Parar y pensar

En la acelerada vida que solemos llevar en esta época, pocas veces nos damos la oportunidad de tomarnos un tiempo para reflexionar, para estar un momento con nosotros mismos y analizar qué hemos estado haciendo, que está pasando en nuestras vidas, hacia donde nos estamos dirigiendo.

Comenzamos el día con una cargada agenda que tratamos de cumplir, o, peor aún, simplemente con muchas distracciones que consumen nuestro tiempo,  nublan nuestra mente y confunden nuestro entendimiento.  

Pasamos de una actividad a otra, nos mantenemos “ocupados”. Apenas nos alcanza el tiempo para cumplir las demandas de nuestro trabajo. Nos llevamos entonces pendientes a casa que en la oficina no pudimos cumplir. O, llevamos una agitada vida social y hablamos frecuentemente por teléfono o visitamos y salimos con mucha gente. Si no tenemos un compromiso en un lado lo tenemos en otro. Brincamos de una fiesta a otra. O, nos dedicamos a los hijos, a crecerlos, educarlos, cuidarlos. Concentramos toda nuestra energía en ellos y aunque todo esto tiene su parte positiva y loable, también puede ser una cortina de humo que consciente o inconscientemente  estamos levantando para no ver. Para no vernos a nosotros mismos y nuestro entorno. Encendemos la televisión y apagamos nuestra autoconciencia, nuestra posibilidad de entrar en un dialogo interno o con alguien más que pudiera ayudarnos a reflexionar, a estar más sensibles y perceptivos de lo que pasa adentro y afuera de nosotros.

A veces una crisis de salud puede ser la vía como las personas finalmente nos demos el tiempo de hacer un alto en nuestro camino, aunque sea forzado por las circunstancias, y ´pensar a donde hemos estado yendo, qué hemos estado haciendo y si es eso aun lo que queremos.

Vivir la vida “en automático” parece más la regla que la excepción en esta época. Grandes expectativas y demandas sociales suelen agobiar la vida de muchas personas.  “Tengo que hacer…” “Tengo que cumplir…” “Tengo que lograr…” y todo para “ya”, para “ahora”, para “ayer”.

 Con tantas presiones en nuestro día a día difícilmente puede uno darse el tiempo de pensar  y recapacitar: “¿Por qué tendría yo que…?” “¿Quién dice que lograr… es lo que realmente quiero?” “¿Qué estoy haciendo realmente con mi vida?”. Simplemente seguimos porque hay que seguir.

Ir por la vida con esta actitud equivaldría a algo así como realizar un viaje por un lugar desconocido manejando el automóvil sin un mapa y sin la posibilidad de preguntarle a alguien mas si por el que vamos, es el camino correcto. Peor aún, sin siquiera saber con claridad a donde estamos yendo.  Simplemente nos montamos en la autopista que vimos que mucha gente también tomó. Seguimos a los de adelante. Atrás nos siguen otros, pero ¿A dónde finalmente nos estamos dirigiendo?

Si no queremos un día despertarnos asustados, sintiéndonos perdidos o desilusionados por el lugar en donde nos encontramos, tenemos que tomar más conciencia de lo que pasa cada momento en nuestra vida.

 Parar y pensar  es necesario. No nos atrasa en nuestro camino sino todo lo contrario. www.silviabobadilla.com

Enviadme un correo electrónico cuando las personas hayan dejado sus comentarios –

¡Tienes que ser miembro de Retos Femeninos para agregar comentarios!

Join Retos Femeninos