LIZITIPS PARA DISCUTIR SIN ENFADARTE

31180474482?profile=RESIZE_710x¿Conviertes tus discusiones en una guerra?¿La gente piensa que eres enojona y tienes mal carácter? ¿Te gustaría saber si “NO SABES DISCUTIR?

Responde si o no a las siguientes preguntas:

  1. ¿Eres de esas personas que se levanta deseando ya no discutir y pelear como lo haces?
  2. ¿En más de una ocasión te has puesto a pensar que cuando te enojas pierdes el control y dices cosas hirientes?
  3. ¿Después de ponerte a mil y ofender a las personas que quieres, te arrepientes?
  4. ¿Reconoces que tiendes a pelear por temas que ni siquiera eran importantes?
  5. ¿Justificas tu mal carácter diciéndote cosas como “Ayer me puse agresiva porque se me pasaron un poquito las copas”?
  6. ¿Cuándo te sientes estresada por asuntos de trabajo o dinero se te agudiza el mal carácter, la impulsividad y la perdida de control?
  7. ¿Cuándo tus hijos están inquietos te pones peor?
  8. ¿Más veces de lo deseable, cuando discutes con tu pareja te pones como loca, gritas y resulta imposible tratar de llegar contigo a cualquier tipo de acuerdo o negociación?
  9. ¿Cuándo te enojas sientes que te hierve la sangre por dentro?
  10. ¿Cuándo te enfadas tiendes a pararte de la mesa o salirte del cuarto a media discusión?

Si contestaste SI a tres o más de las preguntas anteriores es posible que tengas mal carácter y seas una persona que NO SABE DISCUTIR.

La gente que no sabe discutir se llena de enemistades, se va quedando sola o rodeada de gente resentida. Convertir tus discusiones en una GUERRA es sinónimo de incapacidad para negociar, manipulación, inmadurez emocional y falta de control. Tener “nuestra razón” no es lo mismo que tener “la razón”. Tratar de convencer a los demás de que están equivocados porque piensan diferente a ti o intimidarlos a través de gritos, manoteos o insultos, te exhibe como una persona desequilibrada que lo único que busca es salirse con la suya.

Si somos francas con nosotras mismas, casi nunca vale la pena enojarse, pero los malos modos, los gestos o la excitación del momento en ocasiones nos hacen perder la razón. Es válido expresar lo que sentimos y ser atendidas y entendidas, pero la única manera de darle peso a lo que pensamos es aprendiendo a discutir educadamente sin agredir la integridad o la personalidad de nuestro interlocutor. La mayoría de las discusiones “escalan” no por lo que pensamos, sino por la manera en que expresamos nuestros pensamientos. La manera en que manejamos el tono de voz, un lenguaje no verbal y los gestos hacen la diferencia en cualquier discusión. Si tu lenguaje no verbal dice una cosa y tus palabras dicen otra, tu comunicación deja de ser efectiva, ej. Si con tu boca dices a alguien “discúlpame” pero tienes los brazos cruzados, el pecho salido y la boca tensa, es probable que la persona a la que le estés pidiendo una disculpa no te crea.

La comunicación es una de las funciones que nos convierte en personas, así que el primer paso para inspirar confianza y lucir sinceros es aprender a unificar nuestra comunicación verbal (lo que decimos) con nuestra comunicación no verbal (lo que dice nuestro cuerpo y nuestros gestos). Es imposible esperar que una discusión esté libre de intensiones y emociones porque no somos maquinas sino personas que sienten. Cuanto más sensible sea un tema, más difícil es abordarlo sin perder el control. En las discusiones de temas que nos “tocan el alma”, resulta más complicado controlar nuestras emociones. Cuando percibimos a las personas con ideas opuestas a las nuestras como enemigos a derrotar, es fácil incurrir en dos grandes errores: estar a la defensiva o atacar, que son actitudes que nos alejan de la posibilidad de llegar a negociaciones o acuerdos. Discutir sin pelear sucio implica autorrespeto, autocontrol y respeto hacia la otra persona.

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