor, defender nuestros principios y asumir responsablemente nuestras decisiones. Porque una mujer que no sabe poner límites puede terminar pagando un precio muy alto: su tiempo, su energía, su credibilidad y, en ocasiones, hasta su propia identidad.

Una de las palabras que más trabajo cuesta decir, especialmente a muchas mujeres, es “no”. “No puedo.” “No estoy de acuerdo.” “Eso no me corresponde.” “No aceptaré que me hables de esa manera.” “No voy a comprometer mis valores para conseguirlo.” “No tengo tiempo.”

Decir cualquiera de estas frases puede provocar culpa. Pero una líder necesita entender que poner límites no significa cerrar puertas; significa establecer las condiciones bajo las cuales está dispuesta a caminar. Decir que sí a todo no siempre demuestra compromiso. A veces demuestra miedo a decepcionar.

Y cuando una mujer acepta constantemente tareas que no le corresponden, tolera faltas de respeto, permite que otros invadan su tiempo o cambia sus principios para agradar, poco a poco comienza a enviar un mensaje sobre ella misma.

Y ese mensaje también forma parte de su marca personal.

Cuando hablamos de marca personal solemos pensar en lo que mostramos: nuestros conocimientos, experiencia, resultados, trayectoria, éxitos y capacidades. Pero hay otra parte de nuestra marca personal que pocas veces mencionamos: aquello que no estamos dispuestas a permitir.

La manera en que establecemos límites habla de nuestros valores. Habla de nuestra autoestima. Habla de nuestra congruencia. Habla de nuestra capacidad para tomar decisiones. Y habla de la clase de líder que somos.

Si dices que el respeto es uno de tus valores, pero permites constantemente que te falten al respeto, existe una contradicción. Si dices que valoras tu tiempo, pero permites que cualquiera disponga de él sin consideración, existe una contradicción. Si defiendes la igualdad, pero aceptas condiciones injustas por miedo a perder una oportunidad, existe una contradicción.

La marca personal más poderosa es aquella que tiene congruencia entre lo que dices, lo que haces y lo que permites.

Ser una buena líder implica escuchar, comprender, acompañar y reconocer que todas las personas podemos equivocarnos. Pero comprender a alguien no significa permitirle cualquier cosa. Puedes ser empática y poner límites. Puedes ser generosa y decir que no. Puedes ser amable y ser firme. Puedes escuchar una explicación y aun así tomar una decisión. Puedes perdonar y establecer una distancia.

El liderazgo femenino no necesita reproducir modelos autoritarios para ser fuerte. La firmeza también puede ser elegante. Y una mujer no necesita levantar la voz para dejar claro hasta dónde llega.

Una líder sin límites no solamente se desgasta ella. También puede generar confusión en quienes trabajan con ella. Cuando todo es urgente, nada es realmente prioritario. Cuando todo se permite, las reglas dejan de existir. Cuando una líder cambia constantemente sus decisiones para evitar conflictos, su equipo pierde claridad. Cuando asume responsabilidades que corresponden a otros, impide que otras personas crezcan.

Por eso, poner límites también es una manera de desarrollar talento. Una gran líder no rescata permanentemente a su equipo. Lo prepara para que pueda caminar sin ella.

¿Y si el límite te hace perder una oportunidad? Esta es quizá una de las preguntas más difíciles.

¿Qué pasa si decir que no significa perder un cliente? ¿Qué pasa si poner un límite incomoda a alguien importante? ¿Qué pasa si defender una posición afecta una relación profesional? ¿Qué pasa si decir “esto no lo acepto” tiene consecuencias?

Sí, puede suceder. Pero hay algo todavía más importante:

¿Cuánto te puede costar decir que sí cuando ese sí traiciona tus valores? Una oportunidad que exige que renuncies a quien eres quizá no sea una oportunidad; quizá sea un precio demasiado alto.

El éxito no consiste solamente en llegar. También importa en quién te conviertes mientras llegas.

Los límites saludables no buscan alejarnos de las personas. Buscan establecer relaciones más sanas.

Un límite dice: “Esto sí.” “Esto no.” “Hasta aquí.” “De esta manera sí podemos trabajar.” “De esta manera no.”

Y cuando los límites son claros, las relaciones pueden ser más honestas. Porque nadie tiene que adivinar qué esperamos. Una mujer líder no necesita ser accesible para todo el mundo todo el tiempo. Necesita ser confiable, congruente y respetuosa consigo misma y con los demás.

Hay una frase que deberíamos recordar cada vez que sintamos culpa por poner un límite: "No tengo que demostrar mi valor sacrificándome permanentemente".

Tu valor no aumenta porque trabajes hasta el agotamiento. No aumenta porque resuelvas todos los problemas. No aumenta porque nunca digas que no. No aumenta porque soportes lo insoportable.

Tu valor está en lo que eres, en lo que sabes, en lo que aportas, en tus principios y en la manera en que decides vivir y liderar. Por eso, una mujer que conoce sus límites no es una mujer menos comprometida. Es una mujer que conoce su valor. Y quizá ahí está una de las grandes lecciones del liderazgo femenino:

No necesitas demostrar que puedes con todo. Necesitas aprender a decidir con qué sí quieres cargar, con qué no y hasta dónde estás dispuesta a llegar sin dejarte a ti misma en el camino. Porque tu liderazgo tiene límites. Y tu marca personal también se fortalece cada vez que tienes el valor de defenderlos.

Recuerda: tu marca personal no se construye solamente con lo que haces. También se construye con aquello que decides no permitir.

Y una mujer que sabe poner límites no está cerrando sus alas. Está aprendiendo a volar con libertad.

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