Si al hablar con alguien… te es difícil decir No.
Es una condición típica de ignorancia no saber decir “No” y frecuentemente terminamos aceptando lo que los demás quieren… tal vez sea que utilicen los ganchos de chantaje, enojo, culpa o abnegación, para tener la atención y de cierta manera la manipulación total de los oyentes; pero es cierto que tenemos conversaciones en las que terminamos usándolos y de alguna manera, muy sutilmente obligar a los demás a escuchar lo que “el valiente” quiere decir; mientras los oyentes aceptan, aunque la decisión, el tema de la plática o los comentarios les sean poco gratos; los prefieren a entrar en disputas.
En esa situación, cuando soy la oyente, percibo una sensación que me hace pensar que he sido utilizada, chantajeada, que soy rehén y en muchos casos seguí escuchando y continúe con la sensación sin hacer nada; con tal de no llevar las cosas a otro nivel.
Fue entonces cuando me prometí no dejar que volviera a pasar… pero, sabes algo?… Volvió a pasar y me odie por no darme cuenta, por dejar que sucediera otra vez, por pensar que no vale la pena una discusión, por creer que es más importante lo que dicen los demás a lo que yo soy o quiero.
Decidí que ¡Ya no más!
Me prometí a mí misma, no permitir que algo que no quiero, termine sucediendo; me dije: “Sea lo que sea, al precio que sea, no lo permitiré!!!” Pues me sentía peor si me resignaba a aceptarlo; al final de cuentas por eso vivía la experiencia nuevamente, por eso se repetía, porque aún no entendía la moraleja; porque no sabía que al serme fiel, era fiel a la vida, a Dios, a los que amo; y que si alguien me manipula, es porque no se ama, tiene miedo e intenta conseguir lo que quiere al precio que sea.
Me hice promesas que día con día intento seguir para ser un mejor ser humano:
- Me prometí que aunque sea la persona que amo, no me utilizará en ningún sentido.
Nunca pondré encima de mí a nadie, pues no puedo aceptar que “él o ella” alcance sus ideales utilizando, pisando o intimidándome y menos sentirme víctima por ello.
Puedo decidir ayudarlo, puedo querer lo mismo y puedo aceptar lo que ofrece, pero lo decidiré porque así lo quiero, no por imposición o chantaje.
- Me prometí dormir tranquila conmigo misma, aunque no haya nadie en la otra mitad de mi colchón.
Puede ser que el compañero intente condicionarle su amor a su pareja, puede estar con alguien por interés; pero yo sé que puedo estar sola, que puedo estar feliz, que puedo lograr muchas cosas en todos los sentidos si estoy bien conmigo misma; sé que tal vez haya momentos tristes en mi camino, pero sé que no es para siempre, que todo pasa y seguro… esto también.
- Me prometí usar, decir y pensar lo que quiero aunque no le guste a los demás.
Los comentarios en relación a mi manera de vestir, de pensar, de decidir qué hago con mi vida, es sólo mi responsabilidad; puedo escuchar sugerencias, recibir consejos, pero soy la única que vivirá con las consecuencias, por lo que decidí hacer lo que sólo yo decida hacer.
- Me prometí decir; No, amorosamente y defender mis valores, mi tiempo y mi espacio de manera sutil, pero firme; antes de sentir otra vez esa sensación de decepción y el horrible “Me fallé otra vez!!!”
Aprendí que no necesito peros, tampoco inventarme citas inexistentes para no ir a dónde no quiero.
Aprendí que puedo comer lo que me gusta, aunque no lo haya en el lugar en dónde estoy. Soy libre para salir y buscar alimento que me agrade consumir… y sin remordimientos.
- Aprendí que la gente que me conoce, acepta mis No´s sin sentirse despreciado, saben que ellos también pueden decir “No” sin culpas y que no recibirán ningún reproche de mi parte.
Utilizo palabras que salen del corazón, no del ego; es lo mejor que puedo decir junto a mis No´s para seguir sintiéndome feliz y fiel a mí.
- Me prometí no propiciar que alguien sienta lo mismo en mi afán de llegar a dónde quiero; pues si eso sucediera, estoy segura que no vale la pena lo que intento lograr.
Aceptar que hay cosas que no son para mí o personas que no desean compartir su tiempo, su amor o su espacio conmigo; es complicado, pero es lo mejor, porque con el paso del tiempo me he dado cuenta que vivo feliz con lo que tengo y que me gusta mi vida tal como es; además si hay algo que es para mi, lo tendré en el momento justo, pues el Universo no se equivoca en las lecciones que me presenta.
- Me prometí que si por alguna razón lastimo a alguien, pediré perdón y no dejaré para otro día ofrecer disculpas, pues puede ser que el mañana no llegue.
Estar dónde estoy, ser quien soy y hacer lo que hago, me hace reconocer que todos merecemos y necesitamos hacer lo que queremos; pues en esta “viña del Señor” todos somos diferentes, somos únicos y por lo tanto todos merecemos hacer lo que nos haga felices, sin lastimarnos con No´s disfrazados de Si´s.
Si respetarme es respetar a los demás de manera general y en particular a cada individuo que convive conmigo en el día a día; tengo la certeza que dentro de mi hay un mundo mejor y que está naciendo con cada una de las decisiones que tomo con el corazón.
- Me prometí preguntarme todas las noches con mucho cariño… “Alejandrita preciosa, ¿Estás feliz por lo que lograste este día?; y contestarme … “Sí, estoy feliz!!!”
Por lo que debo en el transcurso del día, durante mis actividades, mientras tomo alguna decisión, preguntarme honestamente si “ésto” no me quitará el sueño?; hacerlo cuantas veces sea necesario para no sentir que está amenazada mi felicidad.
Esta promesa me ha llevado a serme fiel, a serme honesta, a decidir con el corazón y a pensar bien las cosas antes de actuar; debo reconocer que ahora la voz de mi intuición es más fácil de escuchar, y no se equivoca.
Costó trabajo romper la inercia de utilizar, chantajear o manipular a las personas que son parte de mi vida y que sin darme cuenta lastimaba; hoy el saber que tengo amigos maravillosos, una familia que me ama y me hace recordar que hice algo bueno en mis “otras vidas” pues ellos son una bendición en esta y comprendemos que puedo no querer lo que ellos quieren pero no por eso dejar de amarnos.
Pido bendiciones para todos, con mucho cariño.
Alejandra González González.
Comentarios