Muy seguramente cuando Freud empezó a vislumbrar la famosa Cura del habla, no se imaginaba que menos de 100 años después habría computadoras y mucho menos, por ejemplo, sitios de Internet relacionados con la psicoterapia.
Quizá tampoco imaginó que sus hallazgos en materia de psicoanálisis llevarían a varios de sus discípulos, y a los discípulos de sus discípulos y demás, al desarrollo de tantas técnicas y escuelas para el estudio, la expresión y purificación de las emociones, las relaciones, la energía en el cuerpo, etcétera, como existen hoy en día.
Lo mismo nos sucede a los terapeutas de esta primera mitad del siglo XXI: no creo que tengamos una idea precisa de cómo vaya a ser un proceso de psicoterapia dentro de 100 años.
Pero sí podemos imaginarlo:
Personalmente estoy convencida de que la fragmentación, que considero artificial, entre los planos terrenales y los espirituales poco a poco dejará de existir y viviremos en la consciencia de que la vida en la tierra es, por definición, un camino espiritual, independientemente de la manera como cada quien decida vivirlo.
Espero que llegará el día en que la separación entre los seres humanos, igualmente artificiosa, dejará de existir y viviremos honrando el hecho de que todos somos uno solo y que estamos en este plano viviendo cada quien experiencias diferentes que tarde o temprano se integrarán a la unidad.
Dentro de algún tiempo, espero, abriremos los ojos cada mañana seguros de que tenemos por delante una oportunidad más para servir al Gran Plan que finalmente nos llevará de regreso a casa y, en consecuencia, tendremos consciencia plena de que somos responsables de cada uno de nuestros actos, de que nada pasa por casualidad y que es mejor resolver hoy lo que mañana puede ser más difícil.
En esa lógica, imagino que un proceso terapéutico tendrá que ver con la cabal y alegre aceptación de que somos seres duales, imperfectos, dotados de un hermoso núcleo divino que nos conecta con las más altas esferas, lo mismo que de una capa de energía negativa y perniciosa que es nuestra responsabilidad aceptar, sanar y transformar.
Los terapeutas del siglo XXII no tendrán dudas de que no trabajan solos, sino que son un canal de ayuda divina. Y no tendrán temor en aceptar que ellos mismos también necesitan apoyo en su proceso personal, porque son humanos, lo mismo que sus clientes y pacientes. Y para nadie será motivo de vergüenza pedir ayuda cuando el alma le duela.
La terapia será un proceso psico espiritual que comenzará muy temprano en la vida y no se detendrá.
Y así podría seguir imaginando el futuro… pero hay algo todavía mejor que imaginarlo: Crearlo.
En el presente somos aún pocos quienes pensamos que la salud del alma es la base de la salud del cuerpo y del bienestar general del ser. Atreverse a cruzar los senderos sombríos de la vida con los ojos abiertos y en consciencia, nos llevará sin remedio a un lugar mejor, mucho más luminoso.
Ayer ya pasó y es mejor aceptarlo. Sólo tenemos el día de hoy. Y es nuestra única herramienta real para crear el futuro: lo que hoy sembremos será nuestra cosecha mañana.
Bendiciones de amor en el 2012!!!!
Aurora del Villar
Comentarios
Hola Aurora:
Que hermoso y verdadero lo que has escrito, pero mucho mejor y maravilloso todo lo que deja para
analizarlo, reflexionarlo.
Y muy cierto, lo que HOY SEMBREMOS SERÁ NUESTRA COSECHA MAÑANA.
Te deseo también lo mejor para este año y que el SER SUPERIOR te siga iluminando para que continues compartiendo tu conocimiento con las personas que te conocemos y las que están por hacerlo.
Edith