Al orar nos ponemos en contacto con Dios, desde nuestro interior se siente esa conexión, ya sea para agradecer la bendición de las experiencias que tenemos en cada momento, por todo lo que recibimos y que podemos contemplar, como la bella luna que se ha observado durante estos días, días de lluvias y nublados, días soleados, la naturaleza de un verde radiante por las lluvias que han rociado sus hojas y flores de diversas tonalidades; como también, para solicitar la claridad en nuestro caminar y observar las señales que nos guien y de crecimiento espiritual, de encontrar las respuestas ante las situaciones que vamos viviendo, de sanar las situaciones que se van presentando en nuestro caminar.
Les comparto un extracto en relación a este tema, es del libro "Oraciones" del Dr. Miguel Ruiz, autor del bestseller "Los Cuatro Acuerdos"...
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Todos nosotros, al menos una vez en la vida, hemos sentido una comunión con nuestro Creador. Existen momentos de inspiración en los que sentimos la inmensidad de la creación, la belleza y la perfección de todo lo que existe.
Nuestra reacción emocional puede resultar abrumadora.
Sentimos que la más maravillosa paz interior se mezcla con un regocijo intenso, y a eso lo denominamos dicha, o un estado de gracia y gratitud. Sentimos la presencia de Dios.
En otros momentos, nos sentimos abrumados por las presiones de la vida. Tenemos la impresión de que todo nos va mal en ella y no sabemos qué hacer. Nos sentimos demasiado pequeños comparados con la inmensidad de la vida y queremos que nos liberen de nuestros problemas.
Quizá nuestra reacción emocional sea un sentimiento de impotencia que se entremezcla con la tristeza, el miedo o el enfado y oramos: “Oh, Dios, ayúdame por favor”. Sentimos que somos escuchados; sentimos la presencia de Dios y eso nos consuela.
La oración es una comunión del ser humano con lo divino. Tanto si nuestra oración proviene del amor, de la gratitud y de la inspiración como si lo hace del miedo, del desaliento y de la desesperación, hablamos de corazón a corazón con el espíritu divino. En la oración, acallamos todas las voces que hablan en el interior de nuestra cabeza diciéndonos que hay cosas que no son posibles y abrimos un canal directo hacia nuestra fe.
Cuando oramos, utilizamos la voz de los seres humanos, pero nos unimos a la voz de nuestro corazón, de nuestro espíritu, y eso es lo que hace que la oración sea poderosa.
Orar es un acto de poder porque es un acuerdo entre lo humano y lo divino e invertimos nuestra fe en ese acuerdo. A través de la fe, alcanzamos el valor para emprender la acción, y a través de la misma, nos acercamos un paso más hacia la manifestación de nuestros deseos. Y cuando creemos en lo que oramos con toda nuestra fe, multiplicamos nuestro intento.
La oración satisface la necesidad que los seres humanos tenemos de Dios, de la inspiración y de la afirmación de nuestro propio espíritu. En la oración, nos comunicamos con la esencia de todo lo que existe, incluida nuestra propia esencia. Imaginémonos a un lobo aullando a la luna: así es como queremos orar. Tenemos un mensaje que compartir con la vida, con Dios, y queremos compartirlo con autoridad. El mensaje proviene directamente de nuestro corazón, estamos hablando con nuestra propia divinidad, con Dios.
El poder de la oración nos conduce al amor, a la verdad y a la libertad personal.
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Que pases un feliz domingo!
Angeles.
Comentarios
Muy lindo, realmente edificador. Que Dios te bendiga ricamente