Tal vez ella no lo advierta a cabalidad, pero sus ojos adquieren un brillo intenso cuando piensa en su hija, mimetiza encantos, sonrisas, gestos; ellas son de una sola pieza, la fuerza y el empuje son su sello característico.
En el ir y venir de los almacenes de prestigio, en horarios fuera de serie; en los mercados de ocasión de colonias populares; en el espacio mental que sólo habita por derecho divino su amiga y compañera, la linea directa de su mágica descendencia.
La cartita a los Reyes Magos es un salvoconducto cotidiano, por el sólo hecho de existir y compartir los encantos de esta vida, así los deseos y las peticiones son atendidas a diario; un abrazo, un hola mami suelen ser una efectiva forma de solicitar una poliforme contrapartida llena de amor.
Mi mujer atiente y entiende las peticiones, así transmite el mensaje a Melchor, Gaspar y Baltazar, la empatía entre madre e hija es natural; los obsequios, las formas, los colores, los afectos, los efectos; todo en su lugar justo al lado del zapato este 6 de enero.
Por nada se cambia el brillo en los ojos de su pequeña, la sonrisa de asombro y la fe intacta en que siempre existirá en el universo alguien que le de luz a sus sueños.
Los Reyes Magos existen, mi mujer luce feliz, yo les creo.
Comentarios
Que bonita narrativa de lo q revela esa mirada de mujer, proyectada en la felicidad d su hija.
Los Reyes Magos existen...también yo creo