PREGUNTAR TAMBIÉN ES LIDERAR

31195033090?profile=RESIZE_710xLa inteligencia de quien no tiene miedo de aprender

Durante muchos años nos hicieron creer que una persona inteligente debía tener todas las respuestas. Que un líder debía transmitir seguridad absoluta. Que admitir una duda era una señal de debilidad.

Nada más lejos de la realidad. 

Afortunadamente, desde muy joven tuve la fortuna de trabajar en Arouesty & Asociados. Ahí conocí a quien sería uno de mis grandes mentores: Carlos Arouesty, uno de los creativos más reconocidos de México.

Recuerdo que un día, al terminar una sesión de brainstorming para desarrollar una campaña de Aeroméxico, se acercó a mí y me dijo una frase que nunca olvidé: “Preguntar es de inteligentes. Qué bueno que preguntas hasta no tener dudas.”

Sus palabras reafirmaron algo que siempre había vivido de manera natural: mi curiosidad. Desde niña fui muy preguntona. Quería entender el porqué de las cosas, cómo funcionaban y si existía una mejor manera de hacerlas. Ese día comprendí que esa curiosidad no era un defecto, sino una fortaleza.

Con el tiempo descubrí que muchas de las mejores decisiones de mi vida profesional nacieron de una pregunta hecha en el momento oportuno. También entendí que muchas personas se equivocan no por falta de capacidad, sino por miedo a preguntar.

Desde entonces hice de la curiosidad una aliada y de las preguntas una herramienta de liderazgo. Porque quien pregunta aprende, quien aprende mejora y quien mejora termina construyendo un liderazgo más sólido.

Las personas que más han logrado en la vida suelen tener una característica en común: hacen preguntas. Muchas preguntas.

Nunca me dio vergüenza levantar la mano y decir: “No entendí, ¿me lo puedes explicar otra vez?” o “¿Por qué se hace así?” o “¿Existe una mejor forma de hacerlo?”.

Esa costumbre me evitó cometer muchos errores y, sobre todo, me permitió aprender mucho más rápido que quienes preferían quedarse callados por miedo a parecer inexpertos.

Especialmente las mujeres hemos cargado durante años con la presión de demostrar que somos suficientemente capaces. En muchas reuniones sentimos que debemos hablar con absoluta certeza, aunque tengamos dudas. Pensamos que una pregunta puede hacer que otros cuestionen nuestra preparación.

Pero ocurre exactamente lo contrario. Una buena pregunta demuestra interés, compromiso, pensamiento crítico y deseo de comprender antes de actuar. Una mala decisión tomada por no preguntar puede costar mucho más que unos segundos de aparente incomodidad.

Las líderes más admiradas no son las que saben todo. Son las que saben escuchar, aprender y rodearse de personas que complementan sus conocimientos.

Preguntar también es una forma de respetar a los demás. Significa reconocer que alguien puede enseñarnos algo. Es un acto de humildad, pero también de inteligencia.

Con frecuencia he visto cómo muchas personas prefieren improvisar antes que reconocer que no entendieron una instrucción. Después vienen los errores, los retrasos, los malos resultados y las explicaciones. Todo eso pudo evitarse con una simple pregunta. Preguntar no disminuye tu autoridad. La fortalece.

Porque una líder responsable prefiere aclarar una duda antes que tomar una decisión equivocada. También debemos aprender a hacer preguntas poderosas. No solo preguntar “¿qué hago?”, sino cuestionarnos: ¿Qué información me falta? ¿Qué no estoy viendo? ¿Qué riesgos existen? ¿Qué otra alternativa tenemos? ¿Qué puedo aprender de quien tiene más experiencia?

Las grandes innovaciones, los descubrimientos científicos y las mejores estrategias de negocios comenzaron con una pregunta.

La curiosidad mueve al mundo. Y el liderazgo también.

Hoy vivimos en una época donde la información cambia todos los días. Nadie puede saberlo todo. La verdadera diferencia no está en tener todas las respuestas, sino en hacer las preguntas correctas.

Si alguna vez has sentido pena por preguntar, recuerda esto: el costo de una duda no resuelta casi siempre es mayor que el de una pregunta hecha a tiempo. No permitas que el orgullo, el miedo o la inseguridad frenen tu crecimiento. Las mujeres que construyen liderazgo no necesitan aparentar perfección. Necesitan tener la valentía de aprender todos los días.

Porque quien pregunta aprende. Quien aprende mejora. Y quien nunca deja de aprender, nunca deja de crecer.

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