La resiliencia de una mujer que decidió no abandonarse.
¿Alguna vez has sentido que tu mundo se tambalea y que lo que creías seguro empieza a desmoronarse sin aviso? ¿Alguna vez te has encontrado frente a decisiones que te paralizan, sintiendo que cada paso podría ser un error irreparable? ¿Alguna vez el miedo se ha instalado tan adentro de ti que late con un rumor constante en tu pecho y tu mente no deja de repetir: “¿Y si no soy suficiente?” Si estas palabras resuenan contigo, quédate porque están escritas especialmente para ti, para la mujer que quiere sostenerse, crecer y florecer incluso cuando todo parece incierto.
Hay momentos en la vida donde no hay respuestas claras, donde lo que antes parecía firme comienza a resquebrajarse, y sostenerte se siente como un acto invisible de resistencia que nadie ve ni reconoce. Es en ese lugar, no en la claridad, sino en la duda, donde empieza la transformación. Cuando la incertidumbre se instala, los miedos dejan de ser solo ideas; se sientan contigo en tu mesa, te observan mientras dudas de tus decisiones y te susurran que quizá no estás a la altura y que todo está perdido.
Son miedos silenciosos pero implacables, nacen del peso de sostenerlo todo, de la creencia de que no puedes fallar, de esa voz interna que te hace sentir que cada error puede derrumbarlo todo. Y sin embargo, en medio de ese vértigo, algo cambia cuando decides mirar esos miedos de frente, escucharlos sin juicio y comprender que forman parte de tu camino, no son tu sentencia.
En ese punto entendí algo que cambió mi perspectiva, la psicóloga Julie Smith hace un planteamiento que resuena profundamente: “Gran parte de la angustia que provoca la incertidumbre surge cuando intentamos controlarla. Lo más útil es reducir el enfoque y concentrarse solo en los siguientes pasos a dar”. Experimenté esta verdad cuando aprendí a detenerme, y a hacer espacio para respirar antes de seguir y aunque el miedo no desapareció, dejó de gobernarme. Recuerdo un día en que todo parecía oscurecerse, una decisión me paralizaba, pensé: “No necesito tener todas las respuestas, no necesito sentirme completamente lista, solo daré este paso aunque este muerta de miedo”.
Más tarde comprendí lo que dice la psicóloga Laura Rojas-Marcos cuando habla de la “personalidad resistente” como la capacidad de sostenerse y transformarse en medio de la adversidad. Ella explica: “La resiliencia no es un don exclusivo; se construye enfrentando la incertidumbre y reconociendo nuestras emociones”. Y eso es exactamente lo que comencé a hacer: Observar mis miedos, escucharlos y usarlos como brújula, no como cadenas. Por tal motivo, florecer cuando todo es incierto no es un acto romántico, es una decisión diaria para enfrentar los desafíos de la vida con la mejor actitud. Y justo allí, al empezar a mirar más hondo, llegué a la raíz de mi inquietud, la cual no era solo miedo al futuro o a lo desconocido, al que dirán, al rechazo o al fracaso; era mi comparación.
Durante años me medí con estándares que ni siquiera había elegido, me preguntaba por qué mi camino no coincidía con el de los demás, por qué mis tiempos eran distintos, por qué mi historia no seguía guiones que parecían “correctos”, como tener hijos o casarme. Hubo momentos en los que creí que algo en mí estaba mal, que si no encajaba en ciertas estructuras, entonces estaba equivocada, que si mi historia no se parecía a la de otras mujeres, era porque había fallado. Pero la verdadera fractura no era mi vida, era mi desconexión conmigo misma. En tal sentido, la paz interior no llegó al cambiar mi entorno, llegó cuando dejé de cuestionar la forma de mi historia, cuando entendí que no vine a cumplir expectativas ajenas, sino a honrar mi propio diseño, incluso hasta en la forma intima y sagrada que tengo para relacionarme con Dios. Y desde esa coherencia interna, empecé a construir resiliencia.
Resiliencia que me conectó con el hecho de aprender que florecer en la incertidumbre no se trata solo de soportar el miedo, se trata de hacer algo concreto con él. A continuación te comparto algunas herramientas que me han ayudado y espero que sean útiles para ti:
- Volver al cuerpo cuando la mente se desborda: La ansiedad vive en la anticipación, el cuerpo vive en el presente. Respirar profundo, sentir los pies en el suelo, hacer una pausa consciente me devuelve al ahora. No soluciona el futuro, me estabiliza para enfrentarlo.
- Nombrar el miedo sin vergüenza: Decir “tengo miedo” es más poderoso que fingir fortaleza. Cuando lo nombré, dejó de ser un monstruo invisible. Se convirtió en información, y la información se puede gestionar.
- Diferenciar herida de identidad: No soy lo que me pasó, no soy mis errores, no soy la decisión que salió mal. Esa distinción me permitió integrar el dolor sin permitir que me definiera.
- Escribir para ordenar el caos: En mi mente todo parecía irreversible, en el papel se volvía procesable porque escribir es una forma de conversación muy honesta conmigo misma.
- Avanzar a pesar del miedo: Esperar sentirme lista era una trampa, ya que, nunca llega la certeza absoluta. Pero el movimiento, aunque pequeño, genera confianza. Un paso crea impulso, el impulso crea claridad.
- Recordarme mi valor sin condiciones: Decirme “soy suficiente” no es una frase motivacional, es una reconstrucción interna. Mi valor no depende de resultados ni de aprobación, depende de quién soy incluso a pesar de que todos tus cimientos se estén desmoronando.
- Integrar, no borrar: Esta fue la clave más difícil; entender que florecer no significa estar intacta, significa estar consciente. Algunas heridas no desaparecen, dejan de tener poder en ti. Algunas historias no se corrigen; simplemente se integran. Y a partir de ese lugar se construye una versión más fuerte, más auténtica y más real.
Hoy, mirando atrás, veo que lo incierto no vino a destruirme, vino a mostrarme de qué estoy hecha. Entonces, la incertidumbre dejó de ser un enemigo y se convirtió en territorio de crecimiento incluso cuando no hay certezas, el miedo dejó de ser una sentencia y pasó a ser señal, las heridas dejaron de ser prueba de debilidad y se volvieron evidencia de que he vivido. Florecer en medio de lo incierto no es vivir sin miedo, es caminar con él sin permitir que decida por ti, es aceptar que no todo se sana, algunas historias se sueltan y todo puede transformarnos.
En esta escuela de la vida, lo incierto me sigue enseñando que puedo florecer en medio del caos, del miedo y de lo inesperado. Florecer en lo incierto significa decidir vivir de verdad, aceptar que la valentía no es ausencia de miedo, sino caminar con él y usarlo como motor en lugar de freno. Y aunque nadie pueda verlo desde fuera, eso…es valentía pura.
POSDATA: Para profundizar en temas de crecimiento personal y resiliencia femenina, te invito a leer mi libro Una mujer al otro lado del miedo, disponible en Amazon.
Mayerlin Romero
Escritora venezolana | Lisboa, Portugal
@soy.mayer
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