En esta ocasión, te comparto un escrito que me llegó hace algunos años, autor que desconozco y que pueden ser unas opciones para realizar cuando se encuentra uno con el sentimiento de la tristeza, siendo de una forma diferente, en donde Merlín nos lo menciona de una manera amena.
Quién no ha sentido alguna vez tristeza en diversas situaciones de su vida?
En ocasiones, la tristeza que reconocemos sentir identificamos los motivos que la generaron y en otras simple y sencillamente no encontramos algún motivo aparente para sentirnos tristes.
También es interesante permitirnos sentir algo de tristeza... sin que nos lleguemos a estancar en ese y otros sentimientos que en su caso nos pueden ayudar a superar situaciones que estemos viviendo, ya que el no expresar o no permitirnos sentir puede ser en mayor complicación para nuestra salud mental, emocional, física y espiritual... así como de otros sentimientos, el dejarlos fluir constantemente...
Recibe abrazo afectuoso y bendiciones!
“Lo mejor para la tristeza”.
Contestó Merlín, empezando a soplar y resoplar:
“Es aprender algo. Es lo único que no falla nunca. Puedes envejecer y sentir toda tu anatomía
temblorosa;
puedes permanecer durante horas por la noche escuchando el desorden de tus venas; puedes echar de
menos a tu único amor; puedes ver al mundo a tu alrededor devastado por locos perversos; o saber que
tu honor es pisoteado por las cloacas de inteligencias inferiores.
Entonces sólo hay una cosa posible: aprender. Aprender por qué se mueve el mundo y lo que hace que
se mueva. Es lo único que la inteligencia no puede agotar, ni alienar, que nunca la torturará, que nunca
le inspirará miedo ni desconfianza y que nunca soñará con lamentar, de la que nunca se arrepentirá.
Aprender es lo que te conviene. Mira la cantidad de cosas que puedes aprender: la ciencia pura, la única
pureza que existe. Entonces puedes aprender astronomía en el espacio de una vida, historia natural en
tres, literatura en seis. Y entonces después de haber agotado un millón de vidas en biología y medicina y
teología y geografía e historia y economía, pues, entonces puedes empezar a hacer una rueda de
carreta con la madera apropiada, o pasar cincuenta años aprendiendo a empezar a vencer a tu
contrincante en esgrima. Y después de eso, puedes empezar de nuevo con las matemáticas hasta que
sea tiempo de aprender a arar la tierra.”
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