LA REVOLUCIÓN DE LA PARIDAD ENTRE HOMBRES Y MUJERES

LES COMPARTO MI ARTÍCULO EN EXCÉLSIOR:

LA REVOLUCIÓN DE LA PARIDAD

Cecilia Soto

 

Que renuncie el alcalde

alzavestidos de San Blas

 

En las elecciones federales de junio próximo, las candidaturas de mujeres alcanzarán un modesto 50 por ciento, meta moderada si tomamos en cuenta que por décadas las candidaturas masculinas han rozado el 100 por ciento. Cuando fui diputada en 1991-1994, los diputados representaban el 92 por ciento. Lo mismo sucederá en los congresos estatales pues ahora sus constituciones han tenido que adoptar la regla del 50 por ciento. Tendremos presencia de hombres y mujeres rondando la paridad tanto en la Cámara de Diputados federal  como en los congresos de los nueve estados que tienen elecciones locales.

 

Para satisfacer esa cuota de género abrumadoramente masculina, que osciló por décadas entre el 80 y el 95 por ciento de legisladores hombres, los partidos políticos postulaban a candidatos con y sin experiencia, idóneos o impresentables; algunos jamás llegaron a subir a la tribuna, presentar una iniciativa o participar más allá de pasar lista en comisiones. ¿Por qué entonces la queja soterrada por la  cuota de género del 50 por ciento para ambos sexos en estas próximas elecciones? Como el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, TEPJF, ya demostró con creces su compromiso con el mandato de la paridad y el Instituto Nacional Electoral aprendió la lección después del descalabro del IFE en torno a la implementación de la cuota del 40 por ciento en las elecciones de 2012, los partidos han tenido que cumplir a regañadientes con el registro de candidaturas paritarias.

 

Llegarán todo tipo de candidaturas: de legisladoras experimentadas y talentosas, de primerizas y también llegarán las que desde ahora descalifican como “candidatas de cuota”. Sí: es posible que también llegue una versión sutil de “juanitas”, legisladoras que no renunciarán pero que habrán jurado obediencia a sus mentores. No se confíen: la magia del empoderamiento podrá darles sorpresas a aquellos dirigentes partidarios que nominaron a sus “juanitas virtuales”. Quienes hemos luchado por la paridad estaremos capacitando, asesorando y ganando para nuestra causa a las legisladoras que lo requieran, especialmente las menos experimentadas.

 

Simplemente por aritmética la llegada de un número tan grande de legisladoras obligará a romper otro coto casi exclusivo de los diputados: las presidencias de comisiones (que hoy están 90 por ciento en manos de legisladores) y con el poder para negociar y ejercer un papel más protagónico. Las legisladoras llegarán a presidir no sólo las comisiones tradicionalmente asociadas con temas de género sino también aquellas consideradas como las de mayor peso político. Simplemente no habrá suficientes hombres para acaparar una mayoría de presidencias de comisiones, aún cuando todo parezca indicar que las coordinaciones de grupos parlamentarios estarán presididas por señores.

 

Lo importante es que las cuotas de género habrán demostrado su eficiencia como herramientas para descarrilar inercias centenarias. La preferencia por la nominación de candidatos hombres que prevaleció hasta la fantástica reforma de la paridad lograda en 2014 no necesariamente refleja una cultura misógina o un deseo deliberado de bloquear el acceso de las mujeres al poder. En su mayor parte refleja una pesada inercia, expresión de siglos y décadas de ejercer el poder exclusivamente por y para los hombres. Eso se acabó en beneficio tanto de hombres como de mujeres.

 

La masa crítica de legisladoras ha logrado triunfos como la paridad consagrados en el artículo 41  pero también otros que no eran prioridad para los hombres y sin embargo los benefician directamente. Por ejemplo, la reforma laboral consiguió cinco días de licencia de paternidad para ellos  en el artículo 132 de la Ley Federal del Trabajo y recientemente se aprobó derecho de guardería para “papás solteros”.

 

Sin embargo lo más trascendente será el efecto en las nuevas generaciones: ver a mujeres y hombres en condiciones de igualdad en la Cámara será algo natural para ellos y  así como a nosotros nos parece algo natural la autonomía de la UNAM lograda después de una ardua lucha en 1929, para los jóvenes resultará anécdota de película de terror la ausencia de las mujeres en las principales instancias del poder político. Por ello cuide su voto y de derecho preferente aunque no exclusivo a las mujeres. Nos vemos en twitter: @ceciliasotog

 

 

 

 

 

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