TRISTEZA UNA OPORTUNIDADPARAEL CRECIMIENTO.

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“Cuando una puerta se cierra, otra se abre, pero a menudo vemos tanto tiempo y con tanta tristeza la puerta que se cierra que no notamos otra que se ha abierto para nosotros.”

-Alexander Graham Bell

Todos hemos sufrido días malos, momentos en los que no tenemos ganas de hacer nada o situaciones en las que parece que todo nos pesa demasiado. Más de una vez nos hemos sentido abatidos, melancólicos, tristes… Cualquier persona podría usar diferentes adjetivos para describir este estado emocional en el que se mezclan diferentes sensaciones, pero que a menudo se convierte en protagonista: LA TRISTEZA.

 

¿QUÉ ES REALMENTE LA TRISTEZA?

 

Bueno, comenzaré por decirles que la tristeza en una de las emociones más básicas del ser humano, al igual que lo es la alegría, el miedo o la ira. Las emociones son funcionales, es decir, sirven para algo. La tristeza es una emoción que provoca dolor afectivo o un decaimiento mora y puede sentirla cualquier persona aunque esté sana. Son reacciones provocadas por diferentes motivos o situaciones específicas que producen infortunio, dolor y frustración. Son cambios producidos de una manera casi automática, y que se caracterizan por su temporalidad. Estas reacciones tienen una base constituida por cambios fisiológicos que vienen acompañados de cogniciones tales como pensamientos, creencias, etc. que condicionan nuestra manera de interpretar la realidad.

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Dado el carácter adaptativo y funcional de las emociones, podemos considerar que existen emociones agradables y desagradables, positivas y negativas, ya que incluso las desagradables tienen un sentido de ser. La tristeza a menudo se considera desagradable, no nos gusta sentirnos de esta manera, la sociedad tampoco nos ayuda, ya que lo que impera es un deseo de conseguir un estado interno de alegría, positivismo, euforia, estar bien.. es decir, nos sentimos obligados a ser y sobre todo, a sentirnos felices.

 

Contrario a lo que creemos al sentir esa emoción , la tristeza no es la expresión de que nadie nos quiera, sino el impacto negativo que nosotros mismos le damos a las circunstancias que estamos viviendo. Lo primero es que es cierto que más de un veinte por ciento de las personas están aquejadas por una tristeza inexplicable. Se levantan con la cara compungida por un mal sueño; no saben qué hacer ellos solos durante horas en casa viendo la tele; no les quedan ganas de explorar en otros caminos la posibilidad de una ida sin retorno.

 

Su efecto es que disminuye notablemente nuestro nivel de energía y nos invita a encerrarnos, a mirar hacia adentro para buscar razones y explicaciones. Debido a la introspección que se produce, solemos aprender de nosotros mismos y obtener un conocimiento para seguir adelante, o una nueva forma de protegernos, ya que nos permite poder aprender de la experiencia.

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Así pues, de qué me sirve estar triste? Seguro que sentir pena, soledad o sentirme abatido me sirve de algo?

 

La tristeza a menudo surge ante la pérdida de alguien o de algo, o bien, con el cansancio ante situaciones complicadas, como por ejemplo cuando nos sentimos vulnerables. En estos momentos, la tristeza nos obliga primeramente a parar, sentimos la necesidad de no hacer nada, es decir, nos centramos en nosotros mismos. Este hecho nos lleva a la reflexión, a un reencuentro con nuestros pensamientos y sentimientos, con nuestro mundo interno. Este espacio que creamos surgido de un estado de tristeza, nos ayuda a la reintegración, al encaje de diferentes piezas de un puzzle que requiere que le demos un sentido, y este sentido únicamente es posible encontrarlo mediante la quietud, la reflexión y la aceptación de nuestros eventos internos. Por tanto, la tristeza en cuanto a emoción, nos permite hacer un proceso de adaptación a nuevas circunstancias, a nuevas maneras de interpretar y vivir la realidad.

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Tipos de tristeza y como manejarlas

El manejo de esta moción será diferente en función del origen de la misma, es decir, si es causada por un hecho externo o si resulta simplemente de la interpretación que hacemos de la realidad y de nosotros mismos. Veamos a continuación las distintas formas y sus maneras de afrontarlas:

 

– La tristeza está producida por una pérdida realmente importante como la muerte de un ser querido, la noticia de una enfermedad o algún otro evento que haga que nos cambie significativamente la vida. En estos casos, lo único que podemos hacer es aceptar que mientras atravesemos la etapa del duelo y hasta que se produzca una readaptación a las nuevas circunstancias, la tristeza estará presente en nosotros. Estar triste durante un tiempo constituye la mejor manera de regular este emoción, porque negar el dolor y no asumir adecuadamente el duelo puede producirnos los peores efectos que la tristeza.

 La tristeza es producto de la nostalgia que nos provoca los recuerdos de momentos o épocas pasadas que no volverán, y al centrar nuestra atención de manera repetitiva en el pasado estamos dando vueltas mentalmente a nuestros sentimientos y a sus consecuencias, perdiendo contacto con la realidad. En este caso, la forma de gestionar la tristeza radica en conectarnos con la realidad presente, asumiendo que el pasado solo está en nuestra mente y que, para dejarlo marchar debemos dejar de evocar recuerdos o rumiar con nostalgia lo que no volverá.

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 Otra causa para la tristeza es no ver cumplida una expectativa, anhelo o deseo. En este caso, la gestión adecuada de esta moción radicaría en que realizáramos una introspección para analizar las causas del fracaso, de manera que nos sirva como aprendizaje de cara al futuro. También podemos, para superar la tristeza, evaluar la situación de una manera conveniente y esta sería conectar con la creencia de que muchas veces lo que deseamos no es lo que necesitamos y que, en ocasiones, no conseguir lo que queríamos es lo mejor que podría haber sucedido. Si evocamos esa creencia, conectamos con la sensación de alivio que nos produce la aceptación de la situación. Con el paso del tiempo, cuando miremos hacia atrás más de una vez comprobaremos fue que lo sucedido fue lo mejor que pudo pasar .

 

– También surge la tristeza en aquellas personas con PERSONALIDADES ENVIDIOSAS que se compara con los demás y se desvalorizan al salir perdiendo en esa comparación. En este caso, la manera de gestionar la tristeza implica invitarles a que se conecten con la ecuanimidad y no sólo se comparen con aquellos que tienen más, sino también con los que tienen menos, que pongan en una balanza no sólo lo que les falta, sino también lo que poseen. En suma, que amplíen su mirada para que observen con agradecimiento aquellas cosas que, tal vez por envidia se les pasan desapercibidas.

 

– Por último, la tristeza también suele anidar en las PERSONAS REACTIVAS que son manejadas por las circunstancias y se sienten superadas por problemas sobre los que no tienen control. Además, como se dejan influir demasiado por el entorno y se preocupa por lo que hacen los demás y por los hechos que no tienen solución, sienten impotencia, alimentan su victimismo, disminuyendo así su autoestima e incrementando la tristeza. La manera de gestionar en este caso esta emoción radica en que estas personas tengan una actitud proactiva, tomen la iniciativa de actuar en la zona de control y asuman la responsabilidad por los resultados que obtengan. De esta manera, la tristeza que produce la impotencia de no poder cambiar lo que está fuera del ámbito de influencia se transforma en sensación de satisfacción por influir en donde sí es posible.

 

 

¿Podemos hablar de la tristeza como problema?

 

Cuando tenemos un estado donde la tristeza, el negativismo, la pena se instauran de manera permanente en el tiempo y nos limitan nuestro día a día, nos obstaculizan o no nos permiten llevar una vida satisfactoria, podemos hablar de un estado depresivo el cual requiere una mirada diferente, y por tanto una intervención. La tristeza como tal no debería requerir intervención, ya que únicamente requiere ser vivida, ser oída, ser escuchada y como mucho, ser acompañada.

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Un estado depresivo que no debemos confundir con sufrir una depresión, puede requerir un acompañamiento diferente, donde una mirada externa nos ayude a conectar con la causa de nuestro estado y ayude a recomponernos para reinterpretar nuestra realidad.

 

Para afrontar la tristeza, lo importante es discernir qué la produce y a partir de allí, optar por manejar nuestros pensamientos, evaluaciones e interpretaciones de las situaciones para poder ejercer influencia en esta emoción y convertirla en otra que nos resulte más funcional, o simplemente darle la atención, vivirla con aceptación y aprovechar la comprensión que de ella se deriva.

 

En resumen, podemos usar nuestros pensamientos para modular la intensidad de nuestras emociones y evitar así que podamos caer en una profunda tristeza que nos origine una depresión. En su lugar, podemos decirdir sentir una tristeza moderada que no nos bloquee, sino que nos ayude a ver con claridad qué debemos modificar nuestra vida. Después de todo, las emociones sirven para eso, para ponernos en marcha, sólo que debemos decidir con conciencia qué movimiento hacer y hacia dónde hacerlo, teniendo en cuenta que lo mejor es cerrar el pasado con el luto, honrar el amor que sentimos por perdido y mirar hacia el futuro.

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“La vida es como un camino lleno de flores, pero también de piedras. Hay buenos y malos momentos, sonrisas y llantos, alegrías y desgracias, pero poco a poco vamos superando sus dificultades. Sin embargo, este camino tiene fin… aprovecha cada día como si fuera el último.”

 

Escrito por: Karla Galleta.

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