"NUNCA CALLES CUANDO TIENES QUE HABLAR"
Habían pasado varias semanas desde la última vez que nos encontramos. Ernestina y yo fuimos compañeras de colegio e instituto, y siempre habíamos sido buenas amigas y confidentes. Ella era una persona alegre, divertida, de fuertes convicciones, inteligente, segura de sí mismo, muy decidida,... Pero aquella mañana me di cuenta que la Ernestina que yo conocía había cambiado, pues me vi frente a alguien completamente distinta a la que acostumbraba conocer. Caminaba despacio, llevaba las manos abajo, mirada fija en el suelo...
- Dime, Ernestina, ¿cómo estás? Se te ve muy decaída...
- No, no me pasa nada. Estoy bien.
- Anda, que a mí no me engañas. Te conozco muy bien.
- Bueno, quizá eso era antes. Ha pasado mucho tiempo
- ¿Se puede saber qué te pasa? ¿Estás enfadada conmigo por algo?
- No, amiga, no me pasa nada contigo. Es que no quiero hablar.
- Vamos, ¿qué te parece si nos vamos a tomar algo y me cuentas cómo te va la vida, eh?
- En otro momento, de verdad. Ya te llamaré.
Por unos instantes me costó reaccionar. Me quedé en el sitio, sin apenas poderme mover. Me sentía confusa y triste, porque tuve esa dolorosa sensación que se tiene cuando se pierde a algo o a alguien sin saber cómo ni por qué. Y lo peor de todo es que estaba enfadada, pero no con ella, sino conmigo misma, porque no supe qué decir ni qué hacer.
Muchas veces me preguntaba qué sería de la vida de mi amiga, incluso remiraba algunas fotos o recordaba algunas de nuestras “batallitas”...
Pude haber intentado hablarle otra vez, verle o escribirle, pero algo me paralizaba. "Y ella por qué no lo hace?" – me repetía constantemente.
Al fin ayer se disiparon mis dudas y supe por qué Ernestina nunca más me llamó. Supe que se suicidó, que tenía muchos problemas. Fue una “puñalada” de esas que no se sabe bien por dónde penetran ni por dónde salen; simplemente, se convierte en una especie de herida interna que nadie ve, pero que sangra por dentro. Lloré a mares, no podía contener mi llanto, era un llanto de culpabilidad.
Pasé toda mi infancia y adolescencia con una persona a la que llegué a querer como si fuera mi hermana, con quien contaba, con quien reía, jugaba,... con quien compartía casi todo.
Estoy llorando desconsolada, porque sé que aunque pudo no haber cambiado nada, en un momento demostré al mundo y a mí misma, que fui una tonta, debí hablarle de JESÚS, pude decirle tan solo tres palabras: “CRISTO TE AMA”.
“Perdóname amiga, porque sé que, en cierto modo, decidí por ti y, desgraciadamente, elegí mal.
Marcos 16:15 dice: Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.
Habían pasado varias semanas desde la última vez que nos encontramos. Ernestina y yo fuimos compañeras de colegio e instituto, y siempre habíamos sido buenas amigas y confidentes. Ella era una persona alegre, divertida, de fuertes convicciones, inteligente, segura de sí mismo, muy decidida,... Pero aquella mañana me di cuenta que la Ernestina que yo conocía había cambiado, pues me vi frente a alguien completamente distinta a la que acostumbraba conocer. Caminaba despacio, llevaba las manos abajo, mirada fija en el suelo...
- Dime, Ernestina, ¿cómo estás? Se te ve muy decaída...
- No, no me pasa nada. Estoy bien.
- Anda, que a mí no me engañas. Te conozco muy bien.
- Bueno, quizá eso era antes. Ha pasado mucho tiempo
- ¿Se puede saber qué te pasa? ¿Estás enfadada conmigo por algo?
- No, amiga, no me pasa nada contigo. Es que no quiero hablar.
- Vamos, ¿qué te parece si nos vamos a tomar algo y me cuentas cómo te va la vida, eh?
- En otro momento, de verdad. Ya te llamaré.
Por unos instantes me costó reaccionar. Me quedé en el sitio, sin apenas poderme mover. Me sentía confusa y triste, porque tuve esa dolorosa sensación que se tiene cuando se pierde a algo o a alguien sin saber cómo ni por qué. Y lo peor de todo es que estaba enfadada, pero no con ella, sino conmigo misma, porque no supe qué decir ni qué hacer.
Muchas veces me preguntaba qué sería de la vida de mi amiga, incluso remiraba algunas fotos o recordaba algunas de nuestras “batallitas”...
Pude haber intentado hablarle otra vez, verle o escribirle, pero algo me paralizaba. "Y ella por qué no lo hace?" – me repetía constantemente.
Al fin ayer se disiparon mis dudas y supe por qué Ernestina nunca más me llamó. Supe que se suicidó, que tenía muchos problemas. Fue una “puñalada” de esas que no se sabe bien por dónde penetran ni por dónde salen; simplemente, se convierte en una especie de herida interna que nadie ve, pero que sangra por dentro. Lloré a mares, no podía contener mi llanto, era un llanto de culpabilidad.
Pasé toda mi infancia y adolescencia con una persona a la que llegué a querer como si fuera mi hermana, con quien contaba, con quien reía, jugaba,... con quien compartía casi todo.
Estoy llorando desconsolada, porque sé que aunque pudo no haber cambiado nada, en un momento demostré al mundo y a mí misma, que fui una tonta, debí hablarle de JESÚS, pude decirle tan solo tres palabras: “CRISTO TE AMA”.
“Perdóname amiga, porque sé que, en cierto modo, decidí por ti y, desgraciadamente, elegí mal.
Marcos 16:15 dice: Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.

Comentarios
En nuestra existencia coincidimos con miles de seres, que, como nosotros, están para que aprendamos y evolucionemos, sin embargo, es importantísimo saber que tenemos libre albedrío y lo que finalmente hagamos o no, sólo está en nuestras manos, amiga es importante la reflexión y lo que aprendo de esta experiencia, sin embargo, NO HAY CULPA, por que no eres dueña de la vida de nadie, y ninguna persona es dueña de la tuya. Yo aprendo de esto que mi coincidir con otra persona, siempre trasciende, a veces de forma inmediata, a veces a largo plazo; pero siempre está en cada uno de nosotros ELEGIR lo que queremos .
HAGAMOS FUERTES CON EL AMOR DE DIOS.
DE CORAZON DESEO QUE TODOS NOS HAG
un abrazo, triste de verdad, a veces es muy complicado actuar, aunque presientes, no tomes culpas, solo pide a Dios por su tranquilidad en el lugar en el que se encuentre. Dios te bendice.