Genaro es un hombre de 75 años, esposo, padre y abuelo. Recuerda con admiración a su padre, un hombre trabajador que sostenía económicamente a una familia de siete hijos pese a tener pocos estudios. Sin embargo, también lo recuerda distante y reservado, observando a su familia como si quisiera expresar muchas cosas que nunca se atrevió a decir, porque había aprendido que un padre debía ser fuerte, imponente y emocionalmente inaccesible. Era quien imponía los castigos y las lecciones de disciplina. Hoy, Genaro piensa que, si pudiera conversar nuevamente con él, tendría mil temas por abordar y probablemente lograría comprenderlo mejor.
Con el paso del tiempo, Genaro decidió ejercer la paternidad de una manera distinta. Aunque también asumió el papel de proveedor y jefe de familia, quiso estar más cerca de sus hijos. Se permitió abrazarlos, besarlos y compartir actividades cotidianas con ellos, como enseñarles a nadar o andar en bicicleta. Nunca se sintió cómodo con los golpes ni con los castigos severos, aun cuando algunos familiares lo consideraban “demasiado blando” para educar.
Décadas después, las ciencias sociales ayudarían a explicar aquello que muchos hombres como Genaro intuían desde su experiencia personal. La socióloga australiana Raewyn Connell denominó “masculinidad hegemónica” al modelo tradicional que durante años definió a los hombres como figuras autoritarias, emocionalmente contenidas y alejadas de las tareas de cuidado. Frente a ello, han comenzado a surgir nuevas formas de ejercer la paternidad, más afectivas, corresponsables y cercanas a la vida cotidiana de los hijos.
Los hijos de Genaro crecieron valorando esa cercanía. Aprendieron que un padre también puede cambiar pañales, levantarse de madrugada para atender a un bebé, acompañar a sus hijos a la escuela o participar equitativamente en las tareas del hogar. Es decir, comprendieron que la crianza compartida también forma parte de una masculinidad más humana y empática.
Por ello, en el marco de la conmemoración del Día del Padre, vale la pena reconocer a aquellos hombres que han marcado positivamente la vida de sus hijos por medio de la presencia, el amor incondicional y la empatía. Muchos son conocidos únicamente por sus familias; otros se han vuelto visibles gracias a historias que conmueven por su sencillez y profundidad.
En México, por ejemplo, se volvió viral la historia de un vendedor ambulante que, al no tener dinero para pagar una limusina o una carroza para los quince años de su hija, decoró con globos y telas su propio triciclo de trabajo y la paseó orgullosamente con su vestido de gala por las calles. Más allá de las limitaciones económicas, aquel padre encontró la manera de regalarle a su hija un momento inolvidable. En España, un grupo de estudiantes que concluía la educación primaria pidió que el padre de uno de sus compañeros apareciera en la fotografía de generación por ser “el padre de todos”. Los niños afirmaban que aquel hombre los cuidaba, los acompañaba y les llevaba comida durante sus reuniones de estudio.
La historia también recuerda a padres cuya presencia marcó profundamente la vida de sus hijos. Pipino acompañó y formó a su hijo hasta convertirlo en Carlomagno, uno de los líderes más importantes de Europa. Tras la muerte de Marie Curie, su esposo Pierre dedicó gran parte de su vida al cuidado y formación de sus hijas; una de ellas, Irène Joliot-Curie, obtuvo posteriormente el Premio Nobel de Química. Otro caso inspirador es el de Dick Hoyt, quien participó junto a su hijo en más de mil carreras deportivas, impulsando la silla de ruedas en la que él viajaba debido a su parálisis cerebral. Asimismo, William Jackson Smart, veterano de la Guerra Civil estadounidense, crió solo a sus seis hijos tras enviudar; su historia inspiró posteriormente la creación del Día del Padre.
Aunque esta celebración se realiza en distintas fechas alrededor del mundo, el propósito es semejante: reconocer la importancia de la figura paterna dentro de las familias y las comunidades. En países como México, Colombia, Argentina, Chile, Ecuador, Cuba y Estados Unidos, el Día del Padre se celebra el tercer domingo de junio. En España, Italia y Portugal se conmemora el 19 de marzo, día de San José, considerado el padre adoptivo de Jesús. En Brasil se celebra el segundo domingo de agosto, mientras que en Tailandia coincide con el natalicio del rey Bhumibol Adulyadej, reconocido como el “padre de la nación”.
Más allá de las diferencias culturales y las fechas establecidas, el significado de esta conmemoración permanece vigente. Reconocer a los padres implica valorar no sólo el sustento económico que muchos han proporcionado históricamente a sus familias, sino también su capacidad de acompañar, escuchar, cuidar y construir vínculos afectivos sólidos con sus hijos.
El rol paterno ha evolucionado con el paso de los años. De ser concebido únicamente como proveedor y figura autoritaria, ha transitado hacia una paternidad más activa y participativa. El psicólogo Joseph Pleck describió esta transformación mediante la idea del “padre nutritivo”, un hombre involucrado emocionalmente en la crianza y presente en la vida cotidiana de sus hijos. Aunque todavía existen numerosos desafíos para alcanzar una verdadera corresponsabilidad familiar, también es cierto que cada vez más hombres asumen tareas de cuidado que anteriormente eran consideradas exclusivamente femeninas.
Actualmente, miles de hogares son encabezados por padres solteros que enfrentan diariamente las responsabilidades de la crianza, el trabajo y el cuidado emocional de sus hijos. Su esfuerzo también merece ser visibilizado y reconocido, especialmente en una sociedad donde muchas veces la figura paterna continúa asociándose únicamente con la autoridad o la provisión económica.
En tiempos donde las dinámicas familiares se transforman constantemente, resulta necesario reivindicar a los padres presentes: aquellos que acompañan, escuchan, enseñan, abrazan y construyen recuerdos cotidianos con sus hijos. Celebrar su labor no significa idealizar la paternidad, sino reconocer que existen hombres que han decidido romper esquemas tradicionales para ejercer una masculinidad más empática, cercana y humana.
Si tienes la fortuna de contar con un padre ejemplar, celebra su presencia, reconoce su esfuerzo y comparte su historia. A veces, los gestos más sencillos —un abrazo, una conversación o el tiempo compartido— son también las huellas más profundas que un padre puede dejar en la vida de sus hijos.
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