Con la modernidad y la tecnología, cada vez es más fácil aprovechar las herramientas que nos dan para acortar largas distancias, ya sea en una misma ciudad o entre ciudades, inclusive países.
Recientemente uno de mis clientes le comentó a su equipo que la diferencia generacional marcaba el contraste de por qué la gente más joven aprovechaba las herramientas tecnológicas —correos electrónicos, teléfono, etc.— para no ir a visitar a sus clientes. Sin embargo, las personas de generaciones anteriores, que no crecieron con estas aplicaciones, prefieren las visitas personales.
Puedo entender que te hagas práctico y te actualices para acercarte a otros, pero no hay nada mejor que hacerlo personal. De esta manera, haces una mejor conexión y fortaleces la relación de modo que se hace un nexo sólido y más difícil de romper. La otra opción es que logres perfeccionar tu manera de comunicarte de manera que parezca que estás frente a la persona, y sabemos que eso no es fácil para todos.
No hay nada que sustituya una sonrisa y que la otra persona se sienta contagiada por ella. No es lo mismo que lo veas a los ojos, que sientas que estás dándole importancia y empieces a hacer click. Tu postura y la energía que transmites al escucharlo en persona proyecta esta intención de que la otra persona te importa.
Por supuesto que hay ventajas al aprovechar la tecnología para comunicarte con otros, sobre todo cuando hay largas distancias que recorrer, puedes disminuir ciertos costos y adicionalmente, ahorras tiempo que puede ser bastante productivo. Sin embargo, si tienes la oportunidad de verlo físicamente, hazlo personal.
Si quieres que tus clientes te sean leales y que se fortalezca la relación, no te escondas detrás de los correos electrónicos, mensajes de texto y teléfonos. Fortalece tus conexiones y genera lealtad.
¿Tú prefieres resolver por mensaje o te das el tiempo de ver a las personas cara a cara?
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