Mi madre, mi hijo y yo.

9274910295?profile=original“Estando contigo me olvido de todo y de mi, parece que todo lo tengo teniéndote a ti…”

 Letra de Madrigal, Danny Rivera.

 

Una de las consecuencias de ser madre y soltera, es definir los roles cuando se vive en casa de los abuelos.

Yo recuerdo perfectamente los años que conviví con mis padres y mi hijo en su casa.

Los episodios donde yo le llamaba la atención a mi hijo y mi madre intervenía con sus mimos eran muy comunes.  Ese simple acto de amor de la abuela hacia el nieto que excluía mi autoridad, con el tiempo me generó varias visitas al terapeuta para poder aclarar los roles que a cada una le correspondían y las consecuencias que hubo en la crianza de los primeros años de mi hijo.

Yo mantengo en mi memoria y en mi corazón la imagen de mi madre, una mujer mucho muy trabajadora y responsable que con la llegada de su primer nieto fue evidente que su vida se había trastocado. En ella había una alegría desorbitada, un amor que parecía salir incontrolable de su personalidad, motivándola a llegar todos los días a su casa para cuidar de mi hijo.

Mi padre  a diferencia de mi madre, asumió su rol de abuelo en una forma más práctica, para él su nieto era la oportunidad de dar cariño, de jugar y de regresar a la criatura a los brazos de su madre o su abuela cuando éste lloraba o se enfermaba.  Para mi padre fue muy claro que dos mujeres estábamos a cargo de mi hijo.

Teniendo que estar fuera de casa para proveer el alimento, ropa y educación, consumiendo diez o hasta doce horas del día, el apoyo de mi madre era innegable. Sin embargo, su amor se tradujo en un excesivo cuidado y atención que hizo eco en nuestra relación.

Este exceso de cariño y protección de mi madre se hizo evidente en la conducta de mi hijo, un pequeño que tenía miedo a jugar, ensuciarse la ropa o expresarse; conducta que afortunadamente no pasó desapercibida por sus maestras de escuela, pues una de ellas me llamó para explicarme muy gráficamente lo que sucedía.

-          Su hijo, Sra. Rodríguez vive en una burbuja, tiene mucho miedo que esa burbuja se rompa y esa burbuja alguien la edifico para él, el cariño y el cuidado en exceso están formando a un pequeño inseguro ante la vida, le recomiendo asista a terapias y vea cómo resolver esta situación.

En ese momento me di cuenta que mi papel en la vida de mi hijo era como el de un actor secundario en las películas, necesario pero no representativo; mi papel era dar, pero no alcanzaba a formar y educar.

El reto para mejorar la conducta de mi hijo en su desarrollo llego cargado de mis buenas intenciones, mi decisión fue hablar con mi madre para hacer caso de lo que necesitábamos hacer y comenzar mi madre, mi hijo y yo, una forma distinta de amarnos y relacionarnos.

Sin embargo, el reto no era explicarle de una manera lógica lo que sucedía, necesitaba entrar al terreno emocional para tener el cuidado de no herirla y hacerla entender que su amor y protección no nos estaba dando un buen resultado.

¿Cómo podía explicarle a la mujer que bañaba, alimentaba, cuidaba y protegía a mi hijo que además era mi madre, que teníamos que poner límites?

¿Cómo le explicaba que un pequeño tiene que crecer y que cuidarlo excesivamente es coartar sus capacidades, cuando ella ya me había educado a mí y a mi hermano?

¿Cómo decirle que lo que hacía para nosotros aunque ella pensara que era lo mejor, no estaba funcionado?

Con el carácter y temperamento de mi madre, esta situación me llevo varios días, algunos meses y muchas lágrimas resolverla en mi vida.

En realidad, lo hablamos, pero también lo discutimos, en mi cabeza la claridad de las palabras de la terapeuta eran claras, una abuela consiente, una madre educa.

Así que mi siguiente faena era establecer los límites en nuestros roles respecto a la educación de mi hijo, su nieto.

Indudablemente esta experiencia fue un punto de inflexión en mi vida, no niego que el tiempo que vivimos bajo el cuidado y apoyo de mis padres fue muy valioso, pero entendí también, que el sentido de protección especialmente de mi madre hacia su nieto, no me permitía tomar en totalidad la formación mi hijo.

Comprendí que su pequeña manita debía de sujetarse a la mía en una confianza absoluta y seguir nuestro camino,  porque finalmente su vida y la mía, no debían estar protegidas por la burbuja de cristal que mi madre nos proveyó con su amor, cuidándonos de lo que nos podía suceder; la vida finalmente era salir de ese lugar, de esa burbuja,  para explorar la experiencia misma de caer, lastimarse y volverse a levantar, sin soltarnos de la mano.

Nos leemos en la siguiente.

Diana Rodríguez.

http://www.conversemos.com/grupo-de-apoyo-a-mujeres/mi-madre-mi-hijo-y-yo/

Enviadme un correo electrónico cuando las personas hayan dejado sus comentarios –

¡Tienes que ser miembro de Retos Femeninos para agregar comentarios!

Join Retos Femeninos