Nunca desistas de tus sueños solo porque imagines que ellos nunca se convertirán en realidad.
Nunca te juzgues demasiado viejo para festejar cumpleaños ni para hacer cosas que siempre hiciste.
Nunca olvides el sonido de una buena carcajada o el amor visto en los ojos de alguien.
Nunca pierdas tu alegría recordando cosas que ya se perdieron en el tiempo.
Nunca pierdas tu entusiasmo por la vida creyendo que estás muy viejo para eso, pues no es lo que tú sientes y sí lo que te dicen que eres.
Hay un valle profundo dentro de nosotros donde la primavera es eterna, donde no hay sonidos de tristeza y donde los pájaros cantan siempre.
A pesar de que tus pasos ya no sean tan firmes como antes y de que las cosas parezcan muy diferentes de como las apreciabas anteriormente, no dejes que la suma de las décadas te transformen en un ser amargado y sin esperanzas.
Con la edad crece nuestra sabiduría, y ella es una bendición para todos nosotros.
Exhibe los años vividos como un trofeo, alzándolo triunfalmente hacia el sol.
Si algún chistoso te dijera que tu vida se está terminando, dile sonriendo sabiamente: “Ella recién está empezando”.
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