Hoy quiero compartir un poco de mi experiencia como Observadora de la Práctica Docente, que es una figura que existe en las Escuelas Normales Públicas de México, que preparan a los futuros docentes de educación básica del país (preescolar, primaria y secundaria o educación media).
Después de conversar con muchos maestros (sin que esto pretenda ser un estudio de campo formal), me han hecho saber que el más grande desafío como profesores, es su relación con los padres de familia; padres que suelen estar ausentes en muchas ocasiones, ya sea por razones laborales o porque son muy jóvenes y se apoyan en los abuelos para el cuidado y crianza de sus hijos, y que, a pesar de esa ausencia, se han vuelto terriblemente demandantes, olvidando cuál es el compromiso de la institución educativa y cuál es el suyo con sus niños.
Para ejemplificar esta confusión, comparto tres casos: el primero se refiere a un pequeño de 4 años, que fue inscrito en el segundo grado de preescolar, en una escuela pública, en una zona de bajos recursos económicos, quien, desde los primeros días demostró barreras para comunicarse, ya que no hablaba; además de tener conductas desafiantes que ponían en riesgo la integridad física de sus compañeros, incluso, la de su profesora, a la que agredió con un golpe en la espalda, propinado con una silla, porque ella le dijo que no podía salir del aula solo en cualquier momento. Ella tenía a su cargo un grupo de 22 estudiantes de entre 4 y 5 años, por lo que no quería arriesgarse a una demanda por no cuidar del pequeño. Después de ese incidente, se habló con la madre, por lo menos en tres ocasiones, para que llevara a su hijo con un especialista para recibir un diagnóstico y le ofrecieron apoyo del área psicológica a la que tiene acceso el plantel. La señora negó cualquier posibilidad de que su hijo tuviera alguna dificultad que atender, insultó a la maestra y a la directora, y amenazó a la institución con poner una demanda, por no saber cómo educar a su hijo.
El segundo caso se refiere a una escuela primaria o básica, ubicada en una zona de nivel socioeconómico medio, que, atendiendo a las disposiciones de la Nueva Escuela Mexicana, solicitó a los padres de familia evitar incluir en el lunch de sus hijos, comida “chatarra” Emitió recomendaciones para que supieran cómo preparar alimentos de alto nivel nutricional y buen sabor, a bajo costo. Los padres comenzaron a sacar las papas fritas de la bolsa y a ponerlas en recipientes con tapa, a vaciar el refresco de cola en vasitos con popote, entre otras cosas, para ver si podían engañar a las maestras. Cuando se detectó el problema, advirtieron a los padres sobre los riesgos a los que exponían a sus hijos al no procurarles alimentos saludables. Algunos de ellos reclamaron a los profesores, señalando que los hijos eran de ellos y que decidirían qué enviarles a la escuela para comer.
El tercer ejemplo es el de una madre que pretendió instruir a la profesora sobre qué actividades y tareas podía dejarle a su hijo, ya que ella no estaba dispuesta a invertir mucho tiempo en estar guiando trabajo extraescolar. Y si bien es cierto, el exceso de tareas nunca es recomendable, porque los niños requieren de jugar para un sano desarrollo, el modo imperativo de la madre al establecer lo que la maestra podía o no hacer, habla de una ausencia de límites.
¿Son las nuevas políticas educativas?
¿Es una generación de padres que desconocen las bases de una disciplina inteligente?
¿Es el desconocimiento de la responsabilidad de un padre en la formación de sus hijos?
Mi invitación a todas las madres y padres de familia es a diseñar el perfil de seres humanos y de ciudadanos en el que les gustaría educar a sus hijos y a priorizar el diálogo, para realizar un trabajo conjunto, coordinado y congruente con la profesora o profesor responsable, con las autoridades educativas y con los cuidadores de los pequeños, para que se formen con salud y en un ambiente de valores y no se esfume la esperanza de que el mundo puede mejorar.
No es mi intención generalizar, ni señalar a los padres como inconscientes o irresponsables, es un llamado gentil a reflexionar sobre nuestro rol como formadores de la niñez presente y la adultez futura.
Si necesitas acompañamiento, contáctame: gabycruzcoach@gmail.com
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