"La tierra y la energía femenina"

Muriel Chazalon
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Entrevista para la revista OtraBCN, realizada en 2002 

LA TIERRA Y LA ENERGÍA FEMENINA


“Tanto los animales salvajes como la Mujer Salvaje son especies en peligro de extinción.
En el transcurso del tiempo hemos presenciado cómo se ha saqueado, rechazado y reestructurado la naturaleza femenina instintiva. Durante largos períodos, ésta ha sido tan mal administrada como la fauna silvestre y las tierras vírgenes... A lo largo de la historia, las tierras espirituales de la Mujer Salvaje han sido expoliadas o quemadas, sus guaridas se han arrasado y sus ciclos naturales se han visto obligados a adaptarse a unos ritmos artificiales para complacer a los demás.
No es ninguna casualidad que la prístina naturaleza virgen de nuestro planeta vaya desapareciendo a medida que se desvanece la comprensión de nuestra íntima naturaleza salvaje.”


Clarissa Pinkola Estés



¿Qué tipo de conexiones podemos establecer entre el título temático de este número de la revista “La Tierra y la energía femenina” y el trabajo que estás realizando en los talleres con mujeres a partir del libro de Clarissa Pinkola Estés “Mujeres que corren con los lobos”? ¿Podrías especificarlas?


Quisiera iniciar esta entrevista con el párrafo con el que Clarissa Pinkola Estés abre su libro, porque en él restablece una conexión entre el arquetipo de la Mujer Salvaje, la propia energía del planeta Tierra, la naturaleza salvaje y el arquetipo de lo femenino. La doctora Estés teje aquí una red fundamental para entender de dónde nace y a dónde apunta el arquetipo de la Mujer Salvaje. Hoy en día, no podemos hablar de nuestro planeta, de la energía femenina o de la naturaleza salvaje, sin relacionarlo con la crisis ecológica que estamos atravesando. Esta etapa crítica implica un profundo cuestionamiento sobre el lugar y la función del ser humano en la naturaleza. No es casualidad que desde el prisma de la cultura patriarcal se haya vivido la naturaleza como algo que podemos explotar, conquistar, o saquear... ni que el pensamiento dualista que fundamenta los sistemas patriarcales nos haya llevado a la visión del entorno natural salvaje como algo hostil del que debemos defendernos. Dichos enfoques conllevan actitudes represoras hacia todo lo “salvaje” y lo femenino: la opresión de la mujer a lo largo de la historia desde hace casi 5000 años, la represión psicológica de lo femenino tanto en hombres como en mujeres, y el hecho de que la naturaleza salvaje del planeta desaparezca paulatinamente, son todas consecuencias desastrosas de un sistema patriarcal llevado a su límite. Hay un enlace muy importante entre estos hechos. Quizá haya que volver a un “pensamiento de la relación”, es decir salir, por fin, del pensamiento dual, separador – yo aquí y el mundo allá. Algo que ya está ocurriendo en muchos ámbitos. Las propuestas de recuperación y desarrollo de antiguos enfoques o perspectivas “relacionistas” están irrumpiendo de nuevo con fuerza, paralelamente al ecofeminismo, a la necesidad de cuidar de la Tierra y de desarrollar tecnologías respetuosas con el entorno, al pluralismo cultural y, a nivel científico, a la emergencia de una conciencia de la interrelación de todas las formas vivas sobre el planeta.


Clarissa desarrolla a lo largo del libro el arquetipo de la Mujer Salvaje que, según plantea, es la salud de lo femenino – no sólo está en las mujeres, sino que participa también de la naturaleza, de la vida salvaje del planeta – es una energía de vida fundamental con la que es necesario vincularnos de nuevo, que hay que sanear, curar y recuperar, porque sin una sana conexión con este arquetipo lo Femenino está en peligro de extinción, y nosotras/nosotros con él.


La Mujer Salvaje, como fundamento de lo femenino, tiene una relación muy estrecha con lo que es la vida natural, la vida salvaje, la vida en conexión con los ciclos naturales. Hoy en día, en nuestra sociedad, el concepto de “salvaje” está percibido, peyorativamente, como algo descontrolado, caótico e irracional que hay que domesticar y atar, algo que nos provoca angustia y miedo. Sin embargo, Clarissa entiende por “salvaje” aquello que vive una existencia natural, en total armonía con la sabiduría de los ciclos instintivos y naturales, capacitado para auto-subsistir, auto-organizarse, y viviendo de manera íntegra y auténtica la propia naturaleza en relación con los procesos vitales. Al relatar su propia vida, pone el acento sobre el hecho de haberse criado en la naturaleza. Para ella, el retorno a los bosques, a la vida natural, implica una conexión con lo más profundo, bello y sano que hay en nosotras. En ello trabaja a lo largo de todo el libro. La vuelta al bosque, no sólo en un sentido metafórico sino como un aprendizaje esencial y vital, implica un aprender a cuidar del planeta, de los ciclos de energía, tanto a nivel psíquico como afuera en el mundo exterior, implica recuperar la sabiduría de lo “no-civilizado”, y un espacio de libertad en el que sentirnos verdaderamente vivos, gozosos. Ir al bosque es ir al encuentro de la naturaleza salvaje, vincularnos con los ciclos sabios y profundos del cuerpo, de la Tierra, y, de alguna manera, salir de lo convencional, de lo intelectual, de la opresión social que llega a matar cualquier germen de sabiduría, ahoga, desvirtúa o nos aleja del saber de las propias experiencias vitales. El libro incita a “volver al bosque” como una oportunidad de salir de la maquinaria excesivamente socializada que nos quiere aplanar, uniformizar, que nos tiene atrapados, desconectados del instinto, de la sana intuición, del sentimiento, de las sensaciones... Esto es terrible. Nos sentimos encarcelados dentro de un mundo ya cerrado, organizado, en cuanto a que no deja paso a lo nuevo, a lo espontáneo, a lo genuino. En este sentido ir al bosque es volver a nuestra naturaleza profunda, a una vida ritmada por ciclos naturales integrados en un todo mayor, volver a ser parte de un todo, de otros organismos que también participan del nuestro. Es muy hermoso y necesario volver a tomar conciencia de estos enlaces, de la mutua interrelación, volver a tejer esas redes… pienso que se está haciendo, que otra visión del mundo está emergiendo, en la que el despertar de la mujer tiene un papel muy importante.


¿Cómo ves a las mujeres en este momento?


Por lo que he podido apreciar en mí, primero, y en las mujeres con las que estoy trabajando en los talleres, parece claro que las mujeres estamos despertando, que estamos en camino, “haciendo camino al andar” como diría el poeta, tanto en el sentido físico como psicológico, empezamos a andar nuestro sendero, a rehacer nuestra propia vida.


Creo que las mujeres somos, por un lado, sanadoras de espacios saqueados y, por otro, exploradoras de territorios que están emergiendo. La identidad de las mujeres, al no estar ya únicamente circunscrita a la maternidad, a la crianza de los hijos, al cuidado del hogar, a ser ama de casa y esposa, se está ensanchando, y se está ampliando la percepción de su ser. Al habernos emancipado de un imperativo social muy restringido, impuesto por una sociedad patriarcal que ha denigrado lo femenino, despreciado o idealizado o temido a las mujeres; al haber dejado de construir nuestra identidad siguiendo criterios ajenos a nosotras mismas, hemos podido despertar a nuestras verdaderas necesidades, a otra manera de pensar, de sentir, de percibir y de situarnos en el mundo. Pero todo esto, claro, ha desestabilizado las relaciones entre hombres y mujeres, familiar y socialmente hemos entrado en crisis, y lo que hasta ahora habían sido los roles establecidos del hombre y de la mujer, están siendo, hoy en día, fuertemente criticados, revisados, y cuestionados.


Pero esta “nueva libertad” para las mujeres ha provocado, también, un cierto desamparo, miedo y angustia, porque ya nada es seguro y lo que antes nos aportaba cierta seguridad, ya no nos es válido en términos de crecimiento o de realización personal - nos encontramos entonces, a menudo, frente a un vacío, a una pérdida de referencia, una desorientación que es fuente de mucha angustia, desazón y congoja... Estamos como en tensión entre lo viejo ya caduco y lo nuevo que todavía está emergiendo. Es una época muy difícil para todos y para todas, pero, ojalá, la gente más joven lo pueda asimilar de forma más fluida. Las mujeres que están en este cambio tienen treinta, cuarenta años y más; las que tienen quince y veinte años, espero que se puedan percibir de una forma diferente. Con todas las dificultades que podemos vencer, con los miedos que logramos superar, con los abusos que denunciamos, con los caminos que abrimos, estamos dibujando un nuevo mapa, diversificado, para las futuras generaciones y, esperemos, también para las demás culturas y sociedades.


Creo que este desfase entre polaridad masculina y femenina se está empezando lentamente a reequilibrar (claro que, como todos y todas podemos apreciar, esto es cierto en algunas culturas más que en otras)- y esto es muy positivo para las mujeres y para los hombres, para ambos – aunque, en general, les es muy difícil a ellos de momento, aceptar y adaptarse al cambio –. Este desfase, resultado de la opresión de las mujeres, de la represión psicológica de lo femenino, conlleva también la desaparición de la vida natural, de la naturaleza y de los ciclos naturales. Tal vez, la recuperación de lo uno repercutirá sobre lo otro. Hay que trabajar en este sentido, esto, a la larga, será sanador a nivel global.


Ahora bien, las mujeres tenemos todavía mucho trabajo que hacer: a nivel personal, trabajar y sanar sentimientos como la ira, el enojo, el resentimiento, el miedo y la culpa, que no se pueden quedar en suspenso. Hay que articular ese miedo, esa confusión, ese desamparo. Como también transmite Clarissa a lo largo de toda su obra, las mujeres tenemos que recuperar la voz propia. Hablar con y en voz propia –cantar sobre los huesos, aullar de nuevo- es esencial en el camino. Recuperar la autoridad para llevar las riendas de la propia vida. En esto estamos. A nivel colectivo, hay que sanar todavía numerosas heridas, abrir muchas compuertas, revelar muchos “secretos”, proporcionar mucho apoyo, información y ayuda…


Y así, tal como las mujeres estamos recuperando la voz propia, trabajando con estos sentimientos de confusión, de pérdida, de enojo, reelaborando nuestra identidad, aprendiendo a poner límites saludables, a tener actuaciones eficaces en el mundo exterior, los hombres por su lado tienen que hacer un trabajo consigo mismos: recuperar la capacidad de sentir, de dejarse tocar y de emocionarse, aprender a explorar, reconocer, asumir y compartir sus sentimientos. Esto es parte de su tarea.


Tienen que hacer el mismo trabajo, recuperar su parte femenina...


Lo femenino como arquetipo se refleja en muchas situaciones y en muchos niveles de realidad. Las mujeres lo “encarnamos” de una forma más visible, más corpórea digamos, pero los hombres, a nivel psicológico, tienen la contraparte femenina con la que tienen que reconciliarse, deben conocer, recuperar e integrar esa parte femenina. Y eso tiene que ver con aprender a sustentarse a sí mismos, cuidarse, estar sensibles a las necesidades de otras personas, recuperar la parte afectiva y sentimental de su naturaleza, su capacidad de acogimiento... Si no, seguiremos viviendo con un desequilibrio a nivel social, psíquico y energético.


Las mujeres llevamos más tiempo en el camino porque el malestar ha sido muy intenso y devastador. Esa represión por parte del patriarcado lo ha sido tanto para los hombres como para las mujeres, pero quienes la han sufrido en carne y la está sufriendo todavía, somos las mujeres. Por tanto es necesario levantarse y empezar a cuestionar “evidencias” que se dan a menudo por supuesto, a revisar muchos conceptos y actitudes y actuar, luego, en consecuencia. Las mujeres llevamos haciéndolo mucho tiempo, pero los hombres, al estar “cómodos”, para qué iban a preguntarse nada. Pero ahora están incómodos, están desorientados, muchos están perdidos, y esta propia época de confusión les permitirá también empezar a caminar, a bucear en su mundo interior y a transformar muchas actitudes y valores propios y colectivos, maneras de ser, de pensar y de hacer. Es decir, que todos y todas estamos en el mismo barco, sobre el planeta Tierra, navegando por el espacio. Y hay que hacer algo, responsabilizarnos cada uno de nuestro papel y de nuestro desarrollo armónico como personas.


Háblanos sobre el poder del cuento o el cuento como medicina


Los cuentos, efectivamente, son herramientas terapéuticas muy útiles. Todo cuento trata de la transformación de la psique, de su poder de auto-transformación, de las fases de evolución y de involución. Clarissa dice que el simple hecho de escuchar un cuento ya es curativo, porque entramos en un proceso de transformación: pasando por las mismas pruebas, por las mismas complicaciones y conflictos que el o la protagonista del cuento, desarrollamos también los recursos, cualidades o capacidades necesarias para lograr llegar a buen término. Al leer el cuento hay un importante efecto de sanación porque de alguna manera conectamos con algo más profundo. Clarissa enseña que los cuentos son una medicina. Ella proviene de una familia que trabajaba mucho con los cuentos; no los vivían como un mero entretenimiento sino como una profunda medicina que había que aplicar según los conflictos del alma o del corazón de cada uno. Explica Clarissa que hay tantos cuentos como enfermedades del alma o del corazón. Hay que saber emplear la medicina adecuada, el cuento apropiado, en cada caso concreto. Parte del efecto curativo del cuento radica en su transmisión oral, esto implica alguien que lo cuenta y alguien que lo escucha. Es “de tú a tú”. Allí se crea un flujo energético entre el contador y el oyente en la que, según Clarissa, el cuentista entra en una especie de trance donde percibe intuitivamente lo que el otro necesita oír para poder sanarse. Este intercambio energético permite reforzar los lazos humanos. Y esto es también sanador. Oyendo el cuento, nos identificamos con el o la protagonista, dejamos que afloren miedos, emociones, tristezas, preguntas y anhelos que podemos concienciar a medida que estamos atentos al relato; aprendemos a utilizar nuevas herramientas, a conocer las trampas, a identificar los peligros... Los cuentos, dice Clarissa, contienen los remedios para reparar o recuperar cualquier pulsión perdida. Son mapas que indican por dónde ir. Están repletos de instrucciones, de señales de lo que puedes o no hacer en un determinado momento. Y además son “vitaminas para el alma”, que te dan fuerza y te sostienen en tu propio proceso. El alma, como todo lo que está vivo, necesita cuidados, alimento, y vitaminas cuando hay que hacer un sobreesfuerzo, y los cuentos se lo proporcionan.


Por otro lado los cuentos transmiten temas recurrentes y universales, a través de un lenguaje simbólico. Los mitos, los poemas, los cuentos son fragmentos de ese mapa del inconsciente, de estas extensiones salvajes de la psique profunda que, en un momento de desorientación o de pérdida, hay que consultar. Aunque no hace falta estar mal o sentirse perdido para recurrir a los mapas, es bueno consultarlos periódicamente, con una actitud consciente, a lo largo de la vida, cuando quieres conocer mejor tu territorio psíquico, tu espacio “salvaje”. Clarissa comenta que los cuentos nos permiten encontrar los caminos trazados por la naturaleza salvaje, sobretodo los cuentos que recoge en este libro, son cuentos para conocer y conectar con la naturaleza femenina, contienen las instrucciones que necesita una mujer para su desarrollo psicológico. Es una manera de entrar en contacto con otro lenguaje, con otra visión de nosotras mismas y con el misterio de la vida. Todo cuento participa de esta transformación de la psique, personifica esas tareas y es terapéuticamente útil porque proporciona fuerza y significado a nuestras vidas y nos ayuda a encontrar el camino cuando todo parece perdido. Recurriendo al cuento volvemos a participar de la naturaleza salvaje de la psique. Basta con escuchar. No te piden que seas nada, no te piden que hagas nada, sólo te piden un oído atento y receptivo al lenguaje poético. Ésa es la magia del cuento. Su lectura, su escucha nos permite conectar con algo profundo. Los cuentos sirven de guía hacia nuestro hogar psíquico, nuestro origen, y la vuelta al origen, o por lo menos, la aproximación al origen, el sutil contacto con él, es lo que tiene poder curativo.


¿Este acercamiento al origen es una forma de conectar con la mujer salvaje?


Más bien, deberíamos decir que es la conexión con la Mujer Salvaje la que nos posibilita un acercamiento al Origen. Digamos que lo que, en parte, enlaza este Origen con la psique consciente son los arquetipos. El arquetipo de la Mujer Salvaje es uno de los arquetipos, el arquetipo femenino por excelencia, la salud de lo femenino. Para Clarissa, la Mujer Salvaje es la mujer prototípica, es el alma femenina y se canaliza a través de las mujeres. Esta fuerza arquetípica engendra todas las facetas importantes de la feminidad. Es el origen de lo femenino. Es todo lo que pertenece al instinto. Es la base, el fundamento. La naturaleza sana, innata y fundamental de todas las mujeres. Recobrar esa naturaleza salvaje es también volver al origen. Esa mujer salvaje es básicamente lo que ella llama la Loba, el arquetipo que sostiene la organización de la psique femenina.


Creo que gran parte de la espiritualidad femenina, es decir de este acercamiento al Origen del que hablamos, es esencialmente un viaje hacia la sabiduría de la Tierra, de la naturaleza salvaje e instintiva, es un viaje orientado primero hacia “abajo”, en dirección descendente… Una espiritualidad inmanente más que trascendente tal vez… Y en este sentido, si la esencia del viaje espiritual humano se define por la permanente transformación de la conciencia, entonces las mujeres – y aquí soy consciente de que hablo en nombre de pocas, demasiado pocas todavía – estamos empezando, sin duda, a vislumbrar y disfrutar del viaje.


¿Podrías definirnos mejor lo qué son y qué influencia tienen los arquetipos en nosotros?


Clarissa tiene una imagen que me gusta mucho para explicar lo que es un arquetipo. Dice que es una enorme fuerza misteriosa e instructiva a la vez. Un arquetipo es siempre muy evocador, contiene instrucciones psíquicas que atraviesan el espacio y el tiempo y que recibimos al nacer. Los arquetipos están de alguna manera al inicio de todo. Son las primeras formas de nuestros potenciales superiores que ofrecen su sabiduría a cada generación. Conectar con un arquetipo implica conectar con una especie de electricidad poderosa. Hay que saber cuándo conectar y de qué manera, porque si no también te puede destruir, pues un arquetipo es fascinante y puedes quedar ahí “atrapado”. Los arquetipos son los modelos primarios, los “tipos” primordiales – arché-typon –, las formas primeras que sirven de molde a todas las demás formas. Son predisposiciones formales que organizan la psique, principios organizadores.


Pero a menudo confundimos “arquetipo” con “imagen arcaica”. Las imágenes arcaicas provienen del trasfondo mitológico, constituyen una herencia filogenético, un legado colectivo. Las encontramos en los mitos, en los cuentos o en los sueños. Conectar con todo ese bagaje cultural es fundamental porque en ello están dibujadas las líneas de aprendizaje de todos los seres humanos, de alguna manera allí está la experiencia pasada común de la humanidad y su sabiduría. Los arquetipos, ellos, son formas muy sutiles que, más que provenir del pasado de la humanidad, provienen de una dimensión transpersonal, atemporal, de este origen del que hablábamos hace un momento. Los arquetipos nos llaman a recordar nuestra verdadera naturaleza.



Descríbenos a la Loba


Para mí la Loba es la que rastrea, la que sigue las pistas, la que tiene afinados los sentidos de la vista, el oído y el olfato. La que explora territorios desconocidos, la que conoce muy bien su territorio y se percibe perfectamente a sí misma, tiene clarísimas sus cualidades y sus límites son saludables.


Clarissa describe la Loba como una Huesera, la que desentierra y recoge los huesos, la que los junta reconstruyendo el esqueleto entero de su vida, de su historia, y luego canta sobre ese esqueleto para recuperar el aliento vital. Su función es la transformación de la propia psique de la mujer.


Tiene muchos nombres. Es “la que sabe”, “la que conoce”, “la que vive en la pelvis”, “la vieja de dos millones de años”. Es decir, es el meollo de la psique femenina. Es la conocedora de los ciclos de Vida-Muerte-Vida. Es la que sabe cuando algo tiene que morir y cuando algo tiene que vivir, cuando tiene que vivir o morir una relación, una actitud, un modelo de pensamiento, una actividad...


Dice Clarissa que cuando estamos perdidas es a la Loba a quien hay que recurrir porque es la que sabe realmente qué está pasando en los mundos más invisibles y más complejos de la psique de cada mujer. Es la revitalizadora de la psique. No sólo la transforma sino que la revitaliza. Hay que acudir a ella cuando nos sentimos desvitalizadas. La Loba es la que nos ayuda a cultivar la vida interior, a valorarla, a disfrutarla, y la que nos guía y nos orienta en el mundo exterior, día a día.


En definitiva, la Loba es la quintaesencia de lo femenino, la mujer salvaje original, la guardiana del alma, y la que rehace el alma “a mano”. Es un arquetipo muy poderoso de la psique femenina. Es la que nos enseña a conocer y a utilizar el propio poder interior para recuperar el significado de lo que hacemos y para aprender a sanar, tanto nosotras mismas y nuestras relaciones, como también en otro nivel más colectivo o planetario, pues todo trabajo personal repercute en lo colectivo. Clarissa dedica un capítulo a la Loba, a esa huesera que recoge, en el desierto aparentemente yermo de la psique, los huesos perdidos, recompone el esqueleto y canta sobre él; el esqueleto de loba recupera entonces la carne, el soplo, el aliento, se levanta de pronto, cuando un rayo de luna o de sol lo toca, y sale corriendo, transformado en una mujer libre que, riendo a carcajadas, se aleja hacia el horizonte. Algo muy hermoso. Y de esto es capaz la psique femenina, de juntar, revitalizar y transformar lo que en principio parecía muerto, fragmentado, desperdiciado y perdido por los mil rincones del mundo. Esa enorme capacidad de reestructuración que tiene la Loba es lo que hay que conocer y aprender.

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Muriel Chazalon 

Nacida en Francia en 1960, vive actualmente en Sant Celoni (Cataluña).

Astróloga desde hace más de 17 años.

En 1990, inicia su labor docente e imparte cursos de astrología y simbología hasta la actualidad. Publicaciones de artículos sobre estos temas en diversas revistes, participación en varios programa de radio y colaboración en un programa de televisión de TV2 (La Tabla redonda).

Desde el año 1996, organiza talleres teórico-prácticos sobre el Mandala en varias comunidades españolas.

En 1993, es co-creadora de L'EIXAM “Centre de Tècniques corporals i Activitats holistiques” – en Sant Celoni (Associació cultural desde 1996), centro en donde se organizan consultas, conferencias, talleres y seminarios sobre temas relacionados con la salud holística, el proceso evolutivo del individuo, y el desarrollo armónico de las personas y de las sociedades. La Asociació edita, desde el año 1998, una revista (trimestral en sus inicios y semestral hoy en día): l´eixam alternatives de vida i pensament.

Actualmente, y desde el año 1999, coordina grupos de mujeres – talleres mensuales en Sant Celoni (a L´Eixam) y quincenales en Barcelona (Llibrería Próleg) – en los que propone una atenta lectura compartida del libro de la psicoanalista junguiana Clarissa Pinkola Estés “Mujeres que corren con los lobos”, destacando la aplicación práctica y cotidiana de estos mapas de “instrucciones” que son cada cuento, compartiendo recuerdos, sueños, experiencias, y fomentando los recursos creadores de cada participante. Estos grupos favorecen el restablecimiento de unas redes-entre-mujeres, propiciando la sanación de numerosos aspectos heridos de la psique femenina, así como la recuperación de la “voz propia”, haciendo posible un dialogo más consciente y atento con el mundo interior y una actuación más eficaz en el mundo exterior.

En la actualidad, está escribiendo un ensayo sobre astrología, y preparando un libro de traducción de diversos textos y ensayos del poeta-pensador escocés afincado en Francia, Kenneth White.

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