Hasta los cambios más planificados y mejor recibidos pueden causar cierto grado de ansiedad.
Al comenzar un nuevo trabajo o al mudarme a una casa nueva, parte de mí puede temer que sea demasiado bueno para ser cierto.
Y sin embargo, sé que la voluntad de Dios para mí es sólo el bien.
Así que tomo el control de mi pensamiento y me pregunto: “¿Y si todo sale bien?”
Anticipo la bendición, dejo ir y dejo a Dios actuar.
Dejo ir la preocupación y permito que Dios obre en todas las personas y circunstancias para guiar el camino.
Reclamo mi herencia de apoyo y provisión divinas, y libero mi corazón de cualquier sentimiento de que no soy digno.
Creo en la abundancia ilimitada de Dios y estoy listo para recibirla.
Felipe de Urca
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