NO DISEÑES UNA VIDA FINANCIERA QUE NECESITE QUE TE ABANDONES PARA CUMPLIRLA

 Conviértete en alguien capaz de sostenerla.

Marijo Codesal

¡Hola! Soy Marijó Codesal y esta es una Carta de Rebelión Financiera. Cada semana exploro una dimensión de tu identidad financiera para hacer más consciente la relación que tienes contigo misma cuando miras de frente a tu dinero. Y cuando toca, también bajamos ese trabajo a tácticas y estrategias concretas. Transformar tu dinero sin tocarte por dentro no funciona, pero quedarte solo en lo interior tampoco.

¿Te rebelas conmigo?

Cada vez que se acerca una luna nueva, mi feed se llena de invitaciones a poner intenciones. Visualizar. Pedir. Escribir deseos en una libreta bonita.

Y casi nadie hace la pregunta incómoda:

¿Tu vida, tal como está hoy, tiene capacidad para sostener eso que estás pidiendo?

Porque quieres ahorrar, pero llegas tan cansada al final del día que lo que compras es alivio, no cosas. Quieres ganar más, pero ya no tienes un centímetro de espacio para una responsabilidad adicional, ni siquiera para pensar cómo aportar valor de formas diferentes. Quieres salir de deuda, pero cada “no” todavía te cuesta un pleito interno con la culpa. Quieres paz financiera, pero tu sistema entero funciona solo mientras tú controles absolutamente todo. (Este es el peor para mi)

Querer algo no significa que hoy tengas la capacidad para sostenerlo. Y esa distancia, entre lo que deseas y lo que tu vida actual puede cargar, es donde se rompen la mayoría de los propósitos financieros. No en enero. No en cada ciclo lunar. Se rompen el mismo día que las hacemos.

Lo que veo cuando alguien se sienta frente a mí con su dinero

Oigo muchas cosas en las convesaciones financieras que sostengo con mujeres, con emprendedoras, con mamás, con amigas que quieren revisar su relación con el dinero. Y muchas de esas cosas se repiten con una consistencia que ya no me sorprende. Si sabemos lo que queremos es raro no saber qué quieres con tu dinero. Normalemtne quieres ahorrar u ordenar tus cuentas. Hay quien quiere ganar más o quiere dejar de vivir con la alarma prendida. Y una de las más comunes… salir de deudas.

La intención está puesta y también hay suficiente información, han leído, ha tomado cursos, sabe perfectamente lo que “deberían” hacer. Y no sucede.

No sucede porque está agotado el sistema que tendría que sostener esas decisiones.

Yo también lo vivo, lo he vivido en carne propia. He tenido temporadas con Excel impecable, categorías de gasto perfectamente etiquetadas, y aun así me acostaba con angustia. Tener un sistema ordenado no es lo mismo que tener paz, solo te da una falsa sensación de control. Y sucede porque ese sistema está construido desde el control y la tensión, no desde el cuidado.

Cuando el presente te está drenando, el futuro compite en desventaja

Aquí es donde la ciencia del comportamiento deja de ser un dato curioso y se vuelve explicación. El cansancio, el estrés y lo que la investigación llama carga cognitiva cambian literalmente cómo decidimos. Cuando tu mente trae demasiadas “pestañas abiertas” (pendientes, culpa, miedo, cuentas por pagar, la lista del súper), te vuelves más lenta, más reactiva y menos estratégica, sin que eso tenga nada que ver con tu carácter.

Sendhil Mullainathan y Eldar Shafir documentaron algo que me parece central para entender el dinero: la escasez no solo vacía la cuenta bancaria, secuestra ancho de banda mental. Ocupa un espacio en tu cabeza que ya no está disponible para pensar a mediano plazo. Y Daniel Kahneman llegó a una conclusión parecida desde otro ángulo: bajo presión, no dejamos de razonar, razonamos con el sistema rápido (sistema 1), el que busca alivio inmediato, no el que evalúa consecuencias.

Cuando estás cansada eliges para sobrevivir hoy y lo demás realmente no importa.

Así aparecen el gasto impulsivo, la tarjeta que “solo por esta vez”, la cuenta que no revisas porque no soportas otro dato malo. No son fallas de carácter. Es alerta constante, es cansancio y se ve como estar tomando la decisión más rápida disponible. Lo explican bien Bessel van der Kolk y Stephen Porges desde la fisiología… un sistema nervioso que no se siente seguro no está diseñado para planear el futuro, está diseñado para sobrevivir el presente. Es lo que es.

Por eso quiero proponerte cambiar la pregunta…En lugar de:

¿Qué quiero lograr?

pregúntate:

¿Qué necesita cambiar en mi vida para que yo pueda sostener eso que quiero?

No es lo mismo decir “quiero ahorrar 3,000 al mes” que preguntarte qué necesitas organizar, automatizar, dejar de pagar o conversar para que ahorrar no dependa de tu fuerza de voluntad en un martes agotador.

No es lo mismo decir “quiero dejar de endeudarme” que preguntarte qué necesidad real estás resolviendo cada vez que usas el crédito.

No es lo mismo decir “quiero ganar más” que preguntarte si hoy tienes la capacidad emocional para cobrar más, negociar, poner un límite, o dejar de regalar tu trabajo por miedo a decepcionar.

Esto es el corazón de Identidad Financiera Consciente. Muchas de las conductas que llamamos “malos hábitos” no son irresponsabilidad. Son protección, evitación, culpa, cansancio o una necesidad muy humana de pertenecer. Carol Dweck lo diría distinto pero apunta al mismo lugar, no cambias comportamientos aislados, cambias la identidad desde la que esos comportamientos nacen.

La persona detrás de la meta

Tenemos una obsesión colectiva con diseñar metas financieras perfectas. Hablamos poquísimo de la persona que va a tener que vivir esas metas todos los días.

La mujer que quiere ahorrar también está cansada. La que quiere ganar más quizá lleva años demostrando que puede con todo, sin que nadie le pregunte a qué costo. La que quiere salir de deuda puede estar sosteniendo económicamente a alguien más. La que quiere invertir puede sentir culpa por guardar dinero solo para ella.

Una meta financieramente correcta puede ser, al mismo tiempo, emocionalmente insostenible.

Y si para cumplirla necesitas maltratarte, agotarte o controlarte todo el tiempo, el problema no eres tú. Es el diseño. Y la buena noticia es que el diseño se puede cambiar.

Ritual, no magia

Por eso me gustan ciertos rituales. Obvio una vela no va a pagar una tarjeta de crédito, ni escribir una cantidad en un papel la va hacer aparecer. Eso es puro humo (o chaquetas mentales diría mi hermano, el mecánico).

Me gustan porque pueden darte algo que la vida cotidiana casi nunca te regala… una pausa real. Un momento para dejar de correr y preguntarte, en serio, qué quieres empezar a construir.

La luna nueva puede ayudarte a nombrar una intención. Tu vida, la real, la de todos los días, va a tener que construir las condiciones para sostenerla. Eso no es manifestar dinero, que si, he visto como empieza a aparecer. Eso es diseñar sistemas que sostienen y alinear tus decisiones con la realidad que tienes, no con la que te gustaría tener.

Ese es exactamente el tipo de trabajo que hacemos dentro del Santuario de Identidad Financiera. Un espacio donde integramos ejercicios, rituales, claridad emocional y herramientas financieras reales, sin juicio y sin fórmulas mágicas. Si sientes que esta carta te está hablando directamente, probablemente ya es momento de que dejes de leerme desde afuera.

Mañana, 12 de agosto a las 9:00 p.m. CDMX, voy a guiar el ritual financiero mensual de luna nueva. Siempre es gratuito. Y no se trata de pedirle al universo que resuelva tus finanzas, sino para crear esa pausa donde puedas observar qué quieres cerrar y dejar de cargar, que quieres iniciar, y las condiciones que necesitas construir para que tu próxima intención no dependa de exigirte más.

Reservar mi lugar en el ritual financiero de luna nueva

Me encantará verte por ahí.

Recuerda, primero tú, luego el dinero.

Marijó

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