¿CÓMO ES POSIBLE QUE TÚ TENGAS RAZÓN Y YO TAMBIÉN?

31306726876?profile=RESIZE_710xA veces defendemos tanto nuestra verdad que terminamos perdiendo la capacidad de escuchar la de los demás.

 Hay discusiones que parecen no tener salida. Dos personas argumentan y defienden sus posiciones con absoluta seguridad. Ambas están convencidas de tener la razón y, curiosamente, ambas terminan sintiéndose incomprendidas.

Lo interesante es que quizá ninguna esté mintiendo.

Cada persona interpreta lo que sucede desde su historia, sus expectativas, sus heridas y su manera de entender el mundo. Lo que para uno fue una falta de respeto, para el otro pudo haber sido una reacción justificada.

El mismo acontecimiento. Dos experiencias distintas. Dos personas convencidas de estar diciendo la verdad.

Entonces, ¿quién tiene la razón?

La necesidad de tener razón esconde algo más

Cuando alguien defiende desesperadamente su punto de vista, no siempre intenta demostrar que sabe más. Muchas veces está protegiendo algo más personal: su identidad, su dignidad, su dolor o la necesidad de sentirse reconocido.

¿Cómo escuchar al otro cuando el enojo y las propias convicciones aseguran que uno tiene la razón?

En esos momentos, escuchar puede sentirse como rendirse. Considerar otra perspectiva parece debilitar la propia posición. Incluso guardar silencio puede provocar la sensación de estar permitiendo una injusticia.

Como si no defender la propia verdad significa traicionarse a uno mismo.

Y mientras más necesita alguien sentirse comprendido, menos disposición puede tener para comprender.

Cuando tener razón se convierte en una necesidad

Todos conocemos a alguien tan terco que resulta imposible hacerlo cambiar de opinión. Lo que cuesta más trabajo reconocer es cuándo nosotros somos esa persona.

La psicología describe una tendencia a buscar argumentos que confirmen nuestras creencias y a resistir aquellos que las cuestionan.

Cuando una convicción se convierte en parte de la identidad, ponerla en duda puede sentirse como una amenaza personal.

La terquedad no siempre es un exceso de confianza. A veces es miedo a perder la seguridad que proporciona tener razón.

Por eso algunas personas escuchan únicamente para responder. No están conversando; están preparando su defensa.

Dos verdades no necesitan convertirse en una batalla

Aceptar que alguien vivió una situación de manera diferente no significa justificar sus acciones, aprobar su comportamiento ni renunciar a los propios valores.

Los hechos pueden discutirse. Las emociones necesitan reconocerse.

Una persona puede sentirse profundamente lastimada por algo que la otra nunca tuvo intención de hacer. El dolor puede ser auténtico y la intención de lastimar puede no haber existido.

Ambas experiencias merecen ser escuchadas.

Cambiar una letra puede cambiar una conversación

La palabra obliga a elegir: tú o yo, correcto o equivocado, ganador o perdedor.

La palabra y permite reconocer algo más complejo: tú puedes sentirte lastimado y yo puedo no haber querido lastimarte.

Escuchar no garantiza ser escuchado. Comprender tampoco obliga a aceptar cualquier comportamiento.

Reconocer otra perspectiva no significa abandonar la propia.

Quizá la verdadera madurez no consiste en ganar discusiones, sino en dejar de vivir cada diferencia como una amenaza personal.

¿Cuántas relaciones se han desgastado no porque faltara amor, sino porque a ninguno le alcanzó la seguridad para reconocer que el otro también podía tener razón?

Ingrediente de la semana: Recalibración

Recalibrar no significa renunciar a lo que uno piensa, sino tener la capacidad de revisar las propias certezas cuando aparece una perspectiva diferente.

Así como un instrumento necesita recalibrarse para mantener su precisión, nuestras convicciones también necesitan ajustes para no convertir nuestras interpretaciones en verdades absolutas.

Afirmación de la semana

Reconozco que cuando me enojo me cuesta mucho trabajo escuchar lo que me dicen. Siento que me atacan, me critican o no me entienden, y eso provoca que me ponga a la defensiva. Quiero tener el valor de escuchar con atención y tolerancia, incluso cuando lo que escucho me incomoda o contradice mis convicciones. Entiendo que escuchar una opinión diferente no significa ceder, aceptar que estoy equivocado ni traicionar lo que pienso o siento. Aprendo que dos perspectivas opuestas pueden coexistir sin que una tenga que invalidar a la otra. Hoy elijo re-calibrar mis certezas, escuchar antes de defenderme y recordar que es más constructivo cuidar una relación que ganar una discusión.

Frase de la semana

«No todas las convicciones necesitan defenderse. Algunas hay que soltarlas para comprender otras formas de ver la vida». © 2026 Becky Krinsky. Recetas para la Vida®. Todos los derechos reservados. Prohibida su reproducción total o parcial sin autorización de la autora.

www.recetasparalavida.com

 

Enviadme un correo electrónico cuando las personas hayan dejado sus comentarios –

¡Tienes que ser miembro de Retos Femeninos para agregar comentarios!

Join Retos Femeninos