El machismo un patrón que superar para recuperar un verdadero hogar.

Dar el paso hacia la dignidad es un acto de arquitectura interior que choca contra estructuras sociales normalizadas en todos los ámbitos de la vida, que han sido sostenidas por el patriarcado, relegando lo femenino a la subordinación y al silencio, operando como un engranaje implacable. Cuando una mujer decide romper el molde, el entorno responde con violencia. No es un simple desacuerdo; es un sistema de control que busca doblegar al espíritu.

Visibilizar esto es el primer paso para desarmarlo, recordando que el maltrato nunca es normal ni merecido.

El machismo es una distorsión del hogar y crea una gran erosión familiar, no es una opinión; es un sistema estructural feroz que distorsiona la esencia fundamental del hogar.

La violencia ejercida hacia la madre nunca se queda confinada en la pareja, sino que se traslada inevitablemente a los hijos. Crecer en este entorno hostil deja marcas indelebles: los niños son víctimas sin  y muchas veces ni siquiera se dan cuenta, absorben la agresión como aprendizaje vicario y las niñas aprenden a tolerar el desprecio para mantener una falsa paz. El agresor utiliza a los menores para lastimar a la madre, asfixiando los recursos y limitando su tranquilidad.

Es doloroso observar cómo, en ocasiones, son las propias mujeres, es decir la madres de hombres machos, (además de que el  progenitro reprodujo este mismo patrón), quienes refuerzan este sistema opresor, confunden el sometimiento con el amor, sin darse cuenta de que están sosteniendo la misma estructura que las asfixia. Al carecer de la fuerza interna para romper con estos moldes, perpetúan cadenas invisibles y justifican el abuso bajo la idea errónea del sacrificio.

Para darnos cuenta de lo que sucede con los latigazos del machismo, analicemos algunos aspectos comunes de la violencia: 

  • Violencia Económica y patrimonial: Control de recursos,  negación de sustento básico y dilapidación de bienes. Es creada para intentar ahogar a la madre, mermar su independencia, destruyendo su valor.  

  • Violencia Psicológica: Deconstrucción de la autoestima. Manipulación mental. Busca que el agresor controle la realidad. Tergiversa la verdad de la victima y la evidencia como si ella fuera la loca.

  • La violencia vicaria: es una forma de violencia de género donde el agresor daña, manipula o utiliza a los hijos para causar el máximo sufrimiento psicológico a la madre. Su objetivo final es castigar y destruir a la mujer en vida, utilizando a los seres que más ama como instrumentos de control y crueldad.

  • Violencia Física: Agresión directa contra el cuerpo. Manifestación cruda de dominio absoluto.

 

El Despertar: Transformación y Escudo Sagrado

El camino de sanación se refleja en la postura corporal y espiritual. Al principio, la mujer se encuentra arrodillada sobre las ruinas, sumida en el profundo dolor del Punto Cero, con las manos unidas suplicando una falsa paz. Sin embargo, al elegir la dignidad, su arquitectura cambia por completo. El fuego de la purificación envuelve su templo sagrado, dándole el valor definitivo para ponerse de pie y erguirse radiante.

La recuperación absoluta de lo que por derecho le pertenece exige:

  • Recuperar el Espacio: El cuerpo, la mente, el tiempo y el hogar son el templo sagrado del espíritu. Profanar este espacio a través de la violencia es inaceptable. Reclamar el espacio vital es declarar firme e innegociablemente que la paz no se negocia.

  • Recuperar la Voz: El machismo busca silenciar y devaluar. Usar la verdad con valentía como bisturí, implica cortar con absoluta precisión y firmeza la manipulación y los chantajes.

  • Recuperar la Esencia: Mantener la luz intacta exige no permitir que la vibración de escasez del entorno infecte el campo energético. Es reconocer la valía inagotable.

  • Amor Propio como Luz: El amor propio es un faro inquebrantable, una flama que ilumina la realidad material y sirve como el mayor acto de congruencia y autoprotección.

  • Defensa de los Derechos: Es el materialización clara y contundente de la defensa y emancipación de la esencia. 

 

Filosofía y Resiliencia en el Renacer

Las mujeres no están solas en este trayecto; grandes pensadoras han tejido un mapa hacia la luz donde, tal como afirmaba Simone de Beauvoir al señalar que una mujer libre es justo lo que una mujer que no es esclava, se conquista la libertad constantemente. Así también, la poeta mexicana Rosario Castellanos escribía sobre la persistencia indeleble de la voz femenina, recordando que, a pesar de todo, la huella permanece. En esa misma búsqueda, María Zambrano hablaba de nacer por sí misma, entendiendo el despertar no como un regalo, sino como una conquista de la mirada que se atreve a abrirse a la verdad para rescatar el alma de las fauces del sometimiento.  

Así mismo también es menester reconocer y más a vísperas del festejo del Día del Padre, a  todos aquellos grandes hombres que sí saben ser verdaderos caballeros, dispuestos a defender, cuidar y proteger a las mujeres, porque saben respetar, honrar, valorar a quien le dio la vida y ese sólo hecho es tan valioso que no tiene precio. Una mujer que da y cuida la vida desde lo más profundo de su corazón a otros seres humanos se merece todo el respeto. Porque un hombre que sabe amar, cuidar y honrar a una mujer, no hace más que revelar la inmensa belleza de su propia alma. A todos esos verdaderos hombres y padres de familia cabales que siempre actúan guiados por los más altos valores universales, que comparten su amor incondicional y su devoción manteniendo de forma inquebrantable su honorabilidad: gracias por existir... gracias por haberse  autrasformado y liberado  para alcanzar una mejor versión de ser humano.    

Para superar esta maraña parasitaria machista, necesitamos la recuperación y conciliación de lo sagrado femenino y lo sagrado masculino, es decir hombres y mujeres realmente libres, capaces de amar la vida en toda la extesión de la palabra vida... por el simple hecho de existir.

Quiero decirles a  todas las mujeres que están transitando este  vacío: no están solas. La sororidad y la masculinidad honorable y consciente, son redes dispuestas a sostener a mujeres que están siendo víctimas de los diferentes mecanismos del sistema machista patriarcal. No hay necesidad de cargar el dolor en silencio ni de justificar la crueldad. Superar este sistema de opresión es urgente para toda la sociedad actual, sobre todo para nuestros hijos e hijas. Es un acto revolucionario, antisistema,  que marca claramente un cambio contundente en la psique y en el actuar de los futuros seres humanos que se harán cargo del porvenir. Ver hacia delante es un acto de emancipación pura.

Como proclamaba Maya Angelou: puedes dejarme palabras en la historia, puedes cortarme con tus ojos, puedes matarme con tu odio, pero aún así, como el aire, yo me levanto.

Hoy nos acompañamos desde el corazón. El espíritu libre ya no se somete; recupera tu voz, rescata tu espacio y construye una nueva arquitectura, erigiéndote radiante, firme y erguida para florecer en absoluta plenitud, defendiendo tu templo, tu esencia, tu derechos, tu valor y tu dignidad... sólo de esta manera es como realmente estaremos  abriendo camino al futuro de todos.

 

 

Adriana Morales Ortiz

Witzilin

 

 

 

 

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