Donald Trump no para de proferir ofensas y difundir informaciones equivocadas para demeritar la valía, el talento y los enormes beneficios que aportan a Estados Unidos los migrantes mexicanos y, en general, la llamada comunidad latina o hispana.
Su ignorancia, su ceguera tanto social como cultural, en verdad es mayúscula. Baste tener en cuenta que los hispanos conforman ya la primera minoría de la población estadounidense; incluso hay estadísticas que señalan que entre 2000 y 2012 la población latina creció más del 49%, cifra excepcional si se compara con el crecimiento de 5.8% del resto de las comunidades del país. Esto tiene un gran significado en términos de producto interno bruto, impuestos, fuerza de trabajo y múltiples beneficios en los más diversos ámbitos de la vida de aquella nación.
Los furibundos ataques del multimillonario neoyorquino, iniciados hace cosa de un mes, cuando lanzó su precandidatura a la Presidencia de su país, se han recrudecido. Lo peor es que cada vez que intenta aclarar o aderezar sus extraviadas opiniones se hunde más y más, al grado de que sus propios correligionarios republicanos –con pretensiones o no de obtener la candidatura de su partido– lo han descalificado y se deslindan abiertamente de sus nefastas declaraciones.
Peor aún, ha sido acusado de deshonesto, pues según revelaciones periodísticas, en la construcción de un lujoso hotel en Washington, perteneciente a su imperio inmobiliario, laboran trabajadores indocumentados.
Por su parte, la comunidad latina se ha unido y ha ido mucho más lejos de la protesta airada contra ese individuo intolerante y retrógrada. Importantes grupos de hispanos han convocado a boicotear los productos y servicios de sus empresas, no sólo en el mercado estadounidense, sino fuera de las fronteras de ese país.
Todavía la semana pasada este adinerado hombre de 69 años quiso matizar sus fallidos discursos al decir que era al gobierno mexicano al que iban dirigidas sus críticas y no a los mexicanos en general, lo cual es una descarada mentira, pues sus expresiones xenófobas han sido públicas y hay registro preciso de sus palabras; por ejemplo, de su afirmación de que México manda a Estados Unidos a gente con un montón de problemas: “Están trayendo drogas, el crimen, a los violadores...”, dijo el mismo día que emitió su promesa de que si llega a la Presidencia de su nación construirá un gran muro en la frontera sur de Estados Unidos.
Desde luego, un error lleva a otro, y la Secretaría de Relaciones Exteriores de nuestro país externó su queja de acuerdo con el protocolo diplomático internacional, e incluso el propio presidente Obama reprobó públicamente las desatinadas posiciones de Trump.
Pero la avalancha contra ese tan opulento como siniestro personaje no ha concluido. Varios consorcios han renunciado a cualquier asociación comercial con las empresas de Trump, como es el caso de Televisa, Univisión y la cadena NBC, que anunciaron su negativa a transmitir el certamen Miss Universo, además de toda posible programación conjunta. También la famosa cadena de almacenes Macy’s suspendió tratos comerciales con él. Se prevé que se ensanchen las oleadas de consumidores decididos a no comprar ninguno de los productos y servicios que tengan que ver con este prejuicioso señor.
Por desgracia, ahora la incomprensible e imperdonable nueva fuga de el Chapo Guzmán de una supuesta cárcel de “alta seguridad” ha servido de pretexto a Trump para emitir nuevas ofensas contra México.
Al margen de esto, lo cierto es que él solo se ha revelado de cuerpo entero como personificación del racismo, la desinformación y la confusión mental. Gracias a ello, en el ámbito político sus ambiciones reposan ya, por fortuna, en la tumba que él mismo se ha cavado.
Facebook: Martha Chapa Benavides
Twitter: @martha_chapa
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