Se suele decir que la mujer lo soporta todo por amor, perdona una y otra vez y sigue esperando inútilmente que su pareja cambie.
Pero a veces también ocurre a la inversa: El hombre es el que inútilmente espera un cambio en su mujer, que ella se responsabilice aunque sólo sea por sus hijos y deje de lado su banal vida llena de infidelidades…
Los hombres también saben soportarlo todo por amor.
¿Qué pasa cuando es el hombre quien espera inútilmente que su pareja por fin madure para poder tener el hogar que siempre ha soñado para él, ella y sus hijos? Siempre o casi siempre estamos defendiendo a la mujer, ¿seremos tan valientes para aceptar abiertamente que existen mujeres que pueden destruir la dignidad y amor propio de un hombre?
Trataremos en esta oportunidad de ser justas, de poner cada cosa en su lugar, algunas mujeres al igual que algunos hombres lo hacen, logran meterse en la vida de un hombre, seduciéndolo con artimañas y coqueteos tan convincentes que pueden hacer pensar al hombre que es ella la mujer ideal.
No podemos negar que hay muchas personas, hombres y mujeres débiles de carácter, que amparados por el amor, principios morales muy arraigados y valores familiares muy profundos, aceptan humillaciones e infidelidades, de su pareja, les apenan el qué dirán, piensan en sus hijos y en la persona que aman.
“No fue mucho el tiempo que pasó dentro de mi matrimonio para darme cuenta que la mujer con quien me casé no era la que yo creía. Me era infiel, a mis espaldas se burlaba de mí. Cada vez que me enteraba de una de sus infidelidades algo en mí moría. Pese a todo, ella siempre volvía a mí, yo la perdonaba porque pensaba que no podía dejar a mis dos hijos sin la madre. Hacía todo lo posible por darle lo que ella quería, pensé que si estudiaba y adquiría un título todo sería diferente. Ciertamente las cosas cambiaron con ello, pero para peor. En la universidad conoció mucha gente, se involucró sentimentalmente con algunos, pero siempre acababa volviendo a mí. Yo siempre proveyendo lo que su vanidad le exigía, la casa de sus sueños, ropa, joyas, muebles, pensé ilusamente que si tenia lo que pedía y quería cumpliría como madre, esposa y mujer.
Después de muchos años, me doy cuenta que sólo fue una mujer ambiciosa y sin escrúpulos. No le importó ni sus hijos ni el hogar. En una ocasión, por asuntos de trabajo, me ausenté por unos días y encontré una casa vacía que ya no me pertenecía, estaba vacía y para mi horror, tampoco estaban mis hijos. Hablando y preguntando me enteré que los dejó con una familiar de ella, mintió pidiendo que los cuidaran por unos días mientras íbamos de vacaciones los dos juntos. Me reuní con mis hijos, sin casa, sin muebles, sin ropa excepto la que teníamos encima y lo que es peor, hundido en deudas. Ella topó tarjetas de crédito a mi nombre, mi mundo se derrumbó, mi imperio cayó estrepitosamente a mis pies. Mas aun, cayó a los pies de mis hijos, estábamos en medio de la calle, con lo poco que tenía empezamos de cero, empezamos con el amor de los tres, mis dos hijos y yo. Ella se fue, se fue sin importarle nada, se fue a vivir una corta aventura, aventura que le duró lo que le duró el dinero que se llevó.
Por fin después de muchos años, de infidelidades, de burlas, de darle lo necesario a ella y a mis hijos, estamos solos, solos y felices, porque aunque aún hay sentimientos por ella que poco a poco se van muriendo, mis hijos y yo estamos felices, limitados económicamente por ahora, pero felices y agradecidos con Dios y hasta cierto punto agradecidos con esa mujer porque a pesar del gran dolor que nos provocó a nuestros y a mí, nos hizo muy felices pues por fin descubrimos toda su crudeza, su maldad, ambición, falta de amor y principios. No queremos saber más de ella.”
Esta es parte de una historia verídica de un hombre noble y entregado a su hogar, como los muchos que existen, siempre se habla del hombre que es el responsable de la amarguras y sufrimientos de la mujer, quise compartirla con ustedes para confirmar una vez más, que la mujer también es infiel y también chantajea alevosamente al hombre sabiéndolo entreg
ado. Confía una y otra vez que será perdonada, hasta que rebasa los perímetros de la moral, de los principios y gasta el amor a manos llenas hasta que destruye el imperio que le fue otorgado por el un hombre que la amó.
Respeto profundamente a la mujer que se levanta y sigue adelante con sus hijos, admiro y respeto al hombre que extiende sus alas para arropar a sus hijos y asumir el papel de madre y padre. Admiro al que se levanta de entre los escombros del dolor y el sufrimiento, recoge su moral hecha añicos y va de frente con la cara levantada desafiando al fantasma del engaño luchando por el bienestar de sus hijos. 
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