LA ESTRATEGIA QUE TE SALVÓ TAMBIÉN PUEDE CADUCAR.

LA ESTRATEGIA QUE TE SALVÓ TAMBIÉN PUEDE CADUCAR.

Y pasa más de lo que pensamos.

Marijo Codesal

¡Hola! Soy Marijó Codesal y esta es una Carta de Rebelión Financiera. Cada semana exploro una dimensión de tu identidad financiera para hacer más consciente la relación que tienes contigo misma cuando miras de frente a tu dinero. Y cuando toca, también bajamos ese trabajo a tácticas y estrategias concretas. Transformar tu dinero sin tocarte por dentro no funciona, pero quedarte solo en lo interior tampoco.

¿Te rebelas conmigo?


 

Hay formas de sobrevivir que funcionan tan bien que terminamos confundiéndolas con nuestra personalidad o identidad. Yo soy…. (fill in the blank)

Trabajar más. Resolver todo. Mirar hacia afuera antes que hacia adentro. Hacerte cargo. Mantenerte ocupada. No detenerte demasiado, porque detenerte da miedo.

Durante años he sido así… y también he acompañado a mujeres a mirar sus números, y hay algo que aprendí que no está en ningún curso de finanzas personales: casi nunca el problema es la falta de disciplina. Si me comprometo conmigo misma lo logro… y si tengo un accountability partner ¡MÁS!

El problema es que hubo una etapa, o a veces varias etapas, en la que el trabajo, un proyecto o una responsabilidad fueron la cuerda que usaste para atravesar algo difícil. Como una manera real, inteligente, de seguir caminando cuando no había otra.

Y eso funcionó. Ese es el problema.

Me pasó cuando mi hija estuvo en el hospital después de una cirugía de corazón abierto.

Ahora me doy cuenta que no necesitas soltar inmediatamente lo que te salvó. Necesitas darte cuenta de cuándo dejó de salvarte. Yo ahí voy en el proceso.

Lo que veo también en el dinero

¡Claro!, siempre es más fácil ver la paja en el ojo ajeno que la viga en el propio por eso, después de años sentada frente a los números de otras personas he visto algo que se repite con bastante precisión… muchas mujeres no están financieramente desordenadas porque no sepan qué hacer. Al contrario. Son extraordinariamente buenas resolviendo. (Yo igual… pero es más difícil verlo en mis números personales)

Trabajan. Pagan. Se anticipan a la crisis antes de que llegue. Sostienen a otros sin que se los pidan. Encuentran la manera, siempre.

El problema aparece cuando toda su estabilidad depende de una condición silenciosa y bien injusta… no poder cansarse nunca.

Las estrategias de supervivencia tienen fecha de caducidad

Una conducta no es buena ni mala fuera de contexto. Trabajar para no derrumbarte, controlar para sentir seguridad, anticiparte para evitar la próxima crisis, no pedir ayuda porque necesitabas recuperar tu propia autonomía, cuidar a otros porque eso te daba estructura cuando todo lo demás se caía. En ese momento, todo eso fue adaptativo y fue lo correcto. Pero…. caduca.

El problema empieza cuando esa estrategia que te salvó se convierte en tu identidad.

De “en ese momento necesité hacerme cargo” pasamos a “yo soy la que siempre se hace cargo.” De “trabajar me ayudó a atravesarlo” pasamos a “si dejo de producir, no sé quién soy.”

Y uff ¡cómo cuesta! Me está costando.

Por eso lo escribo y busco sustento y… nuevas estrategias. Aquí entra algo que la economía conductual explica mejor que cualquier discurso motivacional. Cambiar consume energía mental, y cuando estamos cansadas, el cerebro elige lo conocido, no porque sea lo mejor, sino porque exige menos esfuerzo.

Es el sesgo del status quo.

Y la neurociencia de la fatiga decisional añade una segunda capa. Cuando llevas demasiado tiempo decidiendo bajo tensión, tu capacidad de autorregularte se desgasta y empiezas a elegir lo inmediato, lo familiar, lo que ya conoces, aunque te esté costando caro.

No es falta de valentía. Es que ya decidiste demasiado, demasiadas veces, sola.

El costo invisible

¿Cómo se ve una estrategia emocional caducada en tus finanzas?

Trabajas más en vez de revisar si tu estructura de gastos todavía tiene sentido. Pagas tú antes que sostener una conversación incómoda. Ahorras de manera compulsiva porque gastar te activa una inseguridad que no tiene nombre. No delegas nada porque depender de alguien te incomoda más que hacerlo todo tú misma. Mantienes un ingreso, un cliente, un negocio o un compromiso que ya no te conviene, simplemente porque durante años fue tu salvavidas.

Tienes todo bajo control. Y aun así sientes que en cualquier momento algo puede salir mal. Poder no es paz. Es delicada tensión que parece eficiencia.

No tienes que despreciar a la mujer que sobrevivió

Esto no es sobre volverte enemiga de tu pasado. No se trata de decir que “estabas mal.” Se trata de decir: eso tuvo sentido entonces.

Una estrategia puede merecer tu gratitud y aun así haber llegado a su fecha de caducidad. Y duele… horrible.

Puedes agradecerle a esa versión de ti haber trabajado, resuelto, previsto, cargado con lo que nadie más quiso cargar. Y todavía decir, con la misma honestidad, ya no quiero que mi vida dependa de que yo siga trabajando horas extra.

Eso es Identidad Financiera Consciente en su forma más simple.

No eliminar conductas por castigo sino actualizar sistemas porque tu contexto, tu capacidad y tu etapa de vida ya cambiaron. Recordándonos amorosamente que lo único constante es el cambio.

No construyas tu próxima etapa con las mismas estrategias que necesitaste para sobrevivir la anterior.

Madurar financieramente también es dejar de organizar tu vida alrededor de amenazas que ya no existen.

Ahora…

Para actualizar una estrategia primero necesitas un espacio donde plantearla y observarla sin juicio. No siempre requiere una decisión radical de un día para otro. Necesitas entender qué estaba protegiendo antes de decidir si todavía la necesitas.

Eso es lo que sostenemos en el Santuario de Identidad Financiera. Una comunidad donde trabajamos, con estructura y sin presión, cuáles de tus estrategias todavía te pertenecen y cuáles ya puedes soltar. Ahí te veo https://nas.com/santuario-de-identidad-financiera

Si quieres hacerte preguntas como auditoría que te revelen si alguna de tus estrategias financieras ya caducó te invito a que te suscribas al newsletter como suscriptora de pago para que con ello me permitas mantener las publicaciones y tu recibas acciones para aplicar cada semana en tu correo electrónico.

Recuerda… primero tú, luego el dinero.

Marijó

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