Ya nos toca

 

Cada vez somos más quienes sostenemos que el siglo XXI debe ser y será el siglo de las mujeres.

Porque en estos tiempos es una realidad insoslayable que las mujeres aparecen y reaparecen destacando con méritos de sobra en todos y cada uno de los espacios de la vida social, económica, política, científica, deportiva y cultural.

Es ésta una estimulante realidad que se ha extendido en casi todo el mundo, donde ya son innumerables los ejemplos de mujeres que tienen una participación destacada en muy diversos ámbitos, incluidas quienes están al frente de las presidencias de sus países o en los cargos directivos de los organismos internacionales, con gran presencia e influencia global.

Lo mismo podemos mencionar a Angela Merkel, al frente de una de las potencias del mundo, como lo es Alemania, que a la primera ministra de Dinamarca, Helle Thorning-Schmidt, o a aquellas que son presidentas de países latinoamericanos, como Michelle Bachelet en Chile, Dilma Rousseff en Brasil y Cristina Fernández en Argentina. De hecho, en la actualidad más del 10 por ciento de los gobiernos del mundo están encabezados por mujeres, según un recuento que realizó en enero BBC Mundo con motivo de la toma de posesión de Kolinda Grabar-Kitarović como presidenta de Croacia.

Viene a propósito mi comentario porque recientemente Hillary Clinton anunció su intención de ser candidata a la Presidencia de Estados Unidos por el Partido Demócrata. Clinton es, como sabemos, una mujer que ha sabido forjarse a sí misma y ha transitado por momentos muy difíciles tanto en su vida familiar como en su desempeño gubernamental; ha encabezado cargos y responsabilidades de la más alta jerarquía dentro de su país, aún considerado la potencia número uno en el mundo.

A lo largo de su carrera política se ha podido constatar su voluntad de trabajar con mujeres y hombres sin distingo y lejos de cualquier animosidad contra estos últimos. Esto me parece una práctica ejemplar y muy afortunada porque estoy convencida de que para construir un mundo mejor –incluido, desde luego, nuestro país– se requiere una complementación entre hombres y mujeres en todos los campos, lejos de exclusiones, rivalidades y otros prejuicios castrantes para la humanidad.

Hillary Rodham ha demostrado, a la vez, esa enorme capacidad y madurez para trabajar con su esposo y apoyarlo a fin de que llegara a la primera magistratura de ese país, así como méritos propios dado su talento y su experiencia política. Además, su buen desempeño en las posiciones destacadas que ha ocupado le permite aspirar legítimamente a colocarse ahora al frente de los destinos de su nación. Hay que recordar el invaluable apoyo que brindó a Barack Obama cuando él ganó las elecciones primarias en las que ambos compitieron para obtener la candidatura presidencial por el Partido Demócrata, con lo que dio un testimonio de madurez y lealtad a las instituciones. Después tuvo una brillante gestión como secretaria de Estado en el primer periodo gubernamental de Obama.

Ahora que ha anunciado su precandidatura, las mujeres lo celebramos –y de seguro también muchos hombres–, no sólo por el hecho de que se trata de una mujer sino fundamentalmente por su ameritada historia personal, profesional y política, además de su apertura y su conciencia social, y por las propuestas que enarbolan los demócratas dentro y fuera de Estados Unidos, a diferencia de la cerrazón y dureza de los republicanos en general.

Si acaso, sólo parecen obstaculizar su camino algunas afecciones pasajeras de salud, sin que lleguen a ser en sentido estricto impedimentos para que la exsenadora pueda llegar a la Casa Blanca.

Ante este panorama, es inevitable pensar que México también requiere esos cambios a fondo y que tenemos que abrir desde ahora el horizonte para que las mujeres ocupen por vez primera en nuestra historia representaciones mayoritarias en los tres poderes, así como cargos de alto nivel que incluyan a corto plazo una presidenta de la república o una rectora de la Universidad Nacional, lo cual sería un avance sustancial en el horizonte de la sociedad mexicana.

Urge que en nuestro país también se registren avances relevantes en cuanto a la equidad de género, que aquí se han rezagado y van muy lentos en comparación con el ritmo del mundo actual, pues los cambios en ese rubro se empezaron a ver desde el siglo pasado tanto en la dimensión latinoamericana como a escala global. México no se debe quedar atrás en estos logros.

 

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