¿Valores en duda?
Rosa Chávez Cárdenas
Hace unos días dejaron a una perrita amarrada en el cancel de mi consultorio, una casa que comparto con la oficina de mi hijo. Es tan compasivo con los animales que ya habíamos adoptado una gata que llegó a maternidad en la cochera, nos quedamos con ella y uno de sus hijos.
Me quedé sorprendida de la bienvenida a la hija pródiga, plato de croquetas, recipiente de agua y cama con colchoneta, en la cochera. Pasan los días en espera de una persona que la adopte sin resultados. Juguetona como es su naturaleza, primero acabó con las macetas pequeñas y me tragué el coraje, al día siguiente al llegar me percaté de otra maceta tirada en el suelo. El coraje no lo pude disimular y molesta le dije a mi hijo:
- no puede permanecer aquí un día más, es un problema, cuando llegan los pacientes, algunos se molestan. Ve las vagancias que ha hecho, se tiene que ir.
- ¿Qué quieres que haga?, que la eche a la calle como sus dueños a que la atropelle un carro.
- No puedo esperar más a que alguien la adopte, ya tengo bastante con mis cosas, le respondí.
- ¿Quieres que la eche a la calle?, no puedo, tú me enseñaste a ser compasivo con las personas y los animales, no puedo ir en contra de mis valores.
Me quedé muda, no supe que decirle. El dialogo interno se encargó de negociar con el ego. No puedo enseñar doble mensaje, tengo que ser congruente, esperar que le consiga una casa que la adopte. Me relajé.
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