Luego de siglos de miopía occidental frente a la relación íntima entre el cuerpo y la mente, tal parece que por fin estamos redescubriendo lo que nuestros ancestros sabían muy bien: que el cuerpo y la mente están estrechamente integrados. Siendo así, algo que afecta fuertemente a la mente en últimas afectará también al cuerpo, y viceversa.
A la luz de este entendimiento sobre la conexión cuerpo/mente, la idea de una enfermedad psicosomática adquiere una nueva dimensión. En vez de tratarse de una enfermedad imaginaria, se puede percibir claramente como un proceso con síntomas físicos discernibles que resultan directamente del estrés emocional o el conflicto. En este sentido, se puede considerar el duelo como la quinta esencia de un proceso psicosomático (pero no necesariamente como una enfermedad psicosomática porque muchas personas no consideran el dolor profundo como un tipo de herida o enfermedad).
Típicamente, durante el duelo los procesos mentales normales de la persona se ven ocasionalmente perturbados por las siguientes emociones:
Tristeza
Ira
Ansiedad y culpa
Apatía o depresión
Durante el proceso del duelo, el deudo a menudo manifiesta los siguientes problemas físicos:
Pérdida del apetito
Dificultad para concentrarse y recordar
Insomnio
Fatiga
Apatía
Aunque es imposible establecer una relación exacta de causa y efecto entre las emociones típicas y los problemas físicos característicos de una persona en proceso de duelo, si se puede percibir cómo estas clases de emociones, sobre todo cuando son tan abrumadoras como suelen ser al inicio de la pérdida, pueden inducir estos tipos de condiciones físicas estándar. Y si la persona además sufre de otras afecciones o dolencias físicas (como diabetes, problemas cardiacos o hipertensión), debe tener muy en cuenta las formas en que este estrés adicional puede impactar esas afecciones.
Además de las condiciones puramente físicas que puede inducir el estrés mental, a veces durante el duelo es posible que tengas que afrontar afecciones físicas temporales relacionadas con la ansiedad que surgen súbitamente en el duelo. Estas abarcan desde dolor suave en el pecho y dificultad para respirar hasta ataques fuertes de pánico, en los que sientes que te falta el aire y el corazón te late desaforadamente.
Continuará
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