Muchas mujeres adoraron a Jesús durante su vida en ésta tierra. Ningún hombre había mostrado, como ÉL, cuidado e interés por el cuidado de ellas.
Jesús resucitó sus muertos, sanó sus enfermedades y ordenó a los demonios que las atormentaban que salieran de ellas.
Valoraba la presencia y compañía de ellas.
La cultura prevaleciente en la época de Jesús menospreciaba el valor de las mujeres. Los líderes religiosos ni siquiera le dirigían la palabra a sus mujeres en público. Se consideraban inmundos si una mujer los tocaba. Las mujeres tenían muchas restricciones en cuanto a la adoración, los asuntos cívicos y los logros personales. Había pocas personas que las defendieran y pocas libertades. La presencia de Jesús trajo un cambio refrescante de valor y significado para cada mujer que lo conoció. En los evangelios leemos muchas historias de mujeres cuyas vidas Jesús tocó en forma significativa. Haciendo a un lado las restricciones culturales y los tabúes, Jesús impartió enseñanza a las mujeres, fue su amigo y elevó su posición.
Imaginémoslas viajando con Jesús de pueblo en pueblo por caminos polvorientos, bajo el calor del sol o bajo la lluvia, o en las noches frías.
Éstas mujeres dejaron por un tiempo las comodidades de sus hogares y sus familias para seguir a Jesús; en algunos casos ellas proveían para las necesidades materiales de Jesús mientras viajaban(Lc 8:1-3). Podemos imaginar las conversaciones profundas que seguramente tuvieron,las comidas que compartieron y los milagros que presenciaron. Éstas mujeres experimentaron un gozo profundo disertando sobre las verdades que aprendían de Jesús, mientras Él demostraba a sus discípulos, tanto a hombres como a mujeres, el valor del compañerismo íntimo con él y entre ellos mismos. Las barreras culturales desaparecieron al aprender los hombres y las mujeres a ser amigos y a colaborar entre sí.
Jesús confirmó el hecho de que las mujeres eran dignas de respeto y capaces de hacer una contribución pública. Y sin que las mujeres lo imaginaran, Jesús les estaba ayudando a construir un compañerismo que necesitarían, cuando los vientos de persecución azotaran a sus seguidores durante el primer siglo.
Jesús invitó a un grupo de mujeres y hombres para que viajaran con él, se amaran, se relacionaran en pureza, en comprensión y en respeto mutuo.
Jesús, el único capaz de dar amor incondicional.
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