34. COMO SAPOS
(Así somos sin la gracia de Dios)
Si uno tiene mala voz, por mucho que se esfuerce a cantar, no se hace buena; si Dios quiere dársela, no ha él menester antes dar voces...
¡Oh, cuando Dios quiere, cómo viene al descubierto!; que, aunque más hagamos, arrebata el espíritu, como un gigante tomaría una paja y no basta resistencia. ¡Qué manera para creer que, cuando El quiere, espera a que vuele el sapo por sí mismo! Y aún más dificultoso y pesado me parece levantarse nuestro espíritu, si Dios no le levanta; porque está cargado de tierra y de mil impedimentos y aprovéchalo poco querer volar; que, aunque es más su natural que el sapo, está ya tan metido en el cieno, que lo perdió por su culpa. (V 22,13)
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