Algunos de los mentores más significativos inician como extraños en una sala de juntas llena de títulos y tarjetas de presentación. Así, en una sala de juntas, fue exactamente como encontré a una de mis mentores de vida. Nunca tuvimos las etiquetas oficiales como mentor y mentee, pero por 15 años él me recordó quién era yo a través de los mejores regalos que un mentor te puede dar: tiempo y confianza.
Nos conocimos en 2011 durante un viaje por trabajo a Rochester, NY, nuestros roles e intereses en libros, tecnología y transformación digital nos hicieron coincidir en muchas ocasiones a pesar de vivir en ciudades diferentes. Cada comida o café juntos estuvo siempre lleno de conocimiento acerca de la vida, artes, liderazgo y tecnología. Cada llamada o conversación por chat terminó con palabras amables y motivadoras; su conversación fue siempre elocuente y disfrutable.
Recuerdo aquella cena hace años cuando le compartí mi deseo de regresar a la escuela para tener un grado de maestría. Mientras la beca disponible en el trabajo se le negaba únicamente a la mujer de IT en el grupo de empleados que la solicitamos, él afirmó que volvería a la ciudad para atender la sesión informativa del MBA conmigo. Me sorprendió lo seguro que estaba de que yo iría a la sesión informativa sin haber resuelto la inversión y mientras criaba a mi hijo como madre soltera, pero decidí pensar en eso más adelante, así que no lo contradije. Años después, él me explicó que estaba seguro de que yo encontraría una manera de resolver porque era un obstáculo menos complejo que lidiar con el padecimiento renal de mi hijo, y él había sido testigo de lo exitosa que había sido en esa misión. Tenía razón, encontré la manera tomando un préstamo del fondo universitario que estaba formando para mi hijo, el cual reembolsé tan pronto como encontré un rol mejor pagado al terminar mi MBA.
Lo anterior explica por qué fue mi invitado en la ceremonia de graduación junto con mis padres e hijo. Él fue también quien tomó una foto de mi y mi hijo, quien siendo pequeño entonces, gritó; “¡Esa es mi mamá!” cuando mi nombre fue mencionado como estudiante Summa Cum Laude del programa. Otra foto, tal como la que tomó cuando coincidimos en un CIO Summit y fui speaker presentando un proyecto de Transformación Digital y acompañó con un mensaje de reconocimiento a mi trabajo.
Mi mentor nació en verano, por eso ha estado tan presente en mi mente estos meses. Este año no pude llamarle, desafortunadamente, no hay teléfonos donde su alma vive ahora; han pasado 8 meses desde que no podemos chatear y la baja energía que el tratamiento le dejó no nos permitió hablar los últimos dos meses del año pasado. No pude decirle adiós, pero su guía todavía acompaña muchas de las decisiones que tomo.
Con un gran espíritu altruista y una enorme vocación de servicio, él inspiró a cientos de personas, nunca necesitó dar un discurso de ser un gran equipo, un mentor o un amigo, él simplemente actuó de esa manera para quienes tuvimos la fortuna de conocer su generosidad. Cada oportunidad es una buena oportunidad para decir gracias a quienes acompañan nuestras trayectorias.
Gracias querido mentor, porque algunos encuentros te cambian la agenda, pero otros te cambian la vida.
Dedicado a la memoria de José Alberto Diosdado Delgado.
Comentarios