RECUERDA QUE NINGÚN HOMBRE, POR FAMOSO O PODEROSO QUE SEA, ES SUPERIOR A TI.
A veces, Barbazul lleva la barba y la bata blancas. Por algo será.
¿Qué quisieron transmitirnos con el cuento de BARBAZUL?
A saber:
- Que los hombres no son de fiar.
- Que las mujeres han de averiguar el historial amoroso de sus parejas antes de
- Que los secretos a veces esconden información que puede volverse en contra de la
- Que las mujeres no son víctimas si ellas no lo desean así.
- Que los hombres malos existen de verdad y son capaces de matar simbólica y psicológicamente a la parte femenina que en ellos anida, y de paso, a lo mejor la de la mujer que con ellos se ha
- Que la intrepidez y la valentía deberían ser las mejores amigas de la mujer.
¿Cuál, de todas esas hipótesis, crees que es más factible?
Independientemente de la que yo considere más plausible, te diré que el cuento señala que la candidez y la pasividad nunca fueron buenas consejeras para la mujer. Así como que, el hombre que tiene muchas conquistas en su haber, debería ser si no desechado como pareja potencial o como poco, puesto en cuarentena y averiguado su pasado escondido antes de lanzarse de lleno en sus brazos. Muchos cuentos, demasiados, han insistido en la idea de que el hombre es fuerte y resolutivo. Mientras que la mujer es damisela de floja de diadema y cae rendida en los brazos del caballero apuesto y romántico.
Ni lo uno ni lo otro.
Barba azul viene a enseñar a las mujeres a enfrentarse con sus demonios interiores, y a dejarse de cuentos cuando se enamora de un hombre, esto es, olvidarse de las apariencias, asumir las riendas de su vida, y quitarle la llave de su caja de los truenos. Solo así sabrá quién es el caballero que la corteja y si es digno o no de su corazón de damisela.
ÉRASE UNA VEZ una mujer lista como ella sola, valiente y segura de sí misma que a toparse fue con un caballero (sólo aparentemente) de blanca barba pero con pretensiones de ‘barbazul’.
El caballero en cuestión le daba a las pócimas naturistas, o sea, que iba de naturópata alegando que había recorrido la inmensa selva amazónica en busca de remedios naturales y de conocimientos ancestrales. Presumía de ser el único en el mundo mundial que poseía cierta titulación especializada en la observación y diagnóstico del iris.
Pregunta: Si era el único que poseía dicha titulación, en ese caso, ¿con quién había estudiado? Primera incongruencia.
Ah, le supuesto galeno alternativo presumía de tener en su haber conquistas varias y variopintas, es decir, de haberse ligado a las más bellas mujeres, hablando en Román paladino.
“¿Era eso cierto?”
Mmmmmmmmmmmmm…
Sería mejor preguntar: ¿Podía eso ser posible o tener visos de realidad probable?
Puede.
Si bien cabría añadir o matizar que además de bellas tenían que ser estúpidas o tener la diadema muy alelada.
“¿Por qué?”
Porque solo una mujer que tenga el sentido común abducido y el coraje se le ha ausentado de vacaciones puede creerse las tonterías del ‘moderno barbazul’, el cual es conocido como MARIPOSATUS, esto es, misóginos disfrazados de amables caballeros, atentos maestros o gurús, abnegados terapeutas, amistosos colegas que tienden una tela de araña, bueno, tela de mariposataña en torno de la presa elegida, que viene a ser algo así como que rodean a la mujer de halagos, lisonjas, mentiras y aderezos. Los mariposatus odian a las mujeres. Las odian porque se sienten inferiores a ellas. En vez de inspirarse en ellas para superarse y evolucionar, les encanta igualarlas hacia abajo, esto es, las rebajan, las denigran, las humillan, las someten, las hacen creer que sólo él y nadie más que él las salvará, las podrá proteger, las cuidará y les tenderá la mano o pondrá el hombro cuando vengan maldadas.
¡Mentira!
Se trataba de una treta para atontarlas y hacerlas creer que son inferiores. Si bien es cierto, que solo una mujer que no ha asumido las riendas de su vida es proclive a creer a pie juntillas lo que un barbazul le cuente sin cuestionar ni una sola de las afirmaciones que de su boca salgan.
Volvamos a nuestro cuento modernizHado (con H de hada).
Esta mujer, a la que llamaremos REINA -por aquello de tener ideas propias y llevar la corona bien alta, o sea, tener una autoestima sana y equilibrada-, se topó un día de primavera con este ejemplar de pretendido galeno venido de allende los mares del sur…
“¡Ja! Ya quisiera él haber venido de ahí, pero lo dejaremos así porque es más poético.”
Se toparon en una conferencia sobre ‘el mar y los peces’, en la que el barbazul había ido a promocionar sus recetas milagrosas. El susodicho alardeaba de saber más que nadie, pretendía hacer creer que esas recetas eran suyas y no de la abuela (la de cualquiera, claro, no la suya). No contaba con que se toparía con una mujer cuyo coraje y valentía la acompañaban donde quiera que fuese pues sabía cuidar muy bien de sí misma.
Nuestro barbazul particular llevaba bata blanca al igual que su barba, y vestía colores de los acuñados como ‘femeninos’ por el mundo de la moda tontona, o sea, que vestía colores pastel. Y, la verdad sea dicha él era un merengue…
“¿A qué viene entonces presentarlo como sucesor de Barba Azul?”
Muy sencillo, al menos para mí.
Vamos a dejarnos de cuentos y llamar a cada cosa por su nombre. El antiguo Barba Azul seducía a sus esposas, las llenaba de halagos y las desposaba. Él era un señor poderoso y acaudalado, temido y reverenciado en sus dominios. Algo parecido era este moderno barbazul. Se había hecho famoso, y su fama le tenía mareado. Se sentía poderoso: levitaba por encima del suelo dos palmos. Es más tenía una cohorte de posusmaris (damiselas de alelada diadema que aleteaban las pestañas y lo que no era las pestañas cuando en su presencia estaban). Todo ello le hacía creerse un seductor cuyas artes ya hubiera querido para sí el mismísimo Casanova.
“¡Ja! Y, mucho más ¡ja! “
Absolutamente de acuerdo.
El barbazul de bata blanca presumía de haberse ligado a las mujeres más guapas: él tenía buen gusto y aunque se reconocía feo (una minucia sin importancia), se sentía a prueba de cualquier almena, o sea, que ni si quiera consideraba la más mínima posibilidad de que la dama en cuestión le mandase a tomar viento. Su fama le otorgaba el carisma natural del que carecía. Eso, al menos, creía él. Tan embebido estaba de su propia receta medicinera de auto-halago y auto-bombo que ni se le pasaba por la cabeza que mujer alguna no fuese a caer rendida a sus pies y le diese con una de preguntas y análisis en todo el morro, y nunca mejor dicho porque morro literal no tenía pero le echaba una de prepotencia que no veas…
Su técnica de seducción damiselera no era otra que la de aprovecharse de la información que éstas le daban en rango de pacientes… Todo un barbazul aprovechón y poco profesional. Pero eficaz cuando se trataba de embaucar a una damisela de alelada y aflojada diadema.
Como te iba contando, el barbazul se sintió atraído hacia Reina, no en balde era una mujer fuera de lo común. Ahora bien, dado que él era un farsante en lo referente a su pretendida seguridad en sí mismo, creía que también ella aparentaba algo que en verdad no era.
¡Craso error de deducción! Deducir como que no se le daba al susodicho barbazul ya que partía de la premisa de que todas las mujeres eran bobaliconas a las que se les caía la baba en cuenta él las miraba o les dirigía la palabra. ¿Para qué y en base a qué plantearse que tendría que argumentar, que alguna mujer tendría sentido común y además osadía para plantificarle en toda barba que no se creía lo que él contaba o que, cuando menos, discrepaba? Ni por asomo. Un barbazul no repara en esas cosas, simplemente, no existe mujer, en su opinión, que no estar de acuerdo pueda en que él es el príncipe azul que toda damisela espera encontrar.
Estos barbazules no saben que el príncipe azul no existe y que además destiñe. El, Barbazul, se consideraba tan por encima del bien y del mal, tan superior y tan necesario: toda mujer que está sola está frustrada y amargada… Ergo, si un ejemplar de azulada barba llega a su vida, ésta se sentirá la más dichosa de todas las damiselas. Por consiguiente, cuando invitó a tomar café a Reina no contó con que ella pudiera no estar hambrienta ni desesperada ni alelada ni ausente de determinación. Iluso, de él, no tardó en toparse con el primer stop en forma de mandoble verbal que le propinó Reina cuando éste le dijo que a buen seguro que con esa personalidad asustaría a todos los hombres. Reina le soltó un: “Eso es un comentario de lo más machista y misógino. A parte de insultativo para todos los hombres… Es como si creyeses que todos los hombres son tontos, bobos, inmaduros y que nadie es capaz de apreciar a una mujer de maduras entendederas.”
Barbazul ante semejante puesta de límites simplemente farfulló una tímida protesta tratando de hacerse el simpático y el tontín. No estaba preparado para el combate con una mujer, tan acostumbrado estaba a que le babeasen y les aleteasen las posusmaris que ni por asomo supo reaccionar ante una puesta de límites en todos los morros. Obviamente creía que el lado oscuro de sus afirmaciones estaría a salvo como solía estarlo toda vez que le tiraba los tejos a una mujer. Por lo visto ninguna mujer le había cuestionado sus afirmaciones ni contradicho sus aseveraciones ni discutido sus galones y titulaciones. Por consiguiente, no estaba preparado para un cuerpo a cuerpo.
- “Yo he de ausentarme unos días. La llave de la habitación prohibida está colgada en su sitio, pero no oses abrir la puerta o toda mi furia y maldición caerá sobre ti” –dijo Barba Azul a su esposa antes de partir, por asuntos de negocios, a otra ciudad.
Traducido al Román paladino moderno quiere decir que ninguna mujer osará contradecirle o discutirle sus ideas, afirmaciones, titulaciones o lo que sea. La llave simbólica está ahí colgada, esto es, la supuesta igualdad, la libertad de criterio, el respeto por la discrepancia… están al alcance de la mujer. Pero… ¡cuidado si la usa! Pobre de ella si esgrime la palabra y osa darle con la misma en las neuronas perdidas y en estado vegetativo que pululan en su cerebro de barbazul desteñido.
Y, eso es lo que hizo Reina: discutirle su titulación, sus conocimientos, sus preguntas, sus comportamientos para con ella. Y, claro, él no estaba preparado ni pensaba estarlo. Al Reina discutirle todo lo que se le antojó discutirle, es como si hubiese abierto la puerta y todos los esqueletos hubiesen quedado al descubierto: en la mazmorra cuya llave nunca había que osar usar, simplemente había cadáveres, los restos de todas esas esposas a las que Barba Azul había decapitado cuando se le volvieron respondonas, independientes o incómodas por razones varias. Un mariposatus liquida a sus parejas, por regla general metafóricamente, ya que sólo les asola las psiques –acoso psicológico-. No pretendo menosprecia el daño que esto hace a la auto estima de una mujer. Si bien me parece mucho más terrible cuando además del daño psicológico además la asesina física y literalmente.
Un barbazul frustrado puede llegar a matar a su pareja porque no soporta que ella no se pliegue a sus necesidades de disimulo y compensación de su frustración vital. Muchas mujeres harían bien en vestirse de osadía y atrevimiento y plantarle cara al barbazul de turno, para después largarse a toda mecha de sus vidas. Porque el síndrome de barbazul en los machistas y mariposatus misóginos tiene grados diversos que van desde el más simplón que solo se dedica a decir bobadas y con las mismas toca un poco las pelotas, si es que toca algo, hasta el barbazul que asesina pasando por el que la da al mobbing o acaso psicológico demoledor de la estima femenina.
¡Cuidado con los barbazules!
Podrán parecer caballeros halagadores, tímidos o inofensivos, pero muchos de ellos tienen más peligro que una piraña en un bidé.
El aspirante a barbazul disfrazado de naturista era un simplón frente a una reina, pero peligroso cuando de una mujer insegura o menos osHada que nuestra Reina se tratase. Un hombre así más vale darle en los morros con la corona o con lo que se tenga a mano.
Reina le rebatió todas y cada una de sus afirmaciones, de ahí que se ganase la siguiente despedida: “Espero no volver a verte nunca más en mi vida”, le soltó el barbazul de bata blanca.
Reina pensó: “Además de estúpido, maleducado.”
Esto es lo que debería pensar toda mujer que se tope con un barabazul que pretenda matarle la estima o pegarle un hachazo en plena confianza o seguridad en sí misma. La dignidad nunca hay que ponerla al alcance de un tipejo así.
- Moraleja y metamensaje:
Nunca salgas de tu casa sin haberte enfundado el traje de guerrera para así poder plantarle cara a todos los tipos de barbazul que en tu camino hallar puedas.
La valentía, la osadía, el coraje, la determinación y el atrevimiento han de ser tus mejores aliadas.
Nunca temas plantarle cara a un hombre por importante, famoso, relumbroso, intelectual o poderoso que sea. Si es un caballero de verdad no te dará con su poder en los morros, ni te ninguneará ni tratará de rebajarte de ninguna manera. Ergo, si sospechas que es un ejemplar de hombre con síndrome de barbazul, plántale cara, dale un mamporrazo en sus barbas y lárgate, ponte a salvo del ejemplar en cuestión.
Nunca te quedes para redimirle ni hacerle ver que está equivocado. Si quiere ayuda, que se la pague. Para eso están los terapeutas, pero no tú.
Aprende a protegerte. Practica el darle con la espada de la valentía a todos esos mariposatus.
Déjate de cuentos y saca a pasear al guerrero arquetípico que llevas dentro: hombre o mujer, pero siempre guerrero.
Que la valentía, el coraje y el atrevimiento te acompañen.
Sé tú mejor defensora, valedora y amadora.
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