LA GRANDE

 

A Raquel Tibol se le respetaba, se le temía y se le admiraba. Por una u otra razón, o por todas ellas, los artistas y los lectores se mantenían atentos a sus opiniones, siempre bien sustentadas.

Nacida en Argentina en 1923, llegó a México hace más de sesenta años, invitada por Diego Rivera. Aquí desplegó su trabajo como crítica de arte, que conformó una obra sin par por su rigor y su pasión. No existía artista mexicano que ignorara y, al final, apreciara sus juicios, a pesar de que fueran duros y con frecuencia inclementes, pues siempre estaban fundamentados y realizados a partir de una singular erudición y una profunda sensibilidad.

Raquel llegó a innovar la crítica de arte en un medio en el que, hasta antes de su llegada, esta labor había estado en manos de escritores, literatos que tendían más a interpretar que a situar y calibrar el valor de cada obra. De ahí que sobresaliera por su enorme capacidad analítica, capaz de compartir con justeza la emoción estética.

Hay que decir, además, que no fue sólo la gran crítica de arte del México contemporáneo. También fue historiadora, cronista y promotora cultural, y constituyó, a la vez, un testimonio ejemplar de la tan anhelada equidad de género. Por si eso fuera poco, es preciso apuntar que sus libros contienen enseñanzas, criterios e interpretaciones que fundamentan y enriquecen la apreciación estética con una dimensión educativa.

La conocí, la traté y constaté su talento, la vastedad de sus conocimientos, el rigor de sus análisis y su honestidad intelectual cada vez que miraba la obra de un artística plástico.

Amiga de Diego Rivera y de Frida Kahlo, Raquel Tibol escribió el libro más enterado acerca de esta artista mexicana: Frida Kahlo en su luz más íntima. Se trata de una obra desmitificadora que reconstruye el mundo de Kahlo con cabal conocimiento de causa y verdadero entusiasmo creador, revelando secretos, grandes y pequeños, es decir, la vida verdadera de aquella mujer excepcional.

Tibol fue autora de más de cuarenta libros y destinataria de infinidad de premios y reconocimientos. No dejó fuera de su mirada crítica las obras de ningún pintor mexicano de verdadera valía. Fue la mayor conocedora de los grandes: además de Diego, Orozco y Siqueiros, de los autores de la llamada Generación de la ruptura y de pintores de un tiempo y una circunstancia ya pasados, como Hermenegildo Bustos, así como de las primeras –y también de las más recientes– expresiones de la gráfica.

Con frecuencia, Raquel Tibol lamentaba el hecho de que la crítica mexicana en la mayor parte de los casos prefiriera el ejercicio del elogio al amigo sobre el juicio serio. Ella, congruente de principio a fin, jamás escribió nada de lo que no estuviera convencida: decía lo que opinaba, lo que miraba. Y miró siempre con amorosa sabiduría y valoración deslumbrante.

Tengo presentes algunos momentos en los que disfruté de su lúcida conversación y de su prodigiosa memoria; por ejemplo, a la hora de rememorar a Bustos o a Rivera.

Recuerdo aquel viaje en el que coincidimos como invitadas para la apertura de una magna exposición de Rufino Tamayo en el Museo del Hermitage en Rusia, lo que marcaba una especie de reconciliación entre Tibol y el pintor oaxaqueño, pues se habían dado desencuentros y distanciamientos entre ellos.

Por igual, tuve el privilegio, junto con Alejandro, mi compañero, de entrevistarla en nuestra serie de televisión El sabor del saber, en la TV Mexiquense. Muy significativo fue, entonces, que no bastara la duración de un programa para incluir todo lo que queríamos que Raquel nos platicara, así que, con enorme gusto, en ese momento grabamos, fuera de agenda, otra emisión. La verdad es que ni así fue suficiente, dada la profundidad de su pensamiento y su amenidad para abordar los temas, lo cual no es fácil encontrar en las entrevistas.

También fue un honor haber sido convocada a diferentes presentaciones de sus libros, que han sentado precedente en materia de arte, ya no digamos Historia general del arte mexicano: época moderna y contemporánea o Diversidades en el arte del siglo XX: para recordar lo recordado, entre otros.

En fin, que si bien Raquel Tibol ya no está físicamente entre nosotros, pues, por desgracia, falleció el 22 de febrero, a los 91 años, prevalecerá a través de su obra, indispensable para entender y valorar a la plástica mexicana.

Gracias, Raquel, por tus aportaciones. Sigues y seguirás viva en nuestro reconocimiento y en nuestro afecto.

 

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