La historia del soldado Juan

Hoy escribo de un tema fuera de lo común en mi blog, pero que tiene un significado de voluntad y entrega que nos puede motivar  y creer en lo milagros. Esta historia es real y la persona involucrada me permitió compartirlo, les pido que además de los datos de este relato vean más allá.

En el centenario del Ejército Mexicano les comparto una historia real que creo que refleja el espíritu de servicio que tienen la mayoría de los integrantes que conforman la institución castrense en México.

Mi compañero de sanación lo voy a nombrar: Juan, un joven de Tabasco de 28 años, un soldado del ejército mexicano que el día de hoy es considerado un héroe, pero él no lo ve así, él dice que sólo cumplió con su trabajo, que le tocó la de malas, pero que está orgulloso de haber combatido a “los malos” y que le da gracias a Dios de seguir vivo.

Juan no es un joven común, desde los 19 años se enlistó en el ejército, como una opción para salir adelante y tener una vida honrada y sin carencias. Su vida castrense lo alejo de la vida que algunos de sus amigos de infancia llevaban: carencias económicas, alcoholismo, diversión sin medidas, hijos regados por doquier, problemas con la ley, migración a estados unidos, en fin, una vida que Juan no quería para él. En cambio, encontró en su trabajo la satisfacción de servir al prójimo, de salvar vidas, ayudar a muchas personas en casos de desastres naturales, de proveer a su madre y hermanos menores los recursos básicos para que salieran adelante.

La labor de Juan no es sencilla, pocos la aguantan, ha estado lejos de su casa, no ha tenido una juventud “normal”, vive en una estricta disciplina y sabe del riesgo que implica su trabajo, pero como él dice: trae más orgullo y satisfacción.

Y aunque Juan tiene muchas historias, hoy les contaré la última, la de un poblado del norte del país en donde, como en muchos otros lados, se está haciendo costumbre que las bandas del crimen organizado “levantan” niños de 8 a 10 años para obligarlos a trabajar para ellos. Un día llegó una madre desconsolada pidiendo apoyo al ejército (ya que no hay autoridades policiacas) porque se habían llevado a su hijo y a otros dos más, es así que como en otras ocasiones, Juan y otros compañeros les tocó ir a patrullar la zona.

Cuando se estaban acercando a una camioneta los que Juan denomina “los malos” abrieron fuego contra el convoy en donde él iba y así empezó el enfrentamiento, Juan cuenta que lo único que vio fue que eran seis personas y que no había niños, así que empezó a disparar hasta que perdió el conocimiento.

Juan despertó en un hospital varios días después, lo primero que se dio cuenta es que no se podía mover, que estaba todo entubado y rodeado de aparatos, dice que es cuando más miedo ha sentido. Le informaron que una bala de cuerno de chivo le atravesó la pierna, que lo habían operado para salvársela, pero que aún no sabían si lo lograrían.   

Para los médicos es sorprendente la recuperación en menos de un mes del suceso, tienen esperanzas de que se pueda mover por él mismo en breve y aunque no pueda caminar, muchos dicen que es un milagro de vida.

A decir de Juan, él le está echando muchas ganas para salir pronto del hospital, y lo que le pide a Dios es que pronto se acabe con la gente que se lleva a esos niños, que las familias no vivan con miedo y que él tenga la oportunidad de disfrutar de la vida y de su familia.

Las palabras de Juan me llenan el corazón, él sigue pensando en los demás, toma la responsabilidad de su salud, quiere un México mejor y ha trabajado por ello, no se rinde ni lamenta a pesar de sus circunstancias, es agradecido y ve para adelante con el mismo espíritu de servicio.

Me siento muy orgullosa de conocer a Juan y a muchos como él, he vivido cerca de personas maravillosas que dan la vida por su país y su gente, agradezco que me hayan compartido sus vivencias, sus ganas de vivir y de sanarse.

No sé si Juan es un héroe pero lo que sí puedo decir es que es un hombre honrado, leal, valiente y vivo.

¡Gracias Juan!

Maribel Torres

Terapeuta y Coach

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