Jaime Rodríguez, el Bronco, una vez más hizo honor a su apodo: al tomar posesión como gobernador de Nuevo León, el pasado 3 de octubre, anunció, muy a su manera, medidas abiertas y decididas.
Para empezar, inició su administración en su particular estilo: encabezó una cabalgata triunfal en la que participaron cientos de jinetes, además de motociclistas y ciclistas, y que concluyó en un acto masivo en la Arena Monterrey.
Casi a la media noche del día anterior, durante la toma de protesta oficial, subió el tono del discurso cuando prometió que los corruptos “pagarán sus pecados”.
De hecho, se estrenó ya en la elevada responsabilidad con un estilo personal bravío que se singulariza por actos rotundos y simbólicos, como rechazar la silla del gobernador anterior. “Peligro. No sentarse. Esta silla enferma de poder y egolatría” decía el letrero que le colocó a la ostentosa silla de piel y madera tallada que no quiso tener ya en su oficina.
También anunció que limpiaría la casa a través de una auditoría en todas las dependencias. “Si alguien cometió un crimen que dé la cara al pueblo y que responda a la ley, sea quien sea”, aseveró. “Hoy lo digo claro y fuerte: se les acabó la fiesta a los bandidos. Que ni se hagan ilusiones los manos largas. A partir de hoy se acabaron los moches y las transas, los lujos a costillas de la gente. Si quieren lana, háganla por la buena, como la gente honrada”.
Similares conductas tuvo en otros anuncios o compromisos, en los que se percibe el tono personal que le imprimirá a su gobierno. Dijo, por ejemplo, que las televisoras ya no recibirán jugosos pagos del erario estatal para publicidad, como había venido ocurriendo en el sexenio anterior. “No vamos a gastar un solo peso en la televisión. No vamos invertir el dinero de la población para generar la idolatría y la soberbia de quien gobierna”. Incluso, invitó a los alcaldes del estado a seguir su ejemplo. Vaya, hasta habló de su infancia, la cual, consideró, fue sana y libre de las influencias nocivas de los contenidos televisivos, gracias a lo cual, aseguró, él no tiene “las telarañas de la televisión” en la cabeza.
Los siguientes días continuó con el mismo ímpetu: apenas este jueves 8 anunció la clausura de la Casa de Gobierno, una lujosa residencia en la que vivía el gobernador anterior y que, según afirmó, acarreaba un gasto de cerca de cinco millones de pesos al año.
En fin, resultó muy estimulante escuchar su anuncio de que terminará toda una etapa de prepotencia y distanciamiento con la ciudadanía, como ocurría, según aseguró, a lo largo de la gestión de las autoridades que le antecedieron.
Desde su campaña como candidato, el Bronco se diferenció de sus antecesores por sus modos poco convencionales y protocolarios. De hecho, sentó un precedente al convertirse en el primer candidato independiente –gracias a la reforma política de 2014–; es decir, el primer candidato que sin el respaldo de ningún partido político llega a una gubernatura en México.
Ojalá que el nuevo gobernador del estado de Nuevo León sea congruente con sus ofrecimientos y promesas. Esperamos que sus dichos no queden en amenazas y menos aún en meras bravatas, pues lo importante, más allá del espectáculo, es que de verdad se establezca un buen gobierno, se estimule y respete la participación ciudadana, se procure la eficiencia y prevalezca la honestidad en el manejo de los recursos públicos.
De profundizarse en las acciones anunciadas por el flamante gobernador, vendrán sin duda estremecimientos y convulsiones dentro y fuera de las instituciones, y no sólo de Nuevo León sino del país entero. Digo esto último porque, ante la opinión pública, el Bronco podría convertirse en un referente para los demás gobiernos estatales. Eso sí, es un hecho que el nuevo mandatario de mi estado natal tendrá poco tiempo para dar resultados si, como se especula, podría convertirse en candidato para las elecciones presidenciales de 2018.
Pareciera, entonces, que el nombre de su caballo, Tornado –un prieto de gran alzada–, constituye un presagio, pues los vientos huracanados podrían extenderse a cada uno de los días de su gobierno, los que sin duda traerán nuevos aires y maneras diferentes de entender y ejercer la política.
¡Ajúa, Bronco!
Facebook: Martha Chapa Benavides
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