La deuda que más me enseñó

La deuda que más me enseñó

Y no era la que aparecía en mi estado de cuenta.

Marijo Codesal

Esta es una Carta de Rebelión Financiera. Cada semana exploro una dimensión de tu identidad financiera para hacer más consciente la relación que tienes contigo misma cuando miras tu dinero de frente. Y cuando toca, también bajamos ese trabajo a tácticas y estrategias concretas — porque transformar tu dinero sin tocarte por dentro no funciona, pero quedarte solo en lo interior tampoco.

 

Hubo un momento en que revisaba mis finanzas y sentía que me revisaba a mí misma.

No las cifras. A mí.

Como si cada número negativo fuera una confirmación de algo que ya sospechaba: que algo en mí estaba mal. Que yo era el problema.

Eso es lo que nadie te dice sobre las deudas.

Que el golpe más fuerte no lo da el banco. Lo das tú misma, en silencio, cada vez que interpretas lo que debes como evidencia de lo que vales.

El costo que no aparece en ningún estado de cuenta

Después de años acompañando a personas a ordenar su relación con el dinero, observo un patrón que se repite con una consistencia que ya no me sorprende, pero que todavía me mueve:

La mayoría no sufre por la deuda en sí.

Sufre por lo que cree que la deuda dice de sí.

Hay una diferencia enorme entre esas dos cosas. Y mientras no la veamos, ningún plan de pagos va a resolver lo que en realidad está pasando.

 

Lo que la economía conductual sabe (y tú ya vives)

En 2013, los economistas Sendhil Mullainathan y Eldar Shafir publicaron un estudio que cambió la forma en que entendemos la escasez.

Su hallazgo central: cuando las personas viven bajo presión financiera sostenida, parte de su ancho de banda mental queda permanentemente ocupado procesando esa presión. No como una decisión consciente. Como un costo cognitivo automático.

Lo llamaron tunneling: el fenómeno por el cual la mente se enfoca tan intensamente en el problema inmediato que pierde capacidad para ver más allá de él.

Traducción directa: cuando estás en deuda y con estrés financiero crónico, literalmente tienes menos capacidad cognitiva disponible para tomar buenas decisiones. No porque seas irresponsable. Sino porque tu sistema nervioso está ocupado sobreviviendo.

Esto no es metáfora. Es neurobiología.

El Dr. Stephen Porges lleva décadas estudiando cómo el sistema nervioso autónomo responde a las amenazas percibidas. Cuando el cuerpo interpreta una situación como peligrosa, la corteza prefrontal —la parte del cerebro encargada de planear, priorizar y decidir con claridad— reduce su actividad. La energía va hacia la supervivencia, no hacia la estrategia.

Una deuda que te genera vergüenza activa exactamente esa respuesta.

Por eso no puedes “solo ponerte a hacer un presupuesto” cuando estás en pánico financiero. Y es porque tu cerebro literalmente está en modo de alerta, no en modo de planificación.

 

Aquí está la pregunta que llevo años haciendo, en distintas versiones, a las personas con quienes trabajo:

¿Qué fue lo más difícil de tu experiencia con las deudas? No económicamente. Emocionalmente.

Las respuestas casi nunca hablan de tasas de interés.

Hablan de vergüenza. De sentirse menos. De no poder dormir. De dejar de hablar de dinero con su pareja. De evitar abrir el correo. De sonreír en la cena de Navidad mientras por dentro calculaban cuánto faltaba para el siguiente pago.

La deuda financiera produce una deuda emocional paralela que nadie contabiliza.

Y esa segunda deuda —la de la autoestima, la paz, la confianza— es la que más cuesta saldar.

No porque sea más difícil. Sino porque primero hay que reconocer que existe.

 

Lo que yo aprendí de mi propia deuda más difícil

La deuda que más me enseñó no fue la más grande.

Fue la que más tiempo me tomó mirar de frente.

Porque mientras no la miraba, me contaba una historia sobre mí misma que me convenía creer: que era un error puntual, una mala racha, algo externo. Que cuando se resolviera, todo volvería a estar bien.

Pero el problema no era la deuda. Era lo que yo había construido alrededor de ella para no tener que sentir lo que realmente sentía.

Vergüenza. Miedo. Y una sensación profunda de que no era suficiente. Lo que más me quemaba era que había pedido ayuda a personas muy cercanas y ninguna de las dos me apoyó. Eso me rompió muchísimo porque pegaba directo en… “no soy digan de ayuda tampoco”.

Cuando por fin paré —no para “atacar la deuda”, sino para preguntarme qué me estaba enseñando— algo cambió.

No cambió de golpe. No cambió de manera espectacular. Pero cambió desde adentro.

Y eso, descubrí, es la única dirección desde la que el cambio financiero dura.

 

Desde el marco de mis Chakras Financieros, la deuda vive principalmente en el Chakra Plexo Solar Financiero: el centro del poder personal, de la capacidad de usar el dinero como herramienta en lugar de vivirlo como amenaza.

Cuando este chakra está en desequilibrio, el crédito y la deuda dejan de ser instrumentos neutrales y se convierten en espejos de nuestra valía. Cada estado de cuenta se convierte en un juicio.

El trabajo no es moral. No es de disciplina.

Es de identidad.

La pregunta no es ¿cómo pago esto?

La pregunta es ¿desde qué versión de mí misma quiero ordenar esto?

Porque una persona que se ha mirado con honestidad y se ha dado permiso de entender —sin juzgarse— qué pasó y por qué, toma decisiones distintas. Más sostenibles. Más alineadas.

No porque tenga más información. Sino porque ya no está tomando decisiones desde el pánico.

 

Una invitación antes de seguir

Si algo de esto resuena, me gustaría seguir esta conversación contigo de manera más directa.

Estoy abriendo un espacio limitado de conversaciones sobre deuda y prosperidad: sin agenda de venta, sin presión, sin fórmulas. Solo una conversación honesta que podemos entablar vía correo (por aquello de la vergüenza) sobre tu historia financiera y lo que podría ser diferente.

Si quieres reservar tu espacio, puedes hacerlo aquí: Conversaciones Deuda y Prosperidad

MIentras...

Te abrazo porque es duro vivir endeudad@.

Marijó

PD: Si quieres empezar a trabajar en acciones concretas o leer el boletín completo y apoyar mi trabajo para que pueda seguir compartiendo contenido valioso en paz y con todo corazón suscríbete aquí

Enviadme un correo electrónico cuando las personas hayan dejado sus comentarios –

¡Tienes que ser miembro de Retos Femeninos para agregar comentarios!

Join Retos Femeninos