¿Es verdad que, el tiempo, todo lo cura?
Quien no ha oído eso, incluso puede que lo crea firmemente, que la ‘sabiduría’ popular se empeña en repetir y que achaca al ‘tiempo’, al transcurso del reloj, o porque no, a la climatología, la resolución de todos los problemas.
Personalmente, creo, y mi creencia se base en mi praxis/empirismo personal, que, a menos que yo haga algo, el tiempo en sí mismo, puede que deposite sedimentos, trastos viejos, hojas marchitas, arena del desierto encima de mis ‘cosas’ pero... ¡no las resolverá! Podrán quedar ‘sepultadas’, olvidadas por mi consciente pero seguirán activas en mi inconsciente o ‘almacén central’ y por eso seguirán llamando a la puerta del consciente ya sea en forma de malestar emocional o físico, enfermedad o crisis espiritual.
¿Por qué hacen esto?
Porque son las partes o aspectos de mi vida, de la tuya, que necesitan ser atendidas para ser sanadas, resueltas,
Podemos encerrar en un cuarto todo aquello que no queremos o que no necesitamos. Que no lo veamos, que no visitemos ese cuarto no los hace desaparecer.
En la televisión americana, hay un programa en el que se subasta el contenido de trasteros cuyos dueños o bien dejaron de pagar la cuota o bien hace tiempo que, además de no pagar, han dejado de dar señales de vida. Existen verdaderos expertos en pujar a ciegas por el ‘contenido’ existente en esos trasteros o almacenes particulares. A veces, hay ‘tesoros’, en otros, sólo hay baratijas, trastos o basura sin más. El olvido de sus dueños no los hizo desaparecer. Tampoco el tiempo fue una variable decisiva.
¿Cómo sugiero abordar el tema?
Obviamente, no dejándolo en manos del ‘tiempo’.
Todo lo no atendido, con el tiempo (aquí si que el tiempo juega un papel activo), se pondrá peor… Por regla, general, ‘casi’ nada que esté estropeado mejora con el factor tiempo… Cierto es que una rotura se podrá curar por sí sola a pesar de que no se haga nada (así era en los tiempos en los que la Medicina no existían aún), lo mismo que un resfriado o una infección… Aunque, puede que tal vez, deje secuelas al no haber sido tratado adecuadamente. Esto es lo habitual cuando del cuerpo físico se trata, pero otra cosa (es mi experiencia personal), es el ‘cuerpo’ emocional, la psique, el alma.
Las ‘heridas emocionales’ no curadas o no resueltas, esas que se encerraron bajo siete llaves en el trastero del inconsciente suelen mostrar su ‘estado de no sanación’ muy habitualmente en forma variada: enojos habituales, tristeza sin motivo, desánimo, abordar las situaciones con llanto, depresión, ira, necesidad de quedar por encima de los demás, mal manejo de la frustración, descuido emocional de uno mismo, pensar mal de uno mismo, victimismo, no atreverse a poner los límites, mal meterse con uno mismo, considerarse un desastre, mentir, discutir por discutir, no responsabilizarse de las conductas propias, cansancio vital, decepción…
Entonces, si el tiempo, sepulta pero no cura… ¿Qué hacer?
Ir al trastero y sacar todo lo que allí hay para así poder hacer una selección de lo que se puede y debe ‘curar’ y lo que no necesita cura sino ser echado a la basura. Sí. A veces, basta con echar al basurero los recuerdos, vivencias, sueños rotos o no realizados… que no sirven para nada excepto para dar dolor de cabeza y otros malestares como por ejemplo ‘tener a gente en tu cabeza sin pagar alquiler’ (este concepto se me ocurrió hace muchos años y así lo reflejé en uno de mis libros). Solemos guardar ‘recuerdos’, facturas no pagadas (tipo: fulanito o sotanita me hizo tal cosa…), rencores varios que no hacen sin o crear moho en nuestro inconsciente al no dejar que circule el aire.
Ergo, tirar trastos es una tarea con resultados muy saludables.
Y, ¿qué hacemos con lo que no se resuelve tirándolo a la basura?
Abordarlo.
Abordarlo como si de un potencial tesoro se tratase:
- ¿Me puede enseñar algo?
- ¿Me puede servir para algo?
- ¿Podría ayudarme a resolver algo?
- ¿Guarda relación con algún otro de los otros ‘tesoros’ potenciales que hay aquí guardados?
- ¿Cómo debería proceder caso de que me lo quiera ‘quedar’?
- ¿Cómo haré (evidencia) para saber que lo ‘resolví’ adecuadamente, que le saqué provecho?
En el libro ‘Mujeres que corren con lobos’ de Clarissa Pinkola Estés, ella habla de la capa que bordaron con todos y cada uno de los eventos vitales dolorosos que, tanto ella como sus pacientes, se confeccionaron. Es una bella manera de resumir el trabajo de resolución de conflictos. En mi caso, opté por una fiesta de celebración a la que invité (metafóricamente hablando, pues sólo fue en mi imaginación, o sea, virtual), a todas aquellas personas que no habían creído en mí, me había obsequiado con esponsorización negativa o con antipiropos, me habían dado la espalda o traicionado, mentido y etc etc etc… Les organicé la fiesta, me coloqué en la puerta cual buena anfitriona, les dí la bienvenida uno a uno. Y, uno a uno, les fui dando las gracias por lo que me habían hecho puesto que eso yo lo había usado como ‘lección’ u oportunidad de aprendizaje. Asimismo, despedí uno a uno. Les observé alejarse hacia el infinito y como se los tragaba un agujero negro haciéndolos desaparecer de mi vista y de mi vida. Me quedé muy a gusto, fantástica. Por consiguiente, como buena valenciana, o hago fiestas o hago una Falla donde quemo trastos viejos (ese fue el origen de las Fallas en Valencia).
¿Qué hago con todo ese espacio vacío?
Decorarlo con lo que más me apetece, por ejemplo, con Luz angelical, buenos pensamientos, recuerdos maravillosos, buenos aromas, vivencias con personas/almas que le hablaron a la mía aunque fuese un rato… Me gusta la armonía, la belleza, el orden, me gusta la Vida.
En mi vida, reino yo y lo que a mí me gusta, me sienta bien, me ayuda a ser mejor ser humano y no me toca la corona, porque, ésta, no me la quito ni para dormir.
Un trastero sin trastos se puede convertir en la habitación de la creatividad, en el salón del trono… En lo que tú quieras.
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