Me encierro en el baño sintiéndome mal por muchas cosas, he callado demasiadas cosas, y ahora cuando me miro al espejo me doy cuenta de ello.
Me siento una tonta, ¿por qué me siento tonta al mirarme a la cara, si de tonta no tengo nada?
Bajo los ojos, no quiero verme, me veo triste y muy cansada,¡cuánto delata mi mirada!
Decido hablar conmigo como nunca lo hecho, me miro a los ojos y es entonces que lamento haberme hecho tanto daño a mí misma. Siempre creí tomar las mejores decisiones, pero ahora me doy cuenta de que a costa de mi propia felicidad, busqué hacer felices a los demás, olvidándome de mi propia felicidad.
Decidí creer que lo que vivía era amor, y con ello me volví vulnerable. Dejé atrás mi dignidad e intuición, y acabé mendigando amor, aguantando maltrato y opresión.Permití que me gritaran, dejé que tomasen decisiones por mí, y dejé que me trataran como un trasto viejo que se echa a la basura por añejo.
Llegué a sentirme “nada” porque ya nadie “me necesitaba”, y en la desesperación y desolación incluso llegué a pensar que sería mejor si dejase de latir mi corazón. Llegué también a pensar que era fea, que nadie me querría por lo vieja, y que a nadie le interesa ya el amar, o lo que esconde mi mirar.
Pero ahora que decido verme a los ojos, veo con espanto lo que me he provocado: estuve siempre para otros, pero nunca estuve a mi lado.
Jamás antes del día de hoy me había percatado de la grandeza de la mujer que tenía ante el espejo; no había logrado ver el amor tan inmenso que sus ojos expresan, no vi a la reina ni vi a la princesa, no vi que debía ser bondadosa conmigo misma, y hasta hoy tampoco vi que debía tratarme con respeto.
Firmemente, en pie ante mi reflejo, me sonrío a mí misma: no importa que parezca una loca, desde hoy hablaré conmigo, me diré muchas cosas y celebraré tantas otras porque yo lo merezco, ¡soy la mujer frente al espejo!
Desde hoy me diré mirándome a los ojos:
Yo me amo con todo mi corazón.
Soy la persona más importante en mi mundo.
Soy digna y merecedora de amor.
Soy una guerrera independiente.
Soy amorosa y soy cautelosa.
Soy hermosa y soy preciosa.
Yo soy exitosa.
Me rodean cada uno de mis triunfos.
Me siento plena, me siento libre.
Me siento serena.
Yo soy mi propia autoridad.
Yo elijo y decido.
Hoy yo sé cuánto valgo,
y no me importa el pasado.
La vida es buena.
¿Qué puedo hacer hoy por mí?
¿Qué puedo hacer para verme feliz?
¡Hoy me esforzaré en ser feliz!
¡Hoy me he reencontrado a mí!
(CC) Autor: Waldylei Yépez.
(en calidad de Invitada Especial).
(Publicación original)
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