Profesión papá

“Soy abogado, tengo un despacho y uno qué otro proyecto”. “¿Tienes hijos?” “Sí, también”.

Muy pocas veces he escuchado que cuando le preguntan a un hombre a qué se dedica, éste incluya, de manera espontánea, la crianza de sus hijos e hijas. Me llama la atención este hecho por sus consecuencias.

Cuando decimos que somos electricistas, ingenieros, profesores, empresarios, plomeros o deportistas, o que trabajamos en la obra, en la docencia, en las ventas, en la consultoría, reafirmamos nuestra identidad profesional y ocupacional, recordándonos en ese acto las implicaciones y compromisos que tal profesión u oficio exige.

En contraparte, si nunca decimos: “Me dedico a la crianza de mis hijos”, contribuimos a que esta importante labor se esfume de nuestro campo mental. La omisión de la paternidad en nuestro discurso, también evidencia el espacio y peso que esta ocupa en nuestra cabeza.

Integrar la paternidad a nuestro discurso y a nuestro currículum puede traer consecuencias favorables. Por ejemplo, si un padre responde con naturalidad: “Me dedico a la crianza de mis hijos y a la medicina”, significa que la primera es tan importante como la segunda y que sus hijos tienen igual importancia que sus pacientes.

El día que todos los hombres nos asumamos educadores de nuestros hijos, administraremos nuestro tiempo de una manera diferente; los centros de trabajo posibilitarán dicho ejercicio haciendo compatibles las jornadas laborales con las responsabilidades parentales y proporcionarán permisos para asistir al hijo enfermo, así como para estar en sus momentos importantes; los amigos se interesarán por el desempeño paternal del congénere y las y los legisladores harán propuestas de ley que lo promuevan y faciliten.

Ese día los padres seremos capaces de decir no a un compromiso laboral o social que afecte la relación con los hijos (aunque tal cosa signifique sacrificar un ingreso económico o prestigio social); también seremos capaces de posponer un proyecto, un negocio, un encargo, un posgrado, un puesto laboral, social o político que sea incompatible con la paternidad.

Ese día podremos cancelar o posponer un compromiso sin tener que ocultar que es debido a un asunto parental.

Ese día terminará la inanición que viven millones de niños y niñas de nuestra sociedad por la  falta de padre; y los padres seremos individuos más completos e integrados: porque así como la dedicación al trabajo formal nos hace más hábiles en ciertas áreas, la paternidad también facilita la adquisición de habilidades, actitudes y atributos humanos no menos importantes, tales como, resolución de problemas, fortaleza y equilibrio emocional, asertividad, liderazgo, intuición, ternura, empatía, comunicación, pertinencia, identidad, autoestima, vinculación, altruismo, tolerancia a la frustración y un muy largo etcétera.

Significa que ese día seremos mejores hombres, tendremos mejores hijos e hijas, y, en consecuencia, una sociedad mejor.

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Comentarios

  • Déjame felicitarte Gaudi por tu valentía como padre educador, provedor y amoroso. Eres un orgullo al menos para mi ya lo eres en esta página la cual está más enfocada en las mujeres.SALUDOS y abrazo respetuoso.

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