La férrea tradición de la cocina japonesa no ha impedido que le lleguen aires nuevos. Cocineros de otras latitudes se han fijado en ella para fusionarla con sus propias raíces, dando resultados extraordinarios. Con la peruana, la china, la coreana o la mediterránea, la gastronomía japonesa se convierte en la mejor aliada. 
Sushi con huevo de codorniz frito y trufa, rollitos de chistorra, futomaki de huitlacoche, pulpo al olivo, maki de salmón confitado y jamón ibérico, tiradito de salmón en vinagreta de miso blanco, chita al oil mushio o chocolate con churros al té verde. Son solo algunos ejemplos de que la cocina japonesa es la mejor aliada en el campo gastronómico, dando lugar a eclécticos y sabrosos platos. Con la mexicana, la peruana (nikkei), la mediterránea o la francesa (wa fumi), la fusión no tiene más límites que la imaginación.
No solo los paladares occidentales se han beneficiado de esta simbiosis; aunque en Japón pervive la cocina tradicional o “kaiseki”, los aires occidentales han contribuido al surgimiento de la “izakaya”, más informal y abierta a sabores extranjeros.
La clave de estas mezcolanzas es “conocer bien las cocinas con las que se trabaja”, dice el chef argentino Hernán Alberto Soria Monge quien, tras años de trabajo en fogones nipones y galos, se lanzó a fusionarlos. Advierte de que el consumidor debe ser exigente porque la proliferación de restaurantes de fusión se debe a que “la cocina japonesa está de moda y se intenta mezclar con todo, sin haber aprendido sus bases”.
La mezcla perfecta
Sobre los puntos comunes entre la gastronomía japonesa y la francesa, en apariencia distantes, sostiene que son “las más elaboradas del mundo, comparten el concepto de “slow food” con largas preparaciones, y ambas se basan en productos frescos y originales”. La carta del Club Japonés, que regenta con su hermano Alexis Matías en el corazón de la Costa del Sol, es el resultado de combinar “no tanto ingredientes como técnicas de preparación” de ambos países, aunque destaca platos como el foie gras con salsa teriyaki. Para maridar recomienda siempre el sake o la cerveza, aunque admite que la opción “muy europea” de beber champaña con el sushi, “impensable” para un comensal japonés, da buenos resultados.
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