Mujer Retorna a tus Valores parte 6

¡MUJER RETORNA A TUS VALORES!!!

Un arquetipo es una personalidad “tipo”, es decir, que la persona por su género, trae en sí misma una personalidad “modelo” al margen de ejercerlo o no, y para ello me refiero al arquetipo “madre”, pues contamos todas las mujeres con características y actitudes propias para ejercer ese rol, independientemente de que tengamos hijos o no en el transcurso de la vida, pues lo practicamos de una manera u otra con las muñecas, los hermanos, alguna amiga, con la pareja, incluso con una mascota, planta o un ser vivo en general. Es esa energía que cobija, cuida, procura y protege.

A raíz de eso, ese espíritu maternal nos conlleva a promover actitudes amorosas de protección y nutricias por el amor que se nos despierta y para ello empezamos a promover, -muchas veces sin darnos cuenta- una serie de virtudes que están asociadas a nuestros valores.

Quiero aclarar que hay dos tipos de virtudes, las teologales (relacionadas con la religión) y las humanas; las primeras son conocidas como la Fe, Esperanza y Caridad; las segundas se dividen en 4 grandes grupos regidas por: Fortaleza (virtud que empuja a afrontar cualquier adversidad por una causa justa hasta el sacrificio de la vida), Templanza (virtud que frena los deseos obsesivos y modera los apetitos). Prudencia (virtud que nos estimula a actuar con mesura, con serenidad, o sea, a ser dueño de nuestro ánimo y a cultivar el equilibrio íntimo) y Justicia (virtud que empuja a dar a cada uno lo que le corresponde). Como  verán, al promover estas virtudes superiores junto con las virtudes asociadas a cada una de ellas, es la manera en que vamos promoviendo por voluntad propia lo mejor de nosotras, reflejándose a través de nuestras conductas y así vamos también viviendo de una manera más congruente y comprometida nuestros valores.

Cuando nos relacionamos con una pareja, pretendemos precisamente que cada quien asuma el papel que le corresponde previo acuerdo entre las partes y así mantener el equilibrio entre ambos. Cuando, por ejemplo, el hombre deja de hacer su parte, inmediatamente nosotras empezamos a quejarnos, reclamar y a exigir que él asuma su Responsabilidad (Valor Moral); pero cuando vemos que está haciendo el esfuerzo y por alguna causa las circunstancias no son favorables, utilizamos la Prudencia en no desesperarnos, en evitar presionarlo más allá de donde se encuentra. Es obvio que cuando no hay respuesta por parte de él, es muy común perder la prudencia y entonces sí reclamar airosamente su pasividad al grado de llegar muchas veces a la violencia verbal y física. Veamos que cuando la pareja sufre un accidente, enfermedad e incluso llega a fallecer, la Fortaleza surge en nosotras para asumir los dos roles y así afrontar los retos de la vida con el afán de sacar adelante a nuestros hijos por el Amor (Valor Moral) que les tenemos.

Estos son unos de tantos y tantos ejemplos que exponer para que nos demos cuenta que podemos ser personas altamente virtuosas, al aprender a vivir en virtudes, aunque para ello, requerimos hacer un alto en el camino, dedicarnos un tiempo para reflexionar de qué manera estamos viviendo nuestra propia vida y qué cambios tendríamos que hacer para ello.

¿Qué beneficios tendríamos? El primero y más impactante es que lograrías estar en paz contigo misma, y esto se logra al no tener sensaciones de recriminación, culpa, remordimiento contigo misma, pues en el fondo, sabes que te comportaste de manera congruente con tu parecer, de una manera tal, que te dignificas a ti misma, que te valoras y aprecias. De esta forma generas un estado emocional de armonía y a su vez, despiertas una sensación de gozo, en la que te das la oportunidad de disfrutar lo que hay a tu alrededor, mucho o poco, placentero o no y es así como vas construyendo tu propia felicidad, porque estás bien contigo misma.

De lo contrario, al estar insatisfecha, te sientes frustrada, enojada, desesperada o hasta harta, aparentemente de la situación en la que vives, pero en el fondo, el enojo es contigo, porque no has encontrado la forma de salir de esa “trampa” en la que tú misma te metiste en algún momento de tu vida y la has estado soportando echándole la culpa a los demás, jugando el papel de víctima. Así nunca vas a estar feliz. Aparentemente lo único que te queda en esta circunstancia, es esperar que la felicidad venga de algún medio fuera de ti y de manera fortuita, o sea, gracias a la suerte surja una persona, un objeto, una situación, una profesión, un mejor nivel económico, un regalo, etc. que te transforme la vida. Date cuenta que la auténtica felicidad está en tus manos, pero para ello requieres hacer cambios y hacerte cargo de tu propia existencia, apoyándote en la guía que te ofrecen los valores y las virtudes. De esta manera, ¿te das cuenta a cuánta gente puedes ayudar si educas y te comportas basándote en Valores?

¡MUJER, RETORNA A TUS VALORES!

 

    Norma Alonso

Trainer Trainning ICC

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